Trump endurece el tono contra Rusia antes de verse con Putin

Admite por primera vez la injerencia del Kremlin en las presidenciales de Estados Unidos

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Redacción / La Voz

Un día antes de su primer cara a cara con Vladimir Putin, Donald Trump endureció su discurso contra Rusia y asumió por primera vez que el Kremlin pudo interferir en las elecciones que lo llevaron a la Casa Blanca, aunque matizando que no cree que fuera el único. «Creo que fue Rusia», dijo para luego añadir: «Creo que podría haber otra gente y otros países». Y toda la culpa la tiene su predecesor, Barack Obama, al no haber frenado la injerencia por motivos partidistas, según proclamó en una rueda de prensa con su homólogo polaco, Andrzej Duda.

Antes del G20, el presidente estadounidense buscó la complicidad de Polonia, un dolor de cabeza para la UE desde la llegada al poder de los populistas conservadores, y de paso un amigo en el seno de la UE ante sus encontronazos con Bruselas, Berlín y París. El lugar ideal para lanzar un encendido discurso nacionalista en defensa de la civilización occidental y contra Rusia, y de pasó hacer negocios energéticos y armamentísticos. Para ello escogió la plaza Krasinksi, símbolo del alzamiento polaco contra la ocupación nazi, ante un público entregado, que silbó a los representantes de la oposición (incluido a Lech Walesa), que agitó banderas americanas y hasta una pancarta con el lema «una Polonia grande otra vez».

Trump hiló un discurso con temas que unen a ambos Gobiernos (como el rechazo a los musulmanes). Deleitó a sus anfitriones calificando al país como un aliado ejemplar, por ser «uno de los pocos» que cumple sus compromisos con la OTAN, y por su coraje en «perseguir la libertad y defender nuestra civilización». Nada dijo sobre la represión del Gobierno a jueces, periodistas y oposición, que alarma a la UE.

«Todos debemos luchar como los polacos por la familia, por el país y por dios», dijo Trump, antes de señalar que la civilización occidental está en riesgo por «el terrorismo, la burocracia y la erosión de las tradiciones». Ante ese apocalíptico panorama llamó a defenderla.

Intentando dar confianza, subrayó su compromiso en la defensa de los aliados de Europa del Este y criticó el comportamiento «desestabilizador» de Rusia, haciéndose eco de una de las principales preocupaciones de Varsovia. Ahora podrá contrarrestar la amenaza de los misiles rusos Iskander desplegados en el enclave fronterizo de Kaliningrado, con los misiles Patriot que le comprará a EE.UU.

El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, expresó su malestar por el lenguaje de Trump y confió en que su encuentro de este viernes con Putin sirva para «entender el verdadero enfoque de cada uno en las relaciones bilaterales».

Gas más barato

Trump también quiere hacer negocios en Europa y ofreció gas barato para nos ser «rehén» de Rusia. El plan de EE.UU. es aumentar el suministro de gas a los países del Este. Polonia ya ha instalado una terminal en el bar Báltico y Croacia planea una instalación similar antes del 2018.

Hace tres semanas, Merkel acusó a EE.UU. de favorecer a sus empresas imponiendo sanciones a las compañías energéticas de Rusia, lo que podría afectar el proyecto de gasoducto Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania.

El G20 busca respuestas para un mundo sin liderazgo

Merkel intenta acercar posturas ante los disensos con EE.UU.

Juan Carlos Barrena / Colpisa

Mientras Shakira, Coldplay y Ellie Goulding protagonizaban el concierto en el Volkspark de Hamburgo del movimiento Global Citizens para llamar a la paz y la lucha contra el hambre, los jefes de Estado y de Gobierno de los mayores países industrializados y emergentes del planeta iniciaban contactos informales y terminaban de prepararse para la cumbre del G20 que comienza este viernes. Consciente de lo complicadas y difíciles que serán las negociaciones, Angela Merkel contactó personal o telefónicamente con los principales líderes en las últimas semanas y se entrevistó incluso a última hora con dos de los huesos duros de roer de la reunión, los presidentes de EE.UU. y Turquía, Donald Trump y Recep Tayyip Erdogan.

Existen «planteamientos diferentes» sobre la globalización en el seno del G20, dijo Merkel. La canciller expresó su convicción de que esa globalización se puede diseñar en beneficio de todos, sin vencedores ni perdedores, aunque reconoció que «habrá que ver lo que somos capaces de consensuar». Admitió que habrá complicadas negociaciones sobre el clima tras la decisión de Trump de abandonar el Acuerdo de París, pero subrayó que «muchos, muchos otros países lo respaldan», a la vez que se mostró esperanzada en que se llegue a un compromiso final con Washington.

Aseguró que «no tenemos intención de maquillar el disenso, sino de llamarlo por su nombre», además de señalar que «en cuestiones importantes hay también opiniones diferentes» en ese foro. En cuanto a los distintos conflictos mundiales, Merkel destacó que la cumbre ofrece la oportunidad de encuentros que no se dan en otros ámbitos y preguntada sobre si mediará entre los presidentes de EE.UU. y Rusia dijo que su papel «no es de mediadora, sino el de hacer aportaciones para la solución de los problemas».

Una cumbre así, a dos meses y medio de las elecciones al Bundestag, debería ser una ocasión de oro para que la anfitriona se luzca, pero en esta ocasión todo resulta complicado. O como diría Steffen Seibert, portavoz de la canciller: «Este es un año en el que el multilateralismo, al que nos sentimos obligados y del que una cumbre del G-20 es una clara señal, no es compartido precisamente por todos». Una manera indirecta de referirse a Trump, quien pese a haber prometido colaborar y ayudar a Merkel a que la reunión sea un éxito, podría arruinar la cita Desde el 2008, cuando la crisis financiera nunca una cumbre se había enfrentado a negociaciones tan difíciles.

Los antidisturbios alemanes apagan las llamas del «infierno» antisistema

J. C. B. / Colpisa
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La marcha de protesta no consiguió avanzar más de un centenar de metros antes de ser detenida, rodeada y acosada por las fuerzas de seguridad

Una inflexible y dura acción policial acabó sin miramientos con la manifestación «Bienvenido al infierno» que activistas de extrema izquierda llegados de toda Europa organizaron para recibir a los jefes de Estado y Gobierno del G20 en Hamburgo. La marcha de protesta no consiguió avanzar más de un centenar de metros antes de ser detenida, rodeada y acosada por las fuerzas de seguridad, que movilizaron cientos de agentes antidisturbios y una docena de camiones pesados con cañones de agua.

Tenía autorización para desfilar por la ciudad hasta acercarse a 300 metros del recinto ferial de la cumbre, pero la negativa de un millar de activistas del llamado Bloque Negro a marchar a cara descubierta y prescindir de los pasamontañas y pañuelos con los que cubrían sus caras, así como el lanzamiento de adoquines o botellas contra los agentes, fue el argumento policial para intervenir. Varios camiones con cañones de agua frenaron la cabeza de la marcha, mientras otro grupo de vehículos iguales se situaron a la cola y comenzaron a disolver a los manifestantes con chorros de agua a presión mientras los antidisturbios hacían uso de aerosoles con gas pimienta para reprimir cualquier conato de violencia.

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