Un hijo de Trump citó a una abogada rusa que le ofrecía perjudicar a Clinton

Rusia niega conocer a la letrada a pesar de que se la vincula con el Kremlin

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Nueva York / Corresponsal

El Rusiagate tiene un nuevo protagonista y se llama Donald Trump Jr. El hijo mayor del presidente de EE.UU. está ahora en el centro del huracán después de que The New York Times haya revelado que sostuvo una reunión con la abogada Natalia Veselnitskaya durante la campaña electoral. El problema de dicho encuentro es que Veselnitskaya es una letrada vinculada al Kremlin que, según el rotativo, le había prometido información perjudicial sobre Hillary Clinton.

La reunión tuvo lugar el pasado 9 de junio en la Torre Trump de Nueva York, es decir, dos semanas después de que el entonces candidato se adjudicara la nominación republicana. En ella también participaron el yerno del presidente, Jared Kushner y el entonces jefe de campaña, Paul Manafort.

El papel del primogénito en la trama que sacude diariamente a la nueva Administración, ha sido confirmado por el propio protagonista quien, sin embargo, ha cambiado su versión en menos de 24 horas. Tras reconocer que la reunión se había producido, Trump Jr. dijo primero que el encuentro había versado sobre adopciones de niños rusos por parte de estadounidenses y no contó nada sobre la demócrata. Horas más tarde y presionado por el relato del periódico, admitió que esperaba recibir información dañina contra Clinton, aunque finalmente esta nunca llegó: «Sus declaraciones eran vagas, ambiguas y no tenían sentido. No tenía ninguna información relevante», dijo Trump Jr. en un comunicado. Es la primera confirmación pública de que miembros de la campaña republicana estaban dispuestos a aceptar ayuda rusa para la campaña electoral y, aunque no prueba una cooperación entre el entorno de Trump y el Kremlin, sí muestra que existió una disposición a cooperar.

En la Casa Blanca, mientras tanto, tratan de rebajar la relevancia de la cita asegurando que el presidente desconocía su existencia. «Lo importante es que no salió nada de dicho encuentro», dijo la fiel asesora de Trump, Kellyanne Conway. En paralelo, Moscú negó la mayor. «No sabemos quién es (la abogada)», rechazó el portavoz del Ejecutivo ruso, Dmitri Peskov. Sin embargo, de poco valió. Forzado por la presión mediática, Trump Jr. se ofreció a declarar en el Senado.

La nueva revelación, que impide al presidente dejar atrás la sombra de la injerencia rusa que lo persigue desde el comienzo de su mandato, coincidió con una nueva polémica, desatada esta vez por el acuerdo al que habrían llegado Putin y Trump en la cumbre del G20 para crear una unidad conjunta «impenetrable» contra el ciberespionaje. La furia que causó el anuncio en buena parte del Partido Republicano obligó al mandatario a una rápida rectificación. «No es la idea más tonta que haya oído, pero se le acerca», dijo el senador republicano, Lindsay Graham. «Es como si el ladrón que robó en tu casa propusiera un grupo de trabajo sobre allanamientos de morada», se mofó escandalizado el ex secretario de Defensa, Ash Carter. Tras las críticas, el presidente de EE.UU. descartó su propia propuesta. «El hecho de que el presidente Putin y yo hayamos discutido sobre una unidad de ciberseguridad no significa que crea que es posible. No puede pasar», escribió en Twitter.

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