El número tres del Vaticano se declara inocente de los cargos de pederastia

Es la primera vez que un alto cargo de la Santa Sede comparece ante la Justicia por un caso de abusos a menores

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redacción / la voz

Fue una comparecencia histórica. Fue la primera vez que un alto cargo del Vaticano, su secretario de Finanzas, considerado como el número tres en la jerarquía, declaró ante la Justicia para defenderse de un presunto delito de abusos sexuales a menores. El cardenal australiano George Pell, uno de los asesores de mayor rango del papa Francisco, se vio ayer en este trance en la primera sesión de un juicio que continuará el 6 de octubre y que el Gobierno de Australia pretendía a toda costa evitar que se convirtiese en un circo mediático. Pero no lo consiguió.

Pell, que también fue arzobispo de Melbourne y de Sídney, sufrió la avalancha de una multitud de periodistas de todo el mundo que lo siguieron hasta la puerta del tribunal, por lo que tuvo que ser fuertemente escoltado por agentes de la policía. También esperaban su llegada centenares de personas para arroparlo, en unos casos, y para criticarlo, en otros. Durante el corto trayecto, con gesto serio y por momentos desencajado por la presión, no realizó ninguna declaración en la vista preliminar realizada ante el Tribunal de Magistrados de Melbourne. Y tampoco abrió la boca durante la comparecencia. De ello se encargó su abogado, Robert Richter. «El cardenal -dijo ante el juez- se declara no culpable de todos los cargos, manteniendo la presunción de inocencia». En realidad, las autoridades australianas no han hecho públicas las acusaciones. Solo se sabe que George Pell fue acusado en junio por la policía del Estado de Adelaida de varios delitos de pederastia, pero se desconoce cuáles son. Hace un año, dos hombres aseguraron que Pell les había manoseado en una piscina. Otro sostuvo que en la década de los ochenta el arzobispo se había desnudado delante de niños en un vestuario de la playa. También se le relaciona con varios abusos cometidos contra menores cuando era un joven sacerdote en su ciudad natal de Ballarat (1976-1980) y después como arzobispo de Melbourne (1996-2019).

Pero Pell, que incluso en alguna ocasión llegó a lamentar que la Iglesia católica no hubiera sido lo suficientemente dura con los casos de pederastia, siempre lo negó todo. Es más, fue el propio cardenal el que pidió una excedencia al papa de su cargo de secretario de Finanzas, que ejerce en el Vaticano desde el 2014, para comparecer ante la justicia de su país. «Deseo tener por fin la oportunidad de comparecer ante la Justicia, porque la misma idea de abusos sexuales me parece detestable», dijo cuando recibió la citación del tribunal de Melbourne. Según la justicia australiana, la audiencia de ayer no implica que Pell tenga que someterse a juicio. Si se llega a este extremo, el caso pasaría a manos de otro tribunal.

El religioso cuenta con detractores, pero también con muchos defensores que se niegan a dar pábulo a las acusaciones. Uno de ellos es el primer ministro de Australia, Tony Abbott. «Obviamente -dijo-, el proceso legal debe seguir su curso, pero el Pell que yo conozco es un buen hombre».

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