La Jungla de Calais revive

Nuevas tensiones tras el goteo de llegada de inmigrantes, nueve meses después de su desmantelamiento

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París / corresponsal

Nueve meses después del desmantelamiento de la Jungla de Calais, el descampado a las afueras de la ciudad portuaria vuelve a llenarse poco a poco. Un goteo constante de migrantes que, tras haber sido recolocados en todo el territorio francés, regresan para tratar de cruzar la frontera hacia el Reino Unido. Con su llegada, vuelven también las tensiones.

Para la alcaldesa de Calais, la derechista Natacha Bouchard, la presencia de los 450 migrantes (600, según las asociaciones) «amenaza con crear una enésima jungla» a las puertas de la ciudad. En marzo trató de prohibir que las asociaciones repartiesen comida en el campamento y la semana pasada desafió al Consejo de Estado galo negándose a instalar fuentes, letrinas y duchas. La más alta jurisdicción gala acabó ganando el pulso, alegando que la ausencia de instalaciones higiénicas venía de una voluntad de «las autoridades públicas» de exponer a los migrantes «a tratamientos inhumanos y degradantes en una falta grave y evidente a las libertades fundamentales».

El ministro de Interior, Gérard Collomb, anunció desde Calais la creación de dos centros en la región para registrar y procesar las demandas de asilo de los refugiados, ambos lejos del descampado que llegó a acoger a 7.000 personas el pasado otoño. Fabien Sudry, prefecto del paso de Calais, precisó que diseñará con las asociaciones «un dispositivo lo más adaptado posible». «Con una consideración importante: evitar reconstruir campamentos» como el de la Jungla. 

Denuncias contra la policía

El ministro socialista también aprovechó su desplazamiento para abordar las acusaciones de violencia que pesan sobre la policía. Según el Observatorio de los Derechos Humanos, los agentes utilizan con frecuencia espray de pimienta contra los migrantes de Calais. El ministro solicitó un informe completo a las inspecciones generales de la gendarmería y de la policía y, aunque agradeció públicamente sus intervenciones, admitió que puede haber «derrapes individuales».

Pese al desmantelamiento y la repartición territorial de migrantes que orquestó François Hollande, Emmanuel Macron hereda una situación migratoria aún compleja. Al igual que en Calais, los campos de refugiados en el resto de Francia están resurgiendo: al norte de París ya son alrededor de 550 migrantes y en Dunkerque, 350. Sin embargo, el Gobierno de Édouard Philippe está paralizado. El plan migratorio anunciado en julio no contiene medidas precisas para gestionar la aparición de los campamentos informales como el de Calais. Además, las asociaciones consideran insuficiente la creación de 7.000 plazas de acogida para los futuros demandantes de asilo, ya que el 40 % de los actuales aún no duermen bajo techo. No obstante, Macron martilleó de nuevo su promesa electoral hace tan solo una semana: «De aquí a fin de año no quiero ni hombres ni mujeres en las calles, en los bosques; quiero alojamientos de urgencia en todas partes».

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