La presión obliga a Trump a rectificar y señalar que «el racismo es el mal»

Condena la violencia ultraderechista, dos días después del ataque en Virginia

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Nueva York / corresponsal

Con dos días de retraso, Donald Trump cedió a la presión. «El racismo es el mal. Y aquellos que causan violencia en su nombre son criminales y matones», dijo en un discurso de apenas cinco minutos de duración. El presidente se vio obligado ayer a interrumpir sus vacaciones en su club de golf de Bedminster y regresar a Washington, para condenar con mucha más claridad los ataques racistas acontecidos el fin de semana en Charlottesville (Virginia). «Aquellos que provocan violencia en su nombre son delincuentes y rufianes, entre ellos el Ku Klux Klan (KKK), los neonazis, los supremacistas blancos u otros grupos de odio que son repugnantes para todo lo que valoramos como estadounidenses», dijo en una declaración televisada y sin preguntas desde la Casa Blanca.

La precisión en su condena de ayer fue la que faltó durante las 48 horas posteriores a los sucesos violentos protagonizados por supremacistas blancos y neonazis tras y que se saldaron con la muerte de una mujer y una treintena de heridos, a manos de un joven a manos de un coche. Fue entonces cuando Trump responsabilizó a «muchas partes» del «odio y fanatismo», sin enfocar directamente la culpa sobre la ultraderecha, la misma que tantos votos le brindó en las elecciones.

«Los que hayan cometido violencia en nombre de la intolerancia serán responsables», concluyó el presidente, tras las decenas de críticas tanto de demócratas como de republicanos.

Lo que no salió de su boca fue la palabra terrorismo, pese a que el fiscal general de EE.UU., Jeff Sessions (cuyo pasado está plagado de acusaciones de racismo y xenofobia), como el consejero de Seguridad Nacional, H. R. MacMaster y el vicepresidente Mike Pence lo había calificado así. La importancia de que el ataque se declare terrorismo es más simbólica que práctica, ya que no acarrea penas adicionales pero sí es clave para quienes denuncian que solo se usa la palabra cuando el atacante es musulmán.

Sus recomendaciones, así como las del jefe de Gabinete, John Kelly, fueron las causantes de que Trump dejase a un lado la tibieza con la que había reaccionado al ataque racista en Virginia.

A pesar de su acto de contrición, el republicano alimentó la polémica al cargar contra Kenneth Frazier, jefe de la farmacéutica Merck, que presentó su dimisión del comité asesor empresarial de la Casa Blanca tras la inicial respuesta de Trump a los ataques racistas. Frazier, uno de los pocos altos directivos afroamericanos registrados en la revista Fortune 500, aseguró que su renuncia era «una cuestión de conciencia personal» porque creía que los líderes estadounidenses debían de rechazar con mucha más rotundidad el fanatismo. 

«Ahora que Ken Frazier de Merck Pharma ha renunciado a pertenecer al comité asesor empresarial ¡tendrá más tiempo para bajar los precios de medicinas!», le respondió sin mesura Trump en la red social. Según The New York Times, fue la dimisión de Frazier lo que hizo que el propio Kelly aconsejase al presidente dar un paso atrás y tratar de apaciguar las aguas tras el nuevo terremoto. 

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Los supremacistas se sienten legitimados

Su lucha pocas veces ha tenido tanta visibilidad como hasta ahora. La conocida como alt-right, (término que engloba desde el Ku Klux Klan a neonazis y nacionalistas blancos), ya no se esconde. Desde que Donald Trump se hizo con la presidencia, los seguidores de la extrema derecha estadounidense se sienten más legitimados que nunca. El histórico líder del Ku Klux Klan, David Duke, dijo el sábado que había llegado «un punto de inflexión» para un movimiento que quiere «cumplir las promesas de Trump». Algo que evidenció la manifestación racista de Charlottesville, donde facciones del KKK y miembros de la Vanguard America, la Liga Sur, o la Orden Fraternal de Caballeros Alt, marcharon entre consignas y simbología nazi para defender que Estados Unidos es una nación exclusivamente blanca. 

El incremento que han registrado este tipo episodios ha disparado las alarmas. En Nueva York, un informe de la Comisión de Derechos Humanos (CCHR) ha revelado que las denuncias de acoso y discriminación aumentaron un 60 % a lo largo del 2016 y la tendencia continúa en lo que va de año. Según la CCHR, hubo 203 informes de acoso y discriminación en este estado, que contrastan con los 35 del 2015.

Curiosamente, las cifras comenzaron a registrar niveles preocupantes a partir de julio de 2016, justo cuando Trump confirmó su candidatura republicana. En aquel entonces, el magnate llevaba meses sin querer desmarcarse explícitamente de la extrema derecha, fiel defensora de sus políticas más controvertidas.

El autor del ataque contra la marcha antifascista de Charlottesville, James Fields Jr,. es un buen ejemplo de cómo la ultraderecha estadounidense ve la retórica trumpiana como un aval de su peligroso discurso. A sus 20 años, lo que siente Fields por el nazismo es absoluta «fascinación»: «Fields cree en el supremacismo blanco, idolatra a Adolf Hitler», confesó su profesor de Historia, Derek Weimer. Prueba de ello es su perfil de Facebook, donde el joven de 20 años publicó propaganda neonazi y dibujos de Trump sentado sobre un trono, con una corona de oro.

Fields está acusado de un delito de asesinato y de varios cargos por causar lesiones graves, después de atropellar intencionadamente a varias personas provocando la muerte de Heather Heyer, de 32 años, y dejando 19 heridos. Ayer, un juez de Charlottesville le negó la libertad bajo fianza. «Estos radicales de izquierdas son los que vienen a matarnos», protestó uno de los amigos de Fields a las puertas del tribunal. La próxima audiencia se celebrará el 25 de agosto.

Detenido un joven ultra por intento de atentado en Oklahoma City

Jerry Drake Varnell fue acusado ayer de complot contra el Gobierno de Estados Unidos, tras ser arrestado el sábado en una operación encubierta del FBI por intento fallido de detonar una bomba frente a un banco en Oklahoma City. El joven de 23 años fue arrestado el sábado después de caer en una trampa de los agentes federales, que le hicieron creer que llevaba una artefacto explosivo en una furgoneta robada para hacerla detonar.

En el curso de una investigación secreta de varios meses del FBI, Varnell hizo repetidas confesiones sobre su odio hacia el Gobierno federal y su admiración por Timothy James McVeigh, terrorista de extrema derecha autor del atentado de Oklahoma City. La peor acción del terrorismo doméstico que dejo 168 muertos, entre ellos 19 niños, en el edificio federal Alfred P. Murrah en 19 de abril de 1995.

En una conversación, el joven dijo que creía en la ideología de Three Percenter, una forma de activismo antigubernamental que promete resistencia contra el Gobierno por la creencia de que ha infringido la Constitución, según documentos judiciales publicados por The Washington Post. Los que se adhieren a la ideología creen erróneamente que solo el 3 % de la población colonial participó en la Revolución Americana, y se ven a sí mismos como sus herederos.

Varnell llegó a supuestamente discutir una serie de objetivos potenciales con los agentes encubiertos, entre los que estaba incluso la sede de la Reserva Federal en Washington.

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