La UE huye de sus fantasmas dos años después de la muerte del pequeño Aylan

La Comisión Europea aboga por abrir campos de refugiados en Libia y facilitar el acceso seguro al continente

.

Bruselas / Corresponsal

Extensas vallas de punzantes concertinas, rígidos muros infranqueables de hormigón a prueba de inmigrantes y barreras naturales e invisibles, protegen a Europa de sus fantasmas. De las huellas que dejan la miseria y la guerra más allá de sus costas, de las imágenes que pueden herir su conciencia. Parapetados en la gigantesca fortaleza en la que se ha convertido el Viejo Continente, los 28 países miembro de la UE han logrado blindar la puerta oriental, el acceso desde Turquía a Grecia.

Bruselas lo celebra. Para la Comisión Europea ha sido un éxito a pesar de que más allá del estrecho de los Dardanelos los problemas continúan. Miles de desplazados sirios sobreviven a merced de la voluntad de los gobiernos turco, libanés o jordano. Y de los fondos de la UE. Viven en tierra de nadie, pero viven.

Para el pequeño Aylan, del que este sábado se cumplieron dos años de su muerte, los acuerdos llegaron tarde. Nada impidió que se ahogase en el mar. Su cuerpo, inerte boca abajo, sobre la arena, bañado por la espuma del mar en una turística playa turca obligó a la UE a buscar parches a la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial, la guerra civil siria.

Programas parche

Los parches llegaron en forma de programas de reubicación de refugiados desde Grecia e Italia y programas de reasentamiento desde terceros países. Dos años después, la UE ha logrado cumplir poco más de un cuarto de los objetivos de acogida que se propuso. España solo el 10.8 %.

La seguridad ha desplazado como prioridad a la acogida de refugiados. La retórica también ha cambiado. Ahora se hace énfasis en que quienes acceden desde la otra puerta del Mediterráneo central (Libia) son «inmigrantes económicos». Nada se sabe de las vías de acceso seguro a Europa. Sí de los planes para externalizar la gestión migratoria desde el Norte de África, como se hizo con Turquía.

El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, así lo recordó ayer en una entrevista al diario italiano Corriere della Serra: «Preferiría el método de Acnur: Abrir campos de refugiados (en Libia) y valorar allí qué personas se podrían establecer en la UE».

El holandés apunta como aliado hacia el frágil Gobierno libio de unidad, que apenas puede garantizar su propia seguridad. Bruselas garantiza que una vez que los campos estén instalados buscarán vías para poder facilitar el acceso seguro de inmigrantes a Europa. Un modelo a la carta que permitirá escoger solo a los más cualificados.

Creciente hostilidad

El plan anunciado por Timmermans responde a la creciente ola de hostilidad entre un segmento de la población hacia la incursión de inmigrantes y refugiados en el mercado laboral: «Hasta que el miedo legítimo de nuestros ciudadanos no tenga respuesta, habrá espacio para la paranoia, la xenofobia, intolerancia y nacionalismo como solución equivocada», aseguró Timmermans tratando de justificar el giro de 180 grados que han dado las políticas migratorias en la UE solo dos años después de que la imagen del pequeño Aylan hiciese enmudecer a las cancillerías de toda Europa.

El retrato del drama de los migrantes que cambió opiniones

Una de las imágenes icónicas del drama de los refugiados que intentaban llegar a Europa huyendo del conflicto de Siria fue tomada el 2 de septiembre del 2015 en la playa de la isla griega de Kos. Allí, los responsables de vigilancia se encontraron con el cadáver de un niño de unos cinco años de edad que resultó ser Aylan Shenu, una de las miles de víctimas del éxodo. Esa imagen se convirtió en un toque de atención para el mundo occidental, que obligó a los dirigentes de la Unión Europea a modificar su actitud hacia el problema de los migrantes. 

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

La UE huye de sus fantasmas dos años después de la muerte del pequeño Aylan