Los refugiados, los grandes olvidados

Los partidos les restan importancia, ante la reducción de llegadas y el viraje hacia la derecha del electorado

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Berlín / Corresponsal

A pesar de que Angela Merkel sigue defendiendo la decisión que tomó el 4 de septiembre del 2015, cuando abrió la frontera a miles de refugiados que estaban varados en Hungría, hace ya tiempo que insiste en que «fue una situación excepcional que no puede volver a repetirse». Una frase que refleja a la perfección el giro a la derecha que ha dado la población alemana desde entonces, y que forma parte del programa de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su formación hermana, la CSU, de cara a las elecciones del próximo domingo.

Dos años después, la doble moral de la canciller alemana con respecto a la crisis migratoria es más evidente que nunca. Presionada por la opinión pública y sus correligionarios, la bautizada por Barack Obama como la nueva líder del mundo libre ha firmado un controvertido acuerdo con Turquía, endurecido el derecho de asilo y ampliado la lista de los países considerados seguros, con el fin de agilizar las deportaciones. Todo ello, sumado al cierre de la ruta de los Balcanes, ha reducido considerablemente la cifra de llegadas a Alemania, que en el 2015 recibió a 890.000 inmigrantes.

Por eso, y consciente de que tras ese viraje tiene al electorado en el bolsillo y el cuarto mandato a la vuelta de la esquina, la candidata de la CDU/CSU opta ahora por ignorar la dramática situación que vive la vecina Italia. Jamás ha aceptado la propuesta de su socio y jefe de la Unión Socialcristiana bávara (CSU), Horst Seehofer, de imponer un tope máximo de 200.000 refugiados anuales. Pero la líder conservadora sí aboga por dificultar la reagrupación familiar y reproducir el pacto entre la UE y Turquía con otros países.

Solo matices

Pocas diferencias hay con el programa del Partido Socialdemócrata (SPD), que desde la ambigüedad apuesta por no tocar el derecho de asilo sin descuidar la protección de las fronteras. Solo en matices, como el hecho de que los socialistas defienden recortar los fondos comunitarios a aquellos vecinos europeos que se nieguen a acoger a inmigrantes. El SPD también desea la reagrupación familiar ilimitada, como Los Verdes y La Izquierda, además de una ley migratoria que funcione a través de un sistema de puntos, un aspecto en el que coincide con los ecologistas y los liberales del FDP.

Solo la xenófoba AfD intenta atraer al votante con medidas como el cierre de frontera A sabiendas de que los refugiados no les van a hacer ganar votos, todos los partidos han optado por restarles importancia en la recta final de la campaña. Salvo la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que propone cerrar de inmediato las fronteras y sellarlas con vallas, reducir drásticamente el número de personas que solicitan asilo y solo permitir el ingreso de trabajadores cualificados. No en vano, el partido xenófobo ha cogido impulso después de haber capitalizado el creciente rechazo de la población a la acogida de extranjeros.

Los primeros recelos surgieron cuando las peticiones de asilo empezaron a acumularse en la Oficina Federal de Migración (BAMF) y las autoridades locales a quedarse sin recursos suficientes para afrontar una avalancha semejante. Las violaciones en masa, supuestamente perpetradas por inmigrantes procedentes del norte de África durante la Nochevieja del 2015, y los ataques yihadistas cometidos en el 2016 terminaron de crear el caldo de cultivo perfecto. Hoy, los alemanes se debaten entre las muestras de solidaridad, con marchas multitudinarias como la del pasado sábado bajo el lema «Vendremos unidos», y las de racismo e islamofobia. En el 2016 se registraron 1.698 ataques con trasfondo ultraderechista, frente a los 1029 del 2014 y los 842 de dos años antes, según datos oficiales.

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