La UE rechaza la transición que pide Londres por su falta de compromiso

Bruselas considera insuficiente la oferta de divorcio propuesta por el Reino Unido

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bruselas / corresponsal

«Nueva dinámica», pero «insuficiente» para poder seguir avanzando hacia un divorcio consensuado. El responsable europeo para el brexit, Michel Barnier, volvió a cerrar ayer las puertas de la UE a los británicos para poder avanzar a una segunda fase, esa en la que Londres podrá empezar a moldear su futura relación con la UE y debatir un eventual período transitorio de dos años.

La cuarta ronda de negociaciones en Bruselas concluyó como todas las demás: sin grandes compromisos por parte del británico David Davis. El ministro británico para el brexit sigue dando rodeos ante la impaciencia de su homólogo francés, quien solo tiene claro que el Gobierno de Theresa May quiere un aterrizaje suave cuando abandonen la UE, pero sin grandes sacrificios. «Abandonar el mercado único y la unión aduanera es una decisión que traerá consecuencias complejas», advirtió Barnier antes de recordar en rueda de prensa conjunta que «queda mucho trabajo por hacer».

Y es que la brecha entre lo que esperan los 27 del brexit y lo que ofrece Londres sigue siendo enorme. Especialmente en lo que se refiere a los derechos de los ciudadanos desplazados y la factura del divorcio.

Davis ofreció ayer algunas garantías legales y certidumbre para los derechos de los que gozan los ciudadanos europeos residentes en Reino Unido. «Nos comprometemos a incorporar plenamente a la legislación británica el acuerdo de salida. Reconoceremos la necesidad de asegurar una interpretación consistente de la legislación de la UE». Una forma elegante de decir a los 27 que no acatarán el arbitraje del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) en futuras disputas. «Como país tercero fuera de la UE, no sería adecuado que esta institución jugase ese rol», justificó Davis, quien tampoco quiere dar su brazo a torcer con la factura del divorcio. Como adelantó esta semana en Florencia Theresa May, el Reino Unido está dispuesto a honrar todos los compromisos que adquiera hasta el 2019-2020, pero no más.

¿A cuánto asciende la factura? «No estamos todavía en situación de especificar exactamente cuáles son esos compromisos. Eso vendrá más tarde». Así despachó el británico la cuestión ante el asombro de Barnier, quien volvió a recordarle que sin acuerdo sobre la factura no se pasará a la segunda fase de negociaciones: «El único modo de alcanzar un progreso suficiente es cumpliendo con todos los compromisos adquiridos a 28», insistió el ex comisario, quien se niega a que sean los contribuyentes europeos los que paguen las consecuencias de la decisión británica de abandonar el barco. El francés también se quejó de la falta de claridad del equipo británico sobre el futuro de la frontera entre las dos Irlandas, las garantías para la reagrupación familiar y la cobertura de las prestaciones sociales. Eso sí, reconoció que el Reino Unido tendrá libertad absoluta para introducir visas a ciudadanos comunitarios una vez que se convierta en un país tercero: «Será algo que habrá que negociar», admitió Barnier.

Ante la insistencia del negociador británico de entrar a valorar los términos de una futura relación comercial, el negociador europeo se mostró tajante y firme. Londres no ha cumplido con las expectativas ni el calendario. La puerta seguirá cerrada hasta que no den solución a las tres prioridades de la UE. «Ha sido una semana constructiva, pero todavía no hemos llegado a donde queríamos para lograr progresos suficientes. Se necesita más trabajo en los próximos meses», admitió. Y mientras Davis sigue dando rodeos sobre sí mismo, el tiempo corre. Al Gobierno de May solo le queda un año para ajustarse el paracaídas y dar el salto fuera de la UE.

Los líderes europeos discuten las propuestas de Macron

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La cumbre informal que presidentes y primeros ministros de la UE celebran hoy en Tallin para hablar del futuro digital no deja de ser en la práctica un pretexto para tomar el pulso al cuadro europeo en plena resaca de las elecciones de Alemania, con una Angela Merkel más débil que nunca y con el imponente discurso europeísta de Emmanuel Macron aún coleando. ¿Qué rumbo tomar? ¿Acometer el programa que propone el inquilino del Elíseo? ¿Adoptar las directrices propuestas por el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, en el último debate del estado de la Unión a principios de mes? ¿Esperar a que se levante la niebla que impide ver por dónde irá el nuevo Gobierno alemán y amoldarse a las prioridades que determine Berlín?

En teoría, los líderes tenían carta blanca para abordar durante la cena cualquier tema que se les ocurriese, pero las propuestas lanzadas el martes por el jefe de Estado galo coparon el encuentro. «Su discurso ha robado el protagonismo», admitió un responsable europeo. Influye la impresión extendida de que Bruselas ha decidido posicionarse sin ambages con Francia. En línea con ello, el presidente del Consejo, Donald Tusk, decidió que Macron fuera el primero en intervenir durante la cena.

El presidente francés se reunió antes en privado con la canciller alemana, quien se mostró cautelosa en relación con las propuestas que hizo Macron, conforme con su espíritu general pero sin comprometer su margen de maniobra en las propuestas concretas. «Existe un amplio consenso entre Alemania y Francia. Naturalmente, todavía debemos hablar de los detalles, pero estoy firmemente convencida de que Europa no puede detenerse aquí», declaró Merkel.

La cena contó con la participación una vez más de Theresa May. Pese a su interés en que se hablara de lo suyo, un despacho de AFP indicaba que la ausencia de progresos de relieve durante la cuarta ronda de negociaciones del brexit, podría haber dejado fuera del menú la retirada de Reino Unido y la discusión de la relación que mantendrá con Europa tras el divorcio.

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