El Reino Unido intenta burlar a la UE con un acuerdo comercial «único»

La Comisión Europea pide seriedad a Londres para no seguir perdiendo el tiempo

El vídeo muestra que David Davis prefirió quedarse al lado de May en vez de ir a negociar a Bruselas
El vídeo muestra que David Davis prefirió quedarse al lado de May en vez de ir a negociar a Bruselas

bruselas / corresponsal

Quizá a fuerza de repetirlo, los británicos acaben asumiendo que sí, que el Reino Unido se irá del mercado único, de la unión aduanera y de la UE en el 2019. Bruselas lo tiene claro, bien digerido. Pero todo indica que Londres todavía no se cree el brexit. La primera ministra Theresa May volvió a demostrar ayer que su Gobierno no tiene claro hacia dónde tirar. Pidió tiempo muerto, una vez más, un balón de oxígeno en forma de período transitorio para tener un aterrizaje suave fuera de la UE. En aras de tranquilizar al ala dura de su partido, anunció ayer dos nuevas propuestas sobre la futura relación comercial con la UE y cuestiones aduaneras.

¿Alguna novedad? No. Más bien, vaguedades. «Propongo una relación única y ambiciosa», deslizó May ante la Cámara de los Comunes. Quiere un «acuerdo completo y rápidamente», pero sin especificar en qué se traduce su declaración de buenas intenciones. Londres solo tiene claro que no quiere acuerdos de libre comercio como el CETA canadiense ni una relación que les ate tanto como la de Noruega al Espacio Económico Europeo. Sí asume que cualquier tiempo extra que obtenga para negociar deberá ser con pleno respeto a las normas de la UE y acatando la jurisdicción del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE).

Donde May ve «progresos reales y tangibles» en las negociaciones con Bruselas, la Comisión Europea solo ve caos, improvisación y muchas dudas. La comparecencia de ayer no aclara nada ni aporta «soluciones creativas», como suele demandar el Reino Unido. El equipo del negociador europeo, Michel Barnier, se lo temía al arranque de la quinta ronda de negociaciones que están teniendo lugar en Bruselas: «Habrá conversaciones técnicas, pero no acuerdos políticos. El tiempo corre y no es una metáfora», aseguraron ayer fuentes cercanas al francés que insiste en que los 27 no pueden abrir las puertas a la negociación comercial si no se aclaran previamente las prioridades fijadas por la UE: los derechos de los ciudadanos desplazados al Reino Unido, la factura del divorcio y la solución para las fronteras de las dos Irlandas.

A estas alturas nadie confía ya en la voluntad del negociador británico, David Davis, de ceñirse al calendario. Pero Bruselas se niega a ceder a los caprichos del Gobierno de May, a la que pide seriedad. «La pelota está completamente en su tejado», les recordó ayer el portavoz de la Comisión Europea, Margaritis Schinas. La hoja de ruta es clara para el griego. «Hay una secuencia muy clara en las discusiones y hasta ahora no se han encontrado soluciones para la primera fase, que es el proceso de divorcio», aseguró antes de criticar la falta de compromiso de Davis, quien no se presentó en la Comisión. «Estamos aquí 24 horas al día los siete días de la semana. Todo depende de nuestro socio británico», les advirtió.

La cuenta atrás prosigue. Las negociaciones se han convertido en un diálogo de sordos. La Eurocámara ya rechazó la semana pasada abrir las puertas a una segunda fase de negociación, tan ansiada por Londres. Y está previsto que los 27 líderes de la UE también rechacen esa opción en la cumbre del próximo día 20 en vista de los «escasos» e «insuficientes» avances que ha hecho el Reino Unido para dejar claros los términos del divorcio.

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La guerra civil interna entre los «tories» se agudiza

Theresa May se plantea si remover a su ministro de Economía Philip Hammond, o al de Exteriores, Boris Johnson como solución

rita a. tudela

La inmediata remodelación que promete Theresa May en su Gobierno para dar un golpe de mando y hacer frente a las críticas por falta de liderazgo gira en torno al movimiento de dos fichas clave, si remover a su ministro de Economía Philip Hammond, o al de Exteriores, Boris Johnson. Quedarse con los dos en la misma posición parece imposible dado el antagonismo abierto entre ambos y quitarle la cartera de ministro a uno de ellos parece la solución a la que llegan dentro del partido conservador para acabar con su actual guerra civil interna, en la que el único beneficiado es el partido de la oposición, con el laborismo en su mejor momento desde que Jeremy Corbyn tomó el mando.

Consciente de su delicada situación, Johnson exhorta a sus «llamados amigos» a dejar de criticar a su jefa en su nombre y advierte de que los intentos de complot están hechos por gente que ni siquiera sabe quién es. «No sé si realmente son mis amigos y aliados o si representan alguna banda siniestra de impostores», advirtió. Sus críticas en mensajes en grupos de WhatsApp a diputados conservadores se suceden mientras los rumores apuntan a que se negaría a dejar la cartera de Exteriores si la primera ministra le degrada y penaliza por haberle marcado las líneas rojas de la negociación del brexit y por sus continuas declaraciones polémicas en varios medios.

Sus partidarios también se movilizan. Crispin Blunt, un diputado tory favorable al brexit, defiende que el ministro de Exteriores apoyó a May durante la conferencia en Manchester tanto en público como en conversaciones privadas. «Estoy absolutamente seguro de lo que sé, que Boris no quiere que esta tontería esté pasando», puntualizó argumentando que sería muy perjudicial para su partido elegir a un nuevo líder en los próximos tres meses.

Otro de los defensores de Johnson defendió en el conservador Daily Telgraph que prescindir de sus servicios en este momento sería como «tirar un cubo de agua fría» a los votantes a favor del brexit, más cuando el ministro era una de sus figuras más carismáticas y su campaña resultó ganadora en el referendo.

Lo que sí apuntan los partidarios de Johnson es que May debe despedir a Hammond, partidario de seguir en la UE y que se muestra cauto con el discurso victorioso de los brexiters. Según la diputada Nadine Dorriese, el actual titular de Economía y Hacienda ha estado tratando «deliberadamente de dificultar las negociaciones del brexit, detenerlas y ocultar cuestiones. No creo que haya estado al 100%».

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