Merkel y Macron ya no ocultan sus diferencias sobre el futuro de la UE

Berlín se opone abiertamente a la propuesta francesa de fiscalidad y presupuesto común

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berlín / corresponsal

«Europa no es nada sin cultura». Con un mensaje favorable a la educación para crear vínculos y combatir el fanatismo, Emmanuel Macron y Angela Merkel inauguraron ayer la Feria del Libro de Fráncfort. Al dar el pistoletazo de salida a la principal cita editorial del mundo, los dos líderes pretendían reflejar la unidad del eje franco-alemán en tiempos difíciles por el brexit y el auge de los populismos.

Una unidad que se ha venido abajo en asuntos fiscales, tal como puso de manifiesto el documento que dejó el lunes Wolfgang Schäuble en el que fue su último Ecofin como ministro de Finanzas. Un regalo de despedida envenenado en el que subraya que Berlín se opone a los planes de París para una mayor integración de la UE, y al que ni Merkel ni Macron se refirieron en la ceremonia.

Sin embargo, por separado y horas antes, ambos volvieron a reafirmar sus posturas diametralmente opuestas. En un debate en la Universidad Goethe de Fráncfort, el presidente galo instó a lograr una «coalición de buena voluntad» e hizo campaña para «entrar en el debate» sobre la introducción de un presupuesto comunitario. Aquel que desea un trabajo conjunto en temas como la seguridad, la crisis migratoria, la energía o la lucha contra el terrorismo no puede negarse a implantar un fondo común, defendió Macron.

«Conmigo no habrá mutualización de las deudas nacionales», aseguraba Merkel por su parte en una entrevista con Redaktionsnetzwerk Deutschland (RND), apelando a la necesidad de mantener «el control y la responsabilidad, a la hora emplear mecanismos europeos». Más ambivalente se mostró sobre la idea de crear un ministro de Finanzas conjunto para la UE. «Deberíamos preguntarnos antes qué competencias dar a esa figura», declaró consciente de que las propuestas de su par galo levantan ampollas entre muchos correligionarios y los liberales del FDP, con los que aspira a formar gobierno junto a Los Verdes.

No hay duda de que las diferencias sobre la estructura fiscal de la UE coparán la atención en la próxima cumbre de jefes de Estado y de Gobierno. Pero también la reunión que mantendrán esta tarde Merkel y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en Berlín.

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Schäuble presiona con un testamento para echar el freno a la integración

Bruselas advirtió en más de una ocasión que la Unión Económica y Monetaria debe completarse para evitar nuevas sacudidas

cristina porteiro

La llegada al Elíseo de Emmanuel Macron despertó por un instante la esperanza de un cambio de rumbo en la UE. Europeísta, liberal y progresista, el presidente francés enamoró a Bruselas con propuestas para profundizar en el proyecto europeo. Lo tenía todo para convencer a la canciller alemana de aflojar las riendas del ajuste fiscal. Más allá de la sintonía y la complicidad inicial, el idilio en lo político ha durado muy poco, lo justo para hacer creer a Macron que su aterrizaje cambiaría las cosas. No será así. Berlín no da tregua. El saliente ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble ha legado un testamento envenenado para la UE. De consumarse sus planes, Alemania frenaría en seco la integración del bloque y la eurozona

¿Cuáles son las propuestas de Schauble?

El equipo de Schäuble ha plasmado en un documento de tres páginas su visión para el futuro de la UE. No a los eurobonos: «Pondrían en riesgo toda la estabilidad de la zona euro». No al presupuesto común para la eurozona: «Debemos seguir un enfoque más pragmático». Y no al seguro europeo de desempleo: «No es económicamente necesario para una unión monetaria estable». Nada de lo propuesto por Macron o el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, tiene cabida en sus planes. Para el hombre de hierro de Merkel, solo hay un camino: las reformas. Como el que pastorea ovejas, Berlín quiere llevar al rebaño europeo por su vereda, la del rigor fiscal. El acceso a los fondos de cohesión, la flexibilidad con el déficit o la ayuda financiera dependerán de una «estricta condicionalidad» vinculada a ajustes estructurales. Solo hay un terreno donde Berlín converge con París y es en la necesidad de crear un Fondo Monetario Europeo arrebatando los poderes de supervisión a la Comisión Europea en favor del Mecanismo Europeo de Estabilidad, que pasaría a monitorizar el cumplimiento del Pacto de Estabilidad y a gestionar la reestructuración de deudas. 

¿Por qué será difícil que salgan adelante las reformas de Macron?

Macron no podrá convencer a Merkel de apoyar sus reformas para la eurozona si no es capaz de poner orden en su propia casa. El liberal tiene por delante todavía acometer las reformas que tanto tiempo lleva Bruselas reclamando a Francia y la población se ha vuelto a levantar contra las propuestas de su presidente de flexibilizar el mercado laboral. A ese factor se le suma la compleja ecuación que ha encontrado la canciller para formar Gobierno. Sus posibles socios, especialmente los liberales, no quieren más compromisos con el euro. La irrupción de la ultraderecha en el Bundestag y el rechazo público a compartir riesgos con otros países de la UE obligan a Merkel a mostrar cautela. Al cóctel se le añade el poco apetito que hay fuera de Francia, Italia y España a seguir cediendo soberanía a organismos supranacionales. 

¿Qué problemas puede traer a la larga?

Bruselas advirtió en más de una ocasión que la Unión Económica y Monetaria debe completarse para evitar nuevas sacudidas. Si no se avanza en la reforma de la eurozona, para lograr una mayor coordinación fiscal, es posible que, con los parches diseñados sobre la marcha, la Unión no resista otra crisis como la de la última década en el momento en que se presente. La ausencia de mano izquierda con el déficit y las reformas también podría empujar al electorado de países como Francia a escorarse todavía más hacia partidos eurófobos como el Frente Nacional en los próximos comicios. Si eso ocurre, la UE puede darse por perdida.

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