El «niño prodigio» de la derecha gana las elecciones en Austria a los 31 años

Todo apunta a que Sebastian Kurz se aliará con la ultraderecha para ser presidente

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berlín / corresponsal

Austria figura desde ayer en los anales de la historia. Primero, porque los 6,4 millones de electores que estaban llamados a las urnas se decantaron claramente por el conservador Sebastian Kurz, que con apenas 31 años tiene todas las papeletas para convertirse en el líder más joven de la UE. Pero, además, porque, a raíz de la crisis migratoria, la ultraderecha se acerca a su mejor resultado y les pisa los talones a los socialdemócratas, en segundo puesto solo por la mínima. Es más, el país alpino podría repetir la maniobra que le valió las sanciones de sus vecinos en febrero del 2000, al tender la mano a los ultras como socios minoritarios del futuro Gobierno.

«Un cambio real para Austria», anunciaba Kurz, que según los primeros resultados oficiales obtuvo el 31,6 %, lo que supone una remontada de más de 7 puntos con respecto a las elecciones del 2013. Un éxito que se debe al lavado de imagen con el que en unos meses ha transformado al Partido Popular (ÖVP) en un movimiento similar al En Marcha! de Emmanuel Macron, cambiando incluso su nombre y su color de cabecera. El ministro de Exteriores y niño prodigio, que en un órdago sin precedentes rompió el pasado mayo la gran coalición con los socialdemócratas provocando el adelanto de los comicios, ha aprovechado la sed de cambio del electorado.

Aunque también la creciente xenofobia en un país que, sin llegar a los 9 millones de habitantes, ha recibido a 150.000 refugiados desde el 2015. No en vano, Kurz selló la ruta de los Balcanes, prohibió el burka y propone alivios fiscales para los empleados austríacos que prevé costear quitándoles ayudas a los extranjeros.

Saludos nazis

Un populismo edulcorado que lo aproxima al jefe del ultraderechista Partido de la Libertad (FPÖ), Heinz-Christian Strache, quien era recibido con saludos nazis en un centro de votación y se anotaba un 26 % de los sufragios, un 5,5 % más que en el 2013. «Ha vencido la democracia», dijo.

Tras haberse visto envuelto en un escándalo que lo relaciona con informaciones falsas difundidas para desacreditar a Kurz, el líder del Partido Socialdemócrata (SPÖ), el canciller Christian Kern, tuvo que conformarse con el 26,9 %, casi el mismo porcentaje que logró en las últimas legislativas, cuando fue el absoluto ganador. «Lo siento si hemos cometido errores», afirmó, consciente de que su segunda plaza no está garantizada hasta el jueves, cuando habrá finalizado el recuento de los votos por correo.

Pero la verdadera debacle fue la de Los Verdes, que perdían más de 8 puntos y se quedan fuera del Parlamento por primera vez en tres décadas, por no llegar al 4 % mínimo. Una derrota que se produce menos de un año después de que su candidato, Alexander van der Bellen, le arrebatara la presidencia del país al ultra Norbert Hofer en el último momento. Los liberales lograron un 5,1 % y la lista del ecologista disidente Peter Pilz el 4,3 %.

Las matemáticas posibilitan tres coaliciones de Gobierno, pero la más probable es la de conservadores y ultraderechistas.

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