Raqa, en ruinas y con un futuro incierto

La oposición exiliada en Turquía reivindica la gestión de la ciudad, en manos kurdas

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redacción / La Voz

Raqa afronta un futuro incierto. La devastación es de tal magnitud que serán necesarios meses para poder hacerla mínimamente habitable. Su reconstrucción es todo un desafío, al igual que su devenir político. Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), los combatientes kurdo-árabes apoyados por EE.UU. entregaran la gestión a un consejo civil creado por ellos hace seis meses, en cuanto finalicen las operaciones de limpieza de los explosivos diseminados por el Estados Islámico. Pero tiene un competidor. El Consejo de la Provincia de Raqa, respaldado por la principal alianza opositora exiliada en Turquía, reivindica la administración de la región y la capital homónima. Una fuente de esa entidad, que pidió el anonimato, explicó a Efe que el órgano de las FDS «no representa a la mayor parte de Raqa, sus miembros son casi todos kurdos y esta comunidad tan solo supone el 5 % de la población».

El portavoz de las FDS, Talal Silo, afirma que el futuro político de Raqa será decidido por el pueblo en el marco de un Gobierno democrático descentralizado.

El Consejo Civil de Raqa ya discuten planes para restablecer los servicios básicos y la infraestructura de la ciudad, que antes de la guerra tenía 220.000 habitantes y ahora está casi desierta. Miembros del consejo pudieron visitar el viernes por primera vez la ciudad desde su liberación. «Pude revisar mi casa. Hubiera pagado una fortuna solo por ver la puerta», dijo entre lágrimas a la agencia AFP Ahmad al Alí.

Inhabitable

El retorno de civiles es por ahora imposible. Los combates y los bombardeos han dejando un paisaje desolador. La antigua capital del califato está reducida a toneladas de escombros, sin agua ni electricidad. Ningún hospital está operativo y las escuelas hace tiempo que cerraron. En septiembre, la ONU estimó que hasta un 80 % de Raqa estaba devastado.

«Serán necesarias inmensas inversiones para reconstruir las casas destruidas, los hospitales y las escuelas, y para retirar las minas antes de que los habitantes puedan volver a sus casas de forma segura», afirma la oenegé Save the Children.

Las FDS, dominada por la guerrilla kurdo siria YPG, proclamó la liberación completa de Raqa y dedicó su «victoria histórica» a las «víctimas del terrorismo en Siria y el mundo», en palabras del portavoz de Sello.

El EI solo controla el 10 % de Siria (a principios de año ocupaba el 33 %), que incluye la mitad de la provincia de Deir al Zur, vecina de Raqa y fronteriza con Irak. En ella, el EI hace frente a dos ofensivas paralelas: una de las FDS, respaldadas por EE.UU., la otra por el Ejército sirio, apoyado por Rusia e Irán, que el viernes expulsó al EI del mayor campo de petróleo de Siria. Gran parte de los kurdos se dirigen al frente de Deir al Zur tras la reconquista de Raqa.

Irak completa la toma de Kirkuk, pero se desatan duros combates con los peshmergas

Irak dio por completada la toma de la provincia de Kirkuk, tras anunciar el control de Altun Kupri, la última comarca que estaba bajo control kurdo. Pero esta vez los peshmergas plantaron batalla, a diferencia de lo ocurrido anteriormente. En los límites administrativos del Kurdistán, cerca de Sirawa, se desataron duros combates con fuego de mortero y de armas automáticas (todas facilitadas por su aliado EE.UU.), entre las tropas iraquíes, entre ellas las milicias chiíes.

Los peshmergas se enfrentaron al Hashd al Shaabi (las Unidades de Movilización Popular chiíes) que intentaban avanzar hacia Sirawa, a cinco kilómetros al norte de Altun Kupri, según fuentes militares kurdas. Los kurdos habrían perdido en los combates a uno de sus generales, así como a 30 combatientes, según su medio Rudaw. En el interior de Altun Kurpri, los peshmergas volaron con explosivos el puente Zab en la carretera que une la ciudad de Kirkuk a la de Erbil.

La zona rural y agrícola de Altun Kupri (puente dorado, en turco) está poblada mayoritariamente por kurdos y turcomanos y se sitúa a medio camino entre Kirkuk y la capital de la región autónoma.

El ayatolá Alí al Sistani, el principal clérigo chií de Irak, intentó rebajar la tensión sectaria y pidió al Gobierno iraquí que proteja a los civiles kurdos. Su llamada a la calma tiene lugar en medio de denuncias de asaltos y saqueos contra casas y negocios kurdos en ciudades tomadas por Bagdad por parte de las milicias chiíes financiadas por Irán.

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