La República Checa, otro país que se abraza al populismo y la eurofobia

El «Trump checo» vence en una campaña dominada por el mensaje antirrefugiados

.

bRUSELAS / CORRESPONSAL

En todas las familias políticas de la Unión Europea hay alguna oveja negra. El Partido Popular Europeo es incapaz de mantener a raya al indisciplinado húngaro Víktor Orbán. Los socialdemócratas agachan la cabeza cada vez que al eslovaco Rober Fico se le cae el disfraz de progresista al hablar de refugiados, pero ¿y los liberales? A sus filas podría aterrizar un nuevo, polémico y multimillonario miembro. Se trata de Andrej Babis, ganador de las elecciones celebradas el viernes y el sábado en la República Checa. Su formación, Alianza de Ciudadanos Descontentos (ANO), se hizo con casi el 30 % de los votos. Aunque Babis no pone en cuestión la pertenencia a la UE, sí se ha mostrado contrario al euro y a las políticas de reubicación de refugiados que Bruselas trata de mantener con vida frente a los sabotajes de Gobiernos como el polaco, el húngaro, el eslovaco y el propio checo. El líder de los liberales en la Eurocámara, Guy Verhofstadt, felicitó ayer a Babis no sin antes lanzarle un mensaje de advertencia: «Espero que ANO haga todo lo posible para formar una coalición que fortalezca la influencia checa en la UE y que juegue un papel constructivo y responsable».

No será tarea de un día. Hasta ocho formaciones han conseguido representación parlamentaria y algunas de ellas se niegan a aceptar a Babis como primer ministro por los reincidentes escándalos en los que esta envuelto y las voces que le acusan de utilizar su poder para beneficiar su extensa cartera de negocios.

La UE está inquieta. No tanto porque un liberal con sesgo populista, al estilo Trump, pueda gobernar el país centroeuropeo, sino por ver cómo cuaja la coalición teniendo en cuenta que la ultraderecha xenófoba y antieuropea (el SPD liderado por el empresario checo-japonés Tomio Okamura) rozó ayer el 11 % de los votos y se posiciona como cuarta fuerza más votada tras hacer campaña para salir la Unión. No es una excepción en la UE. La extrema derecha ya se alzó como segunda fuerza en los comicios holandeses de marzo. En Francia, el Frente Nacional de Marine Le Pen disputó la victoria a Emmanuel Macron y en Austria a punto estuvieron de desplazar a los socialdemócratas de la segunda posición. Está por ver si los conservadores del ODS y el Partido Pirata, segunda y tercera fuerza, facilitan la formación de un nuevo Ejecutivo. 

Descalabro socialista

Otra tendencia que se consta en las elecciones checas es el estado moribundo de la socialdemocracia en la UE. El CSSD, del actual primer ministro, Bohuslav Sobotka, encajó una derrota dolorosa al dejarse más de la mitad de los apoyos por el camino y quedarse en sexta posición con el 9 % de los votos. Ni su rechazo frontal a las cuotas de refugiados ni el mensaje de su ministro del Interior llamando a «no dejar el país a los oligarcas», le han servido para seducir a un electorado que ve peligrar la identidad nacional y sus tradiciones.

.

Un multimillonario y antisistema investigado por fraude

De modales sobrios y voz calmada, el ya bautizado como «Trump checo», ha seducido a una parte amplia del electorado con un mensaje parecido al que le dio la victoria al presidente norteamericano el pasado año, pero con las formas y la disciplina de un viejo comunista. El magnate, quien forjó una fortuna de 4.000 millones de euros tras la disolución de la Unión Soviética, se enfundó en una retórica anticorrupción, antieuro, antisistema y antiinmigrantes para vencer tras una campaña marcada por la investigación que le abrió la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude (OLAF) a su empresa Agrofert por supuesto fraude por un subsidio de dos millones de euros de fondos europeos. 

A ese escándalo se suman las acusaciones de conflicto de intereses a los que apuntan algunos de sus opositores, quienes creen que Babis aprovechó su cargo como ministro de Finanzas para quitarse del medio a competidores empresariales. La presión a la que se vio sometido por sospechas de corrupción forzó su cese el pasado mayo. Desde entonces, Babis ha acusado a sus rivales políticos de orquestar una conspiración en su contra. Ni las sombras que se ciernen sobre el multimillonario, ni las sospechas de haber utilizado sus contactos con la élite del Partido Comunista para prosperar en los negocios durante la apertura del país a Europa ni el hecho de que controle hasta cinco medios de comunicación en el país, razón por la que se le ha comparado con el italiano Silvio Berlusconi, han persuadido a los ciudadanos checos para retirar su apoyo a Babis, a quien le atribuyen una exitosa gestión de las cuentas públicas.

Para apuntalar esa imagen de político populista no dudó en anunciar una subida de las pensiones y lanzarse a la calle para conseguir el voto de jóvenes, trabajadores, empresarios y jubilados descontentos con los partidos tradicionales.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

La República Checa, otro país que se abraza al populismo y la eurofobia