El cuaderno de bitácora de Bin Laden

Los documentos desclasificados revelan sus insólitos gustos, aficiones e interés por entender a su enemigo


redacción / la voz

Es el mayor villano de los últimos tiempos, pero el ideólogo del mayor atentado terrorista contra Occidente no tenía gustos e inquietudes muy diferentes a los del resto de mortales. Así lo pone de manifiesto los 470.000 documentos desclasificados por la CIA pertenecientes a la vida privada de Osama Bin Laden, en los que se demuestra que el que fuera líder de Al Qaida, además de disfrutar del documental Where in the world is Osama Bin Laden? (¿En dónde diablos está Osama?) mientras su paradero era un auténtico misterio, se entretenía con películas infantiles de Disney como Antz, Chicken Little o Cars; o buscaba momentos de relax haciendo ganchillo. A estos intereses casi naïf se le añaden los cientos de documentos de material pornográfico que también se incautaron los miembros de la operación Gerónimo cuando dieron con la última guarida del terrorista. 

La batuta de Al Qaida

Sus aficiones pueden resultar chocantes para propios y extraños, pero de entre los cientos de miles de documentos que la CIA obtuvo el 1 de mayo del 2011, tras lograr abatir a Bin Laden en su escondite de la ciudad paquistaní de Abbotabad, los que consideran realmente relevantes son aquellos relacionados con su papel en la organización terrorista más temida del mundo. De esta manera, las 228 páginas de notas manuscritas que encontró el comando que mató a Bin Laden, y que llevan seis años bajo llave, se extrae que hasta su muerte estuvo al mando de Al Qaida y que no había renunciado a sus responsabilidades de motu propio, como se había especulado. De hecho, en los documentos se revela que mantenía una comunicación regular con los subordinados que la organización tenía repartidos entonces por el mundo. Y que su odio por Occidente se fraguó en su adolescencia, cuando visitó Stratford-upon-Avon, la ciudad natal de Shakespeare. 

Obsesionado con EE.UU.

En sus últimos años de vida también se esforzó Bin Laden por entender la estrategia que seguía Estados Unidos en Afganistán e Irak, dedicando horas a la traducción del libro Obama’s Wars (Las guerra de Obama), del periodista de investigación Bob Woodward, al igual que daba cuenta de su malestar por no haber conseguido predecir las revueltas de la Primavera Árabe.

Cada palabra, gesto o sonido de los archivos que ahora están a disposición de los internautas en la web de la CIA, y que el director de la agencia, Mike Pompeo ha decidido poner a disposición de la sociedad para «aumentar la transparencia» del Estado, están siendo revisados con lupa por diversos investigadores, que los consideran «decisivos para entender la historia de Al Qaida y proporcionan nuevos datos sobre la historia del Estado Islámico y sus organizaciones predecesoras», apunta el experto en terrorismo Thomas Joscelyn.

La conexión de Irán con el Estado Islámico y Al Qaida no pasa tampoco desapercibida en el material que acaba de salir a la luz, de la que el equipo de Joscelyn extrae que a pesar de los desacuerdos, «sus intereses se cruzan porque ambos son enemigos de Estados Unidos».

Imágenes de la boda de su hijo favorito revelan datos del «príncipe heredero de la yihad»

Cuando Bin Laden fue abatido por dos militares estadounidenses, el terrorista tenía 54 años, cinco mujeres y 24 hijos. De entre toda esta cantera, el saudí tenía su retoño predilecto: Hamza, que tenía 21 años cuando, en el 2011, se quedó huérfano de padre. En Hamza depositaba Bin Laden toda su confianza, y veía en él al «príncipe heredero de la yihad». Tanto es así que desde que era un niño su imagen aparecía constantemente en la propaganda de la red fundada por su padre. Ahora, con la desclasificación de documentos de la vida íntima del terrorista vuelve a saltar a la luz pública este joven, tras la aparición de varios vídeos de su boda en los que se escucha a Bin Laden feliz por el matrimonio.

Cobran ahora especial importancia estas imágenes, ya que en el último aniversario del 11-S Al Qaida difundió un fotomontaje en el que se mostraba a Hamza junto a su padre envuelto en las llamas de las Torres Gemelas.

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