Bruselas teme otra crisis migratoria en Europa por la llegada del invierno

El mayor riesgo lo sufren los 50.000 refugiados de las islas griegas y los de los Balcanes

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Bruselas / Corresponsal

«Otra catástrofe humanitaria está a punto de producirse en Europa». Es la alerta que lanzaron el miércoles los eurodiputados en el Parlamento Europeo. Se acerca el invierno y con él el recuerdo de las imágenes de principios de año, de migrantes y refugiados a la intemperie, calados de frío esperando una ayuda que llegó a cuentagotas y fue insuficiente. «Vimos imágenes realmente vergonzosas que no deben repetirse este año. No tenemos mucho margen», advirtió el miércoles el comisario de Migración, Dimitris Avramopoulos.

El riesgo se cierne sobre la bloqueada ruta de los Balcanes y las islas griegas, donde todavía permanecen 50.000 refugiados que las autoridades se niegan a trasladar al Continente. Las condiciones de vida son deplorables. «Moria nos hace enfermar. El invierno pasado estaba todo empapado. Quemamos papeles y plásticos para calentarnos. Como si no fuéramos humanos», le aseguró un demandante de asilo al eurodiputado popular, Díaz de Mera.

Ni los 1.300 millones de euros asignados a Grecia para hacer frente a la crisis migratoria ni el programa fallido de reubicaciones han logrado solucionar un problema que se enquista poco a poco en sus islas, a las que en los últimos tres meses han llegado cerca de 15.000 personas. «El acuerdo con Turquía no está funcionando bien», denunció la socialista eslovena Tanja Fajon. «La situación es lamentable. Hay toda una serie de países que tendrían que dejar de devolver solicitantes a las islas», insistió su colega ecologista, Jean Lambert. Pero eso solo puede conseguirse con una reforma del asilo que no acaba de cristalizar. La Eurocámara dará luz verde este jueves al inicio de las negociaciones.

Falta de solidaridad

La falta de solidaridad de los socios europeos es palmaria. Tanto es así que del programa de reubicación inicial (160.000 refugiados), ya expirado, solo se ha conseguido trasladar a 31.500 personas desde Grecia e Italia. Polonia, República Checa y Hungría, por su parte, continúan con su particular sublevación y se niegan a abrir las puertas: «Espero que revisen su posición y empiecen a reubicar. Los procedimientos de sanción siguen su curso. Si nada cambia, la Comisión tiene el poder de llevar las cosas un paso más allá», amenazó Avramopopulos. El griego sí pidió a los países del sur más rapidez con las expulsiones de quienes no tienen derecho al asilo. No quiso hablar de deportaciones sino de «retornos» y se negó a hablar de la UE como una «fortaleza»: «No estamos cerrando nuestras puertas, pero queremos una inmigración ordenada y segura».

«La UE coopera con Libia»

Entre malabares políticos y eufemismos, el comisario tuvo tiempo para defenderse de las acusaciones del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Raad al Hussein, quien acusó el miércoles a la UE de ser cómplice de las devoluciones de migrantes a manos de los guardas costeros libios y de las terroríficas e «inhumanas» condiciones en las que se encuentran cerca de 20.000 migrantes en centros de detención libios. «La UE coopera con las autoridades libias para ayudar a esta gente, pero sabemos que Gobierno, desafortunadamente, no tiene pleno control de la situación en el país. La frontera sur sigue fuera de control y todos los esfuerzos que hemos hecho conjuntamente siguen siendo insuficientes», justificó el griego. «No es la UE la que ha creado este sistema inhumano en Libia», defendió la portavoz comunitaria, Catherine Ray.

La situación, grave, volvió a visualizarse el miércoles. La fiscalía de la ciudad italiana de Salerno comunicaba que cerca de cien personas desaparecieron en el Mediterráneo en el naufragio del 3 de noviembre, cuando intentaban llegar a Europa.

Escándalo por un vídeo de subastas de «esclavos» en Libia

d. m.

«¿Cuatrocientos? ¿Setecientos? ¡Ochocientos! ¡Hemos llegado a ochocientos! ¿Novecientos? ¿Mil cien? ¡Vendido por 1.200 dinares!». El tipo que dirige la subasta habla como un vendedor cualquiera que busca colocar su mercancía al mejor postor. Él no comercia con cajas de pescado ni con obras de arte, sino con seres humanos. En concreto, con «muchachos grandes y fuertes para trabajar en el campo». Así presentó a los inmigrantes africanos que fueron comprados por entre 400 y 800 euros cada uno en un mercado de esclavos celebrado el pasado mes de agosto en Libia. Las imágenes, recogidas por la televisión estadounidense CNN, suponen el último documento gráfico del sinfín de abusos de todo tipo que sufren los desplazados cuando llegan al país norteafricano con la esperanza de cruzar el Mediterráneo y establecerse en Europa.

Pacto secreto

Con el pacto secreto al que llegó el Gobierno italiano con las milicias libias a principios del verano para que no zarparan más naves cargadas de inmigrantes, estos han quedado atrapados en el infierno en que se convirtió Libia tras la caída del régimen de Muamar Gadafi en el 2011. La polémica que rodeó aquel acuerdo se ha renovado con este vídeo, cuya autora asegura haber visto otras subastas celebradas por la noche a las afueras de Tripoli.

Las imágenes, grabadas con cámara oculta, llegan después del informe de Naciones Unidas acerca de las condiciones que afrontan los desplazados en el país norteafricano mientras esperan su oportunidad para llegar a Europa.

El documento incluye testimonios de algunas personas retenidas en estos centros, como Tarik al-Matar, quien malvive junto a otros 2.000 desafortunados en un hangar sin baños. «Estamos como en una caja de cerillas. No dormimos. Tenemos enfermedades. No tenemos comida. No nos hemos duchado en meses. Moriremos todos si no nos sacan de este sitio. Esto es un calvario», contó. Otros extranjeros denunciaron igualmente sufrir palizas mientras que las mujeres, aseguraron haber sido víctimas de violaciones y abusos sexuales.

En el Gobierno italiano ha sentado muy mal la denuncia. «Si organismos de Naciones Unidas han podido actuar en Libia con visitas a centros de acogida, realizando miles de repatriaciones voluntarias se debe al esfuerzo de Italia y de Europa», reclamó el miércoles el ministro del Interior italiano, Marco Minniti. Por su parte, El primer ministro, Paolo Gentiloni, comentó con orgullo hace unos días que Italia es el único país europeo con una política migratoria «decente».

Tusk, preocupado porque España se convierta en un país «de primera línea de llegada»

c. p.

¿Por qué el Gobierno español no cumplió con su promesa de reubicar a los 9.323 refugiados asignados por Bruselas? Poco tardó el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, en abandonar su compromiso de alcanzar la cifra a toda costa. A pesar de la predisposición de algunos ayuntamientos y Comunidades Autónomas a abrir sus puertas, España solo ha recibido a 1.301 personas desde septiembre del 2015, 1.096 desde Grecia y 205 desde Italia.

Las promesas y la buena voluntad dejaron paso a las excusas y, finalmente, a la pasividad y el incumplimiento al cierre del pasado mes de septiembre. Fuentes diplomáticas españolas se justificaban antes de verano. Primero culparon a las autoridades griegas e italianas de ser muy lentas identificando, registrando y tramitando las solicitudes de asilo. Luego aseguraron que el programa de cuotas no había funcionado y que solo sobre la base de voluntariedad se podría persuadir a los Estados miembro. Hay más. Un alto cargo diplomático apuntaba en dirección al Mediterráneo occidental.

El Gobierno español justifica con la boca cerrada sus timoratos esfuerzos de acogida porque los datos apuntan a que a las puertas del país se está gestando una nueva crisis migratoria, coincidiendo con los planes europeos de contención migratoria en Libia, el descenso de las llegadas a Italia y la incertidumbre política en Marruecos.

Una crisis como la del 2006

Las cifras bailan, pero confirman que España podría revivir la crisis de los cayucos del 2006. Frontex calcula que entre enero y agosto de este año hasta 13.364 personas alcanzaron España procedentes de Marruecos, Costa de Marfil y Guinea. La Organización Mundial para las Migraciones (OIM) calcula que llegaron unas 13.600 en todo el año. Salvamento Marítimo detectó 650 pateras y rescató a 11.000 personas. Cruz Roja asegura haber atendido a unas 15.000.

La situación no pasó desapercibida para el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, quien en octubre instó desde Estrasburgo a buscar un consenso entre los Estados miembro y la Eurocámara para reformar la política de asilo de la UE y ayudar a los países en primera línea de llegada a gestionar crisis humanitarias graves. Ahí mencionó a España, que está en el punto de mira de los expertos en migraciones y la propia Comisión Europea.

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