May blanquea el acuerdo del «brexit» y maquilla su derrota al volver a Londres

Bruselas considera que es un «pacto entre caballeros» que debe ser respetado

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Bruselas / corresponsal

«No habrá nada acordado hasta que todo esté acordado». La primera ministra británica, Theresa May, echó mano ayer de este famoso mantra para justificar ante la Cámara de los Comunes las doloras concesiones que tuvo que hacer en la madrugada del viernes para cerrar el acuerdo preliminar del «brexit», un paso indispensable para empezar a negociar la relación comercial con la UE una vez que abandone el barco en marzo del 2019.

Bruselas queda atrás. De vuelta a casa, May se ha encontrado con la presión de los defensores del brexit duro, quienes la acusan de capitular ante los Veintisiete. La premier niega la derrota y trata de mantener su Gobierno en pie a base de malabares. A Bruselas le dijo lo que quería oír, pero sus compromisos no tienen base legal que los ampare y a eso se aferra el Ejecutivo británico: «Formalmente hablando, el informe conjunto no es jurídicamente vinculante porque todavía no es el acuerdo de salida del brexit, reconoció ayer el portavoz de la Comisión Europea, Margaritis Schinas. Es más, para Bruselas las 16 páginas pactadas sobre el divorcio son solo «un pacto entre caballeros» que debe ser respetado por los británicos.

No parece que al otro lado del Canal de la Mancha haya apetito. Una vez más, Londres juega a convertir cualquier acuerdo en un trampantojo de libre interpretación. Triquiñuelas que pueden traer incertidumbre y problemas para los ciudadanos europeos desplazados al Reino Unido. May dejó ayer claro que quienes lleven viviendo más de cinco años en el país en la fecha de salida podrán optar al estatus de «asentado», un término nuevo para diferenciar a ciudadanos de pleno derecho frente al resto. También rebajó la ambición del acuerdo sobre la supervisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE). Los tribunales británicos solo «tendrían en cuenta» la jurisprudencia más relevante sobre los derechos de los comunitarios «cuando sea apropiado».

El diablo se esconde en los detalles, aunque a veces se manifieste de forma más explícita en los discursos del ministro británico de Exteriores, Boris Johnson, quien da por hecho que lo acordado con Bruselas es una «declaración de intenciones», pero no algo «legalmente aplicable», y deja entrever que no pagarán la factura de 45.000 millones de euros por el divorcio si no se cierra un acuerdo comercial antes de abandonar la UE. Eso sí, niega haber amenazado con retirarse del acuerdo del brexit si no se encontraba solución para la frontera irlandesa. «Malas interpretaciones», aseguró.

Bruselas trata de atar en corto a los prestidigitadores del Gobierno de May y les recuerda que «hay un claro entendimiento de que el acuerdo está apoyado y refrendado por el Gobierno británico». La puerta a la fase dos de las negociaciones, que contempla la prórroga de dos años y los arreglos de cara a la futura relación con la UE, podría abrirse definitivamente en la cumbre de líderes europeos del viernes. Puede que algún socio no se fíe de las intenciones de los británicos. Si es así, Londres volverá a encallar.

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