Un motín «tory» contra May hace tambalear las condiciones del «brexit»

La UE le exige un texto legal para el divorcio, que tendrán que pasar por Westminster

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Bruselas / corresponsal

Nadie se fía del Reino Unido. Ni las cancillerías europeas ni las instituciones comunitarias dan credibilidad al «pacto entre caballeros» sellado entre Londres y Bruselas la semana pasada. Solo han pasado siete días y sus líderes exigen a voz en grito garantías de que la primera ministra británica, Theresa May, respetará el acuerdo sobre las condiciones del brexit. «No habrá conversaciones sobre la relación futura si los principios del acuerdo no se implementan», advirtió ayer el presidente de la Eurocámara, Antonio Tajani, tras la aprobación de una resolución en pleno para dar luz verde a la segunda fase de negociaciones. Los líderes de los Veintisiete abrirán mañana la puerta a esa segunda ronda durante la cumbre europea que se celebra estos días en Bruselas. Aun así, dudan de la verdadera voluntad del Gobierno británico de cumplir sus compromisos después de que su ministro de Exteriores, Boris Johnson, sugiriese que romperían los acuerdos de divorcio si no lograban forjar un acuerdo comercial con la Unión Europea.

Un trato bien cerrado

Bruselas exigió ayer a Londres que convierta el papel mojado en un texto legal: «No aceptaremos ningún paso atrás (...) No hay posible involución. Esto se va a plasmar en un documento de retirada jurídicamente vinculante que formará parte del acuerdo final», insistió el negociador europeo, Michel Barnier. El francés quiere dejar el divorcio bien cerrado, sin resquicios para trampantojos o triquiñuelas. El responsable del brexit por el Parlamento Europeo, Guy Verhofstadt, dio un voto de confianza a Londres: «Hablé con Davis (negociador británico) y me dijo que ni él ni el Gobierno quiere dar marcha atrás», aseguró el liberal antes de pedir que se redacte en las próximas semanas el acuerdo de retirada definitivo. Pero los deseos van por un lado y la realidad por otro.

La premier tiene muy difícil poder cumplir su promesa. Mucho más después de la magna derrota que encajó ayer en la Cámara de los Comunes, donde la oposición y algunos diputados tories rebeldes lograron sacar adelante una enmienda que obligará al Gobierno a someter el acuerdo del brexit a votación en el Parlamento de Westminster. La frágil figura de May se tambalea como nunca. Su futuro incierto añade más incertidumbre al divorcio.

A partir de mañana comienza una nueva etapa negociadora en la que se deberá aclarar, en primer lugar, la extensión y las condiciones de la prórroga de dos años solicitada por May para desconectarse de la UE poco a poco, evitando turbulencias y manteniéndose dentro del mercado único. Se calcula que las conversaciones se alargarán hasta marzo, cuando se podría empezar a explorar el acuerdo de libre comercio. Pero para llegar ahí habrá que sortear varios obstáculos, entre ellos Gibraltar. ¿Se aplicará ese período transitorio al Peñón? Dependerá del hambre que tenga España por renegociar el futuro del territorio en disputa. «Estará en manos de los dos países decidir si sigue en la unión aduanera durante ese período (...) Existe un entendimiento razonable para buscar la forma de convivir en la zona sin fricciones», asegura una alta fuente diplomática.

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