Trump encara un año de acoso por su talón de Aquiles, el «Rusiagate»

Los avances en la investigación indican que la trama lo pondrá contra las cuerdas

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nueva york / corresponsal

Dada la naturaleza caprichosa y voluble del hombre más poderoso del mundo, las previsiones en EE.UU. de cara al año que entra están lejos de ser tranquilizadoras. Donald Trump cierra el 2017 con una importante victoria legislativa bajo el brazo tras la aprobación de la reforma fiscal, pero la percepción en Washington es que se le viene encima un 2018 de tormento y acoso.

El revés sufrido por el candidato republicano en la carrera senatorial de Alabama, Roy Moore, supuso una inesperada derrota que redujo una ya delgada mayoría de los conservadores en el Senado, lo que preocupa sobremanera en la Avenida Pensilvania. Y es que, aunque Trump ha pasado esta última semana en su club de Mar-a-Lago, en Florida, jugando al golf y tuiteando como si nada, los fontaneros de la Casa Blanca no han tenido tanto tiempo libre, ocupados en ultimar una remodelación supervisada por el jefe de gabinete, John Kelly, que afectaría a la asesoría política del ala oeste, el sector más próximo al presidente.

Según The Washington Post, los movimientos se deben, entre otras cosas, a los avances que debe registrar en los próximos doce meses la investigación sobre la injerencia rusa que vincula a la campaña de Trump y que dirige el fiscal especial Robert Mueller, asunto en el que los números son muy importantes. Si el Partido Republicano sigue perdiendo fuelle en las legislativas del próximo año, Trump podría verse metido en problemas ante las ganas que tienen los demócratas de impulsar un impeachment o juicio político contra el neoyorquino.

A lo largo del 2017, muchas han sido las ocasiones en las que Capitol Hill ha sido un hervidero de rumores sobre esta posibilidad. Motivos no han faltado: reuniones ocultas entre emisarios rusos y el yerno del presidente, encuentros entre el hijo mayor de Trump y una letrada del Kremlin y hasta cuatro acusaciones contra antiguos asesores del republicano, de los cuales dos, reconocieron haber mentido al FBI. Fue el caso del exasesor de campaña, George Papadopoulos y del exasesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, uno de los peces gordos del Rusiagate.

Este último, precisamente, será uno de los rostros del 2018 puesto que se le supone conocedor de los entresijos de una trama que podría acabar en una citación al propio presidente Trump, ya no tanto por colusión electoral con los rusos sino por obstrucción a la justicia tras las supuestas presiones y posterior despido del exdirector del FBI, James Comey, el pasado mes de mayo.

De ser así, el carácter impulsivo del magnate podría llevarle a recurrir a un perdón presidencial (que ya ha consultado con sus abogados), o incluso a intentar apartar a Mueller para salvarse a sí mismo, un extremo también estudiado según varios medios nacionales, aunque con muy pocas posibilidades de prosperar dado el rechazo que ha generado incluso entre republicanos. 

Nueva contraofensiva

En los últimos días el neoyorquino ya ha dejado entrever un curioso cambio de narrativa que podría ser la antesala de una nueva contraofensiva. Después de meses refiriéndose a las informaciones de la trama rusa como fake news [informaciones falsas] y negando cualquier tipo de colusión, el republicano aseguró el pasado viernes que «incluso si hubo colusión con Rusia, no es delito».

Durante una entrevista con The New York Times, Trump defendió sin reparos tener «todo el derecho a hacer lo que quiero hacer con el Departamento de Justicia» y deseó poder ser «tratado con justicia». No será fácil para alguien cuyo carácter le empuja contra todo aquel que le lleva la contraria. Sea como fuere, la relación con el Gobierno ruso ha sido en 2017 y será en 2018 su verdadero talón de Aquiles. Mal que le pese, el destino de Trump seguirá unido al Mueller y a las dos investigaciones abiertas en el Capitolio.

La Casa Blanca despide al consejo encargado de combatir el sida

En Estados Unidos no hay día sin controversia. La última es que la Casa Blanca despidió al consejo de asesores para la lucha contra el VIH/sida en lo que, según Reuters, todavía no está claro si se trata de una remodelación del organismo o de la disolución de hecho que temen algunos de sus antiguos integrantes dada la inacción de la que acusan a la actual administración en la lucha contra la enfermedad. Los ceses, enviados por carta y sin aportar explicaciones, tienen lugar después de que seis de los 16 miembros del consejo abandonaran voluntariamente el grupo el pasado junio, acusando a Trump de ignorar todas sus propuestas. «Simplemente no le importa», escribió uno de los que arrojaron la toalla, Scott A. Schoettes. «La Administración Trump no tiene estrategia alguna para combatir la epidemia, no admite la opinión de expertos y, lo más preocupante, está impulsando una legislación que va a dañar a quienes viven con el VIH y revertirá o paralizará las importantes victorias que hemos conseguido en la lucha contra esta enfermedad», se lamentó.

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