Austria presiona a Merkel para que no secunde el plan de Francia para la UE

La canciller advierte a Sebastian Kurz que vigilará «con atención» a su Gobierno

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berlín / corresponsal

Sebastian Kurz sigue empeñado en demostrar a todos que su Gobierno es europeísta. Tras visitar Bruselas al día siguiente de ser investido y Francia la semana pasada, el canciller austríaco llegó ayer a Alemania para reunirse con Angela Merkel, con la que discrepa sobre política migratoria y los planes de Emmanuel Macron para reformar la UE. Aunque ambos líderes conservadores coincidieron en aprobar medidas para «reforzar la seguridad en las fronteras» y combatir así las mafias de los traficantes de personas, Kurz volvió a rechazar la reubicación de refugiados desde Grecia e Italia por la que aboga Merkel.

La canciller marcó distancias con el jefe del nuevo Ejecutivo austríaco, que nació en diciembre fruto de una alianza con el partido ultraderechista FPÖ. «Os vamos a juzgar por vuestros hechos», declaró Merkel dándole así un voto de confianza a Kurz, que calificó a su país de «democracia con elecciones libres y justas» y a su Gobierno de proeuropeo. «Una UE fuerte y segura» es la apuesta común de ambos mandatarios, que en el ámbito económico acordaron coordinarse con los otros «contribuyentes netos» para lograr un presupuesto más eficiente, sobre todo de cara a la negociación del brexit en Bruselas.

Eso sí, mientras que la canciller se mostró dispuesta a garantizar inversiones «limitadas» a ciertos países de la eurozona, su par austríaco se opone de lleno y aspira a restarle poder a las instituciones comunitarias, al contrario que el presidente francés. En un editorial publicado el día anterior por el Frankfurter Allgemeine, Kurz ya se mostró «escéptico» ante la propuesta de Macron de crear un presupuesto común europeo. Un plan al que la CDU/CSU de Merkel y el SPD de Schulz acaban de dar el visto bueno en su principio de acuerdo para reeditar la gran coalición, pese a que levantaba ampollas entre los conservadores.

A ese punto precisamente se refería ayer la canciller cuando hablaba de «duras concesiones» por parte de su formación y que a cambio echó por tierra muchas de las reivindicaciones de los socialistas, como la subida de impuestos a las rentas más altas o el fin de los contratos de trabajo temporales. Por ello, el ala izquierdista y las juventudes del SPD aseguran que el pacto es una «declaración de bancarrota» para el partido y se han movilizado para bloquearlo el próximo domingo, cuando los 600 delegados socialdemócratas decidirán en un congreso extraordinario si pasar o no a la fase de negociaciones formales con la CDU/CSU.

El partido, que cosechó su peor resultado en las elecciones del 24 de septiembre, tiene un dilema: seguir desgastándose junto a Merkel o precipitar al país al abismo. Consciente de que la gran coalición es la única vía para evitar un Ejecutivo en minoría, con la inestabilidad que conlleva, y nuevos comicios que solo fortalecerían más a la ultraderecha, la cúpula del SPD hace campaña por el sí. El primero de ellos Schulz, que habla de un preacuerdo «suficiente» para seguir dialogando, ante la presión de muchos correligionarios para modificarlo. «Los puntos clave no pueden volver a negociarse. Solo cambios mínimos», respondía la canciller.

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