Trump tensa la relación con Rusia con una lista negra de «amigos» de Putin

Putin considera un «acto hostil» la inclusión de 114 políticos y 96 oligarcas rusos

Mijaíl Projorov, Roman Abramovich, Dimitri Medvedev y Oleg Deripaska
Mijaíl Projorov, Roman Abramovich, Dimitri Medvedev y Oleg Deripaska

Nueva York / correpsonsal

En un intento de sacar músculo el día de su primer discurso sobre el estado de la Unión, Donald Trump avaló ayer la difusión de «lista Putin»: 114 políticos y 96 oligarcas próximos al presidente ruso. La lista negra fue elaborada por la Administración Trump por mandato del Congreso tras la aprobación en agosto de una ley de sanciones en respuesta a la presunta injerencia rusa en las elecciones del 2016 y en la guerra en el este de Ucrania.

La lista, hecha pública por el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, no incluye sanciones concretas, lo que fue criticado por varios legisladores. Un postura que aviva el debate sobre si el republicano es demasiado blando con el Kremlin y por qué. «Trump ya ha demostrado su dureza con Rusia», defendió su fiel asesora, Kellyanne Conway.

Conscientes del error, Mnuchin no tardó en responder a los legisladores que «de ninguna manera debería interpretarse que no vamos a poner sanciones a nadie de esa lista». «Lo haremos en un futuro próximo», añadió.

Acto hostil

La medida enfureció a Rusia. «Es un acto hostil que daña unas relaciones que ya se encuentran una situación complicada», respondió Putin en una reunión de campaña a pocos metros de la plaza Roja. Aunque, por el momento decidió no responder. «Es una auténtica tontería llevar nuestras relaciones a cero», dijo.

En la lista de Putin están prácticamente todos los artífices de la política y la economía de Rusia, salvo el propio presidente, que ayer se mostró «ofendido» por no haber sido incluido. Desde el primer ministro, Dmitri Medvédev, y el titular de Exteriores, Serguéi Lavrov, a oligarcas que amasaron fortunas superiores a los mil millones de dólares, entre ellos Roman Abramovich, dueño del Chelsea; Mijaíl Projorov, propietario de los Nets de Brooklyn, y Oleg Deripaska.

Desde sus inicios como presidente de EE.UU., la relación entre Trump y el Kremlin ha sido analizada con lupa desde el Capitolio, en medio de las pesquisas del Rusiagate que investiga además una posible obstrucción a la Justicia por parte del neoyorquino. Es por ello que el momento elegido para hacer pública la lista estuvo bien medido por parte de la Administración, que apuró los plazos hasta el final , la medianoche, y así blindar la supuesta «dureza» de Trump, el día de su alocución ante las dos cámaras legislativas.

En paralelo, los republicanos en el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes votaron a favor de publicar un memorado en el que se alega que el FBI y el Departamento de Justicia utilizaron indebidamente la vigilancia gubernamental durante la investigación de la injerencia rusa. Entre otras cosas, el texto aborda el famoso dossier elaborado por un exespía británico en el que se detallan diversas acusaciones contra el magnate.

La publicación del memorando está ahora en manos del presidente Trump que tiene cinco días para decidir si sale o no a la luz.

Infraestructuras e inmigración, las prioridades del 2018

Economía, comercio, infraestructura e inmigración. Como adelantó ayer la Casaba Blanca estos eran los cuatro pilares del primer discurso del estado de la Unión de Donald Trump. El presidente de EE.UU. tenía previsto mostrar una nación orgullosa de sí misma y más fuerte, apoyado en los datos macroeconómicos que hablan de un crecimiento anual del 3 %, récords históricos en la bolsa, una bajada en la tasa de desempleo situada en el 4,1 % y la mayor reforma fiscal del país en varias décadas. «¡Estamos en el camino correcto!», clamó el republicano horas antes de su alocución en Capitol Hill.

El discurso, que marca el inicio del segundo año de su presidencia, pretendía ser una oda a los métodos del magnate para impulsar el progreso económico basado en una mayor confianza que llevará a las empresas a volver a invertir en EE.UU., en aras de su célebre lema de campaña Make America first again, y promover además un ambicioso plan de infraestructuras por valor de 1,7 billones de dólares. «Los estadounidenses van a sorprenderse de todo lo que hará Trump en los próximos siete años», anticipó la Casa Blanca.

Como marca la tradición, el presidente debía hacer balance de su primer año y desarrollar las prioridades para el 2018, entre las que está la inmigración. Entre ellas su propuesta de ofrecer la ciudadanía a medio plazo a 1,8 millones de jóvenes indocumentados conocidos como dreamers (soñadores) a cambio de 25.000 millones de dólares para el muro fronterizo con México y un endurecimiento de los programas contra la inmigración legal.

La minoría demócrata del Congreso -cuya réplica en inglés estuvo a cargo de Joe Kennedy, el sobrino nieto de JFK, y en español, por Elizabeth Guzmán- invitó al discurso a varios dreamers, así como a Cindy García cuyo esposo fue deportado tras 30 años viviendo en EE.UU. «Quiero que [Trump] diga cómo puede justificar lo que le hicieron a mi marido, que no tiene antecedentes criminales». En contraposición, la Casa Blanca invitó a la madre de una menor asesinada por la MS-13, una pandilla salvadoreña que el magnate suele mencionar cuando denuncia los peligros de la inmigración.

Trump se dirige a los estadounidenses como el presidente con la aprobación más baja entre un 30 % y 40 % en su primer año de mandato. Según un sondeo de Associated Press, solo tres de cada diez encuestados creen que el país se mueve en la buena dirección y un 67 % considera que EE.UU. está más dividido por culpa del neoyorquino. El presidente ha mantenido intacta a su base de votantes que sigue siendo fiel a sus cuestionados métodos y tormentas tuiteras.

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