La derrota que ganó la guerra

Vietnam recordó ayer el inicio hace cincuenta años de la ofensiva del Tet, que cambió el rumbo de la contienda

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redacción / la voz

Acababa enero y era 1968. Fue la derrota que, a la postre, decantó el desenlace de la guerra. La tregua tácita con motivo del Tet, -el Año Nuevo Lunar- pactada entre el Gobierno de Vietnam del Sur y los comunistas norvietnamitas, que llevaban años en contienda a cuenta de la polarización del país tras la Guerra de Indochina, acabó de manera inesperada. Miles de combatientes del ejército de Vietnam del Norte y del Vietcong lanzaron una ofensiva contra la marioneta norteamericana que entonces ocupaba las ciudades del sur. Fue la victoria de David contra Goliat a pesar de que las tropas no lograron controlar las zonas enemigas conquistadas y las bajas de los guerrilleros superaron las 40.000. Resulta que no era una simple guerrilla de sublevados como fantaseaban en el bando contrario. Los comunistas atacaron a lo grande posiciones estadounidenses y survietnamitas a lo largo y ancho de Vietnam del Sur. Pero las intenciones del que ya era un ejército en toda regla iban más allá de hecho, durante tres semanas llegaron incluso a atacar enclaves emblemáticos en Saigón como la embajada de Estados Unidos o la sede de la Armada.

A pesar del gran despliegue, el Vietcong no logró controlar las zonas enemigas conquistadas. Pero el triunfo se escondía bajo el rechazo y la indignación que causó en la población estadounidense la participación en una gran guerra que ya estaba desgastada y de la que no se atisbaba final. Lyndon B. Johnson, que entonces ocupaba el Despacho Oval, tuvo que asumir que Estados Unidos ya no gozaba de la inmunidad que se le atribuía cuando descubrió que los norvietnamitas le habían ganado un pulso que a priori todos pensaban iba a ganar la gran potencia. Ayer lo conmemoraron en la ciudad de Ho Chi Minh.

En Washington se dieron de bruces con dos realidades. En la militar quizás salieron airosos porque pudieron destruir, en aquel momento, casi en su totalidad al Vietcong, pero en el plano político las consecuencias fueron bien distintas. La credibilidad del Gobierno se desdibujaba con cada imagen y titular que ofrecían los medios de comunicación. La guerra de Vietnam era ya la guerra de la desinformación, pero la ofensiva del Tet fue su culmen. Los ciudadanos estadounidenses asistían atónitos a la primera contienda televisada. Se horrorizaban viendo cómo los civiles caían, cómo la teoría del dominó de Eisenhower hacía sangrientos estragos y cómo un aterrorizado hombre era asesinado a quemarropa en una imagen que fue el revulsivo a largo plazo para que las protestas que coleaban desde 1963 surtieran efecto. La contienda duró siete años más. Dejó un balance de más de tres millones de civiles muertos, unos daños en el medio ambiente irreparables y la memoria colectiva plagada de espantosas imágenes como la de «la niña del napalm» que la sociedad no quiso tolerar. Surgió el movimiento pacifista y se asentó la idea de que la lucha cívica en la calle es un gran arma de presión.

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