La marcha del número tres ahonda la crisis en el departamento de Tillerson

Thomas Shannon se une a la lista de diplomáticos de carrera que dejan Exteriores

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Nueva YOrk / corresponsal

Tras 35 años de carrera y seis presidencias, el diplomático de más antigüedad del servicio exterior de Estados Unidos, Thomas Shannon, anunció este jueves su marcha del Departamento de Estado. Su baja es un nuevo golpe para ese ministerio, que no ha dejado de vaciarse de diplomáticos de carrera y larga experiencia desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, y se conoce apenas unas horas antes del inicio de la primera gira de su titular, Rex Tillerson, a Latinoamérica, una región de la que Shannon es un gran conocedor y, últimamente, una figura clave en la política estadounidense hacia Venezuela.

A pesar de que adujó cuestiones personales para su renuncia como subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, sin rastro de insatisfacción política, su marcha se produce en un momento en el que la moral de los diplomáticos está baja. Las numerosas vacantes en el departamento, así como los recortes del presupuesto ordenados por la Administración Trump han contribuido a una larga lista de quejas de las que Shannon ha sido testigo en primera persona.

Shannon ha aceptado permanecer en su posición hasta que se nombre un sucesor y así, garantizar una transición sin problemas. Dada la lentitud de Trump para designar altos cargos, el remplazo no será a corto plazo teniendo en cuenta que requiere además la confirmación del Senado. El estado de Exteriores ha sido descrito por fuentes internas como «un caos». Trece cargos de subsecretario y decenas de puesto en embajadas siguen vacantes y sin nominaciones a la vista.

El retiro de Shannon tiene lugar en medio de las crisis abiertas por la Administración y un jefe de la diplomacia muy cuestionado. «Es triste, pero es una decisión que respetamos», dijo este jueves Tillerson. Shannon ha desempeñado parte de su carrera diplomática en América Latina y en cargos relacionados con la región. En la gestión de la crisis con Venezuela fue cuestionado por algunos sectores por tratar de contener la imposición de sanciones a dirigentes del chavismo y por apostar a una salida negociada con Nicolás Maduro. Una de sus última visitas ha sido a España para abordar el tema con el Gobierno de Rajoy

A sus 60 años, Shannon ha estado a las órdenes de seis presidentes y diez secretarios de Estado. «Todos han sido servidores públicos extraordinarios y grandes estadounidenses», añadió con orgullo. Ocupó diferentes cargos en las embajadas de Guatemala, Brasil y Venezuela, antes de ser el representante en la Organización de Estados Americanos (OEA) y subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, bajo el mandato de George W. Bush. Como prometió, se jubila un año después de supervisar la transición al Gobierno de Trump.

Un explosivo informe enfrenta a Trump con el FBI

Qué sabía exactamente Donald Trump y quién le informaba. Estas son algunas de las preguntas que el fiscal del Rusiagate, Robert Mueller, tratará de responder en las próximas semanas con una posible citación del presidente. En dicho interrogatorio, el fiscal tendrá especial interés en profundizar sobre el papel que tuvo el republicano tras conocerse que su primogénito se había reunido con una abogada rusa próxima al Kremlin en la Trump Tower. Según The New York Times, Mueller quiere saber más sobre el primer comunicado que trascendió de la cita y que de hecho mentía sobre la misma. Dicha declaración fue redactada desde el Air Force One por lo que el interés del fiscal es evidente.

En un intento de blindaje presidencial, los republicanos tratan de convencer a la Casa Blanca de que publique el memorando que cuestiona la integridad del FBI y en el que acusan a su director, Christopher Wray, de espiar la campaña electoral de Trump. «Apreciamos a nuestro director quien siempre ha trabajado codo con codo con todos nosotros para mantener al país seguro frente al crimen», declaró la Asociación de Agentes del FBI en un comunicado, ante los rumores de una posible dimisión de Wray.

Los republicanos votaron el lunes hacer público el informe redactado por uno de los suyos: Devin Nunes, presidente de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes y fiel amigo del magnate. Tanto el FBI como los demócratas advirtieron que varios extractos del mismo habían sufrido cambios «sustanciales», sin el consentimiento ni la aprobación de la comisión. «El texto busca desacreditar al FBI y las pesquisas de Mueller», denunció el demócrata de mayor rango de dicho comité, Adam Schiff, tras pedir una nueva votación la próxima semana. «No se preocupe, 100 %», respondió a la petición del congresista republicano Jeff Duncan de sacar a la luz el informe. Dicho y hecho, el presidente comunicará «probablemente» este viernes al Congreso que está de acuerdo con la publicación, según adelanto un alto funcionario del Gobierno en el avión presidencial.

Además de a Wray, el memorando también cuestiona la labor del subsecretario de Justicia, Rob Rosenstein, quien por cierto fue quien designó a Mueller como fiscal especial del Rusiagate.

Los datos desmienten al presidente: su discurso no fue el más visto de la historia

Trump insiste en mentir a los estadounidenses. En un habitual tuit mañanero anunció que su discurso sobre el estado de la Unión había sido el de más audiencia: «45,6 millones de personas lo vieron, la cifra más elevada de la historia». Los datos dieron al traste con su particular visión de la realidad. Sus números se quedaron lejos de los 48 millones del primer estado de la Unión de Barack Obama. Es más, el propio discurso de Trump en el Congreso pocos días después de asumir la presidencia el 2017 tuvo más audiencia: 47,8 millones. Tampoco tuvo en cuenta las audiencias de sus predecesores Bill Clinton o George W. Bush. El primero fue seguido por 53 millones de personas en su alocución de 1998, mientras que Bush consiguió que 51,7 millones viesen su discurso del 2002, meses después de los ataques terroristas del 11S.

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