La UE advierte al Reino Unido de que no está garantizada la prórroga del «brexit»

El divorcio ha vuelto a encallar cuando apenas parecía despegar la segunda fase del proceso

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bruselas / corresponsal

«Siendo franco, el período de transición a día de hoy no está garantizado», declaró ayer el negociador europeo del brexit, Michel Barnier, para poner el broche a una de las rondas de negociación más tensas y decepcionantes que se recuerdan en Bruselas. El divorcio entre el Reino Unido y la UE ha vuelto a encallar cuando apenas parecía despegar la segunda fase del proceso. «Estoy sorprendido con estos desacuerdos», aseguró Barnier tras admitir que las conversaciones mantenidas esta semana en Londres con su homólogo británico, Davis Davis, y la premier, Theresa May, han sido desastrosas.

Los británicos no renuncian a la estrategia de seguir retorciendo la letra de los acuerdos para conseguir una transición de dos años a la carta. Quieren acceso al mercado único sin la jurisdicción del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), sin garantizar los derechos de los europeos que arriben al país durante la prórroga y sin rendir cuentas ante ningún mecanismo de resolución de disputas. La sola mención que hizo Barnier a la creación de un organismo con competencias para sancionar al Reino Unido durante la desconexión en caso de incumplimiento de los términos provocó un terremoto al otro lado del Canal de la Mancha. Davis acusó al galo de actuar de «mala fe» y con afán de «castigo», de cancelar reuniones para obstaculizar el proceso y de tener una actitud «descortés» al publicar los documentos sobre la posición negociadora de la UE.

El francés no escondió ayer su irritación y respondió a las acusaciones del británico desde el atril de la Comisión Europea. «Queremos garantizar plena transparencia. No encontrarán en mi actitud la menor traza de descortesía o voluntad de castigar», sostuvo. Y no solo eso. Bruselas apunta a Londres como responsable de los retrasos. La UE le pidió a May detalles sobre sus planes para la relación futura con la UE. «No se pudo actualizar esta mañana por restricciones en la agenda de la parte británica», reveló Barnier. Un dardo directo al gobierno de la isla, que hace aguas. Las zancadillas de sus propios compañeros de filas, la presión de la oposición y las críticas de los empresarios han convertido la legislatura de May en una pesadilla que está lejos de terminar si no es por la vía de elecciones anticipadas. Sus socios europeos no están dispuestos a ceder ni un ápice. No habrá compasión. Barnier se lo recordó ayer a la premier: «Tienen que aceptar las consecuencias inevitables de su decisión».

A los británicos se les acumulan los problemas. La Comisión sigue esperando las «soluciones creativas» de Londres para evitar una frontera dura con Irlanda. Barnier quiere que el acuerdo de salida garantice que, a falta de ideas, Irlanda del Norte siga dentro del mercado único tras el brexit, algo difícil de digerir para los socios unionistas de May. Las posturas están totalmente alejadas en lo que se refiere a los derechos de los ciudadanos. La UE exige que se extiendan a los europeos que lleguen durante la prórroga (29 de marzo del 2019 al 31 de diciembre del 2020). Londres se niega.

Tampoco quiere oír hablar de un organismo paralelo al TJUE para resolver disputas urgentes durante la desconexión. Reino Unido deberá cumplir con toda la legislación europea si quiere seguir en el mercado único hasta el 2020. ¿Podrá desligarse de algunas normas? Bruselas ya le ha dicho que no. Si quieren los beneficios de un brexit suave «tienen que aceptar todas las normas y obligaciones hasta el final de la transición», zanjó Barnier.

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