Karen McDougal, la modelo Playboy con la que Donald Trump engañó a Melania

«The New Yorker» destapa todos los detalles de la relación extramatrimonial: citas clandestinas, transaciones financieras y pactos para ocultar la infidelidad


Fue en el 2006 y duró nueve meses. Por entonces, Donald Trump llevaba ya dos años casado con Melania; su hijo pequeño, Barron, apenas tenía unos meses de vida. Karen McDougal y el presidente estadounidense se conocieron durante el rodaje de uno de los episodios de El Aprendiz -el reality show del magnate- en la Mansión Playboy, en Los Ángeles. A la grabación le siguió una fiesta, y a la fiesta una relación que la modelo detalló en una carta que acaba de hacer pública en The New Yorker Ronan Farrow, el mismo que destapó las primeras acusaciones de abusos sexuales contra Harvey Weinstein

«Inmediatamente me gustó, siguió hablándome, diciéndome lo guapa que era», empieza relatando con su puño y letra McDougal en el extenso documento -ocho páginas- que el periodista recibió de manos de un amigo de la también actriz. En él, asegura que la relación fue totalmente consensuada, pero también que Trump y todo su equipo se dejó la piel para mantener el caso lejos de los titulares. Habla de citas clandestinas, de complejos acuerdos legales. También de desembolsos económicos para comprar su silencio: la modelo dice haber recibido 150.000 dólares de American Media, Inc., la editorial de National Enquirer, por los derechos exclusivos de una historia que nunca se publicó. Es una práctica habitual en el periodismo: hacerse con un testimonio para «matarlo». Para enterrarlo, para silenciarlo. El presidente de American Media, Inc. era, por supuesto, amigo personal de Donald Trump.

«Siento que no puedo hablar de nada sin meterme en problemas, porque no sé de lo que se me permite hablar -confiesa ahora McDougal-. Tengo miedo incluso de mencionar su nombre». El mandatario estadounidense, por su parte, ha negado rotundamente cualquier tipo de relación con la modelo, aferrándose una vez más al comodín de las fake news. ¿Y el grupo editorial? ¿Cómo explica haber gastado tal cantidad de pasta por una exclusiva que nunca llegó a los quioscos? Que no publicó la historia porque, sencillamente, no la consideró creíble.

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Durante años, McDougal cumplió su parte del trato con American Media, Inc.. Incluso cuando sus amigos más cercanos le expusieron sus reticencias ante el acuerdo con la editora de medios. Incluso cuando, 11 años después, Trump llegó la Casa Blanca. Pero un día, un tipo de su entorno que conocía la relación comenzó a publicar en sus redes sociales pormenores de su historia. Y la modelo, cansada de mantener la boca cerrada, decidió que si por alguien debía enterarse el mundo de su aventura con Trump era por ella misma y no por terceras personas. Y empezó a hablar.

El bungalow en el Hotel Beverly Hills

Tras aquella fiesta en la Mansión Playboy, el actual jefe del Ejecutivo estadounidense pidió a Karen McDougal su número de teléfono. Volvieron a verse poco después, en un bungalow privado en el Hotel Beverly Hills, donde la que fuera playmate en el año 1998 quedó completamente impresionada con la inteligencia -recuerda en su nota-, el encanto y la educación del multimillonario. Fue allí donde tuvieron su primer encuentro sexual. Al acabar, Donald Trump le ofreció dinero. «Lo miré, me sentí triste y le dije, 'no, gracias, no soy esa chica. Dormí contigo porque me gustas, no por dinero'. Él me dijo,'eres especial'», cuenta. 

Los detalles del relato de la modelo concuerdan con los comportamientos habituales del presidente de EE.UU.: dice que Trump siempre se quedaba en la misma cabaña del hotel californiano, que siempre pedía filete y puré de patatas, que nunca bebió. Las mismas rutinas que hace unos días describía la actriz porno Stephanie Clifford, a quien el abogado personal de Donald Trump ha reconocido haber pagado 130.000 dólares poco antes de las elecciones para que no hablase de su affaire. El mismo lugar en el que la exconcursante de El Aprendiz Summer Zervos aseguró haber sido acosada sexualmente por el republicano.

Durante los nueve meses que duró la relación entre Karen McDougal y Donald Trump, la modelo acompañó al presidente en eventos públicos varios por todo el país sin pagar ni un solo dólar por aquellos viajes. Cuando los billetes corrían por su cuenta, el magnate le reembolsaba el importe. Le presentó también a los miembros de su familia, asevera la modelo. La alojó en sus residencias privadas. Le prometió un apartamento en Nueva York como regalo de Navidad, terrenos en Tampa, en Florida.

McDougal dice haber puesto fin a la aventura con Trump en abril del 2017. Se sentía culpable, explica. «Ya no podía mirarse en el espejo. Y le preocupaba lo que su madre pensaba de ella», detalla el amigo de la modelo que hizo llegar su relato a Ronan Farrow. Si le quedaba alguna duda, la decisión fue apuntalada con varios comentarios obscenos del mandatario sobre una de sus amigas, consideraciones racistas sobre una relación esporádica de esta, un hombre afroamericano, y gestos despectivos sobre su madre -«esa vieja bruja»-.

«Si pudiera volver atrás y hacer las cosas de manera diferente, definitivamente lo haría», considera ahora la modelo. No puede, pero sí contar lo que pasó. Vive con el miedo a las consecuencias legales que le puede acarrear haber hablado, pero lo tiene claro. El movimiento #MeToo fue un gran empujón. «Cada niña que habla -está convencida-, allana el camino para otra».

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