México tembló pero la muerte cayó del cielo

El accidente de un helicóptero que iba a controlar los daños del seísmo dejó trece muertes en Oaxaca, el estado que revivió la tragedia tras el terremoto de septiembre

La tragedia llegó del cielo El accidente de un helicóptero que iba a controlar los daños del seísmo dejó trece muertes en Oaxaca

Los habitantes de Oaxaca no habían tenido el tiempo suficiente para que sus heridas cicatrizaran. Solo habían pasado cinco meses del terrible terremoto que en este estado dejó casi treinta muertos pero la pesadilla se hizo realidad. Se imaginaban que podía pasar, pero no con tanta antelación. Un nuevo seísmo azotó el sur del país el viernes, y aunque sembró el caos y castigó especialmente a Oaxaca, donde el temblor derribó algunas viviendas, no hubo que lamentar víctimas mortales. O al menos no como consecuencia directa del seísmo. Diferente fue lo que ocurrió minutos después en el aire, donde se fraguó la verdadera tragedia cuando un piloto perdía el control de un helicóptero que se dirigía al epicentro del terremoto para comprobar los daños. No pudo llegar, pues se desplomó a escasos 40 metros de su destino. Iban abordo el ministro de Gobernación y el gobernador de Oaxaca. Salieron indemnes, como el resto de la tripulación. Sin embargo, trece de las personas que se encontraban en tierra perecieron a causa del accidente. Entre los fallecidos hay tres menores, uno de ellos de cuatro meses.

La desoladora imagen del accidente del helicóptero, que además de los fallecidos dejó a quince personas heridas, casi se lleva por delante la postal de miedo y angustia que dejaron los mexicanos ante el terremoto del viernes. Y eso que estas emociones ganan en intensidad desde hace años en México, ya que a la pregunta de cuándo va a llegar el próximo temblor, cada vez encuentran antes la respuesta.

Pasó en Oaxaca. Pero también en los once estados donde se produjeron réplicas del seísmo. Entre ellos Chiapas, precisamente donde tuvo su epicentro el durísimo terremoto de septiembre. Las consecuencias volvieron a ser devastadoras: casas derrumbadas, carreteras cortadas, localidades enteras sin electricidad y hospitales evacuados cuyo personal tenía que atender a los pacientes a la intemperie.

En la capital del país, donde también se sintió el terremoto, de poco sirvió que la alerta sísmica avisase con cinco minutos de antelación a través de altavoces, avisos en los móviles y en los medios de comunicación. La sombra del terremoto que se llevó por delante más de 400 vidas hace cinco meses en el centro y en el sur del país se apoderó de todos, y las escenas de pánico se adueñaron de la población. Los servicios médicos tuvieron que asistir varias crisis nerviosas al tiempo que veían cómo los vecinos lloraban por la que parece una eterna desdicha.

Razón no les falta. Más allá del terremoto de septiembre, muchos aún recuerdan el seísmo que sacudió México DF hace casi 33 años. En 1985 más de 10.000 personas perecieron por un terremoto de magnitud 8,1 en la escala Richter que, además, derrumbó alrededor de 6.000 viviendas y puso sobre aviso a los mexicanos de la incompetencia del PRI, el partido que entonces -y ahora- estaba al frente del país, para resolver catástrofes de esta dimensión. El Gobierno, entonces, se sumió en una inoperancia que tuvo que solventar la ciudadanía.

Tras aquel seísmo nació el Centro Nacional de Prevención de Desastres, que promueve políticas públicas para la prevención de desastres». Un organismo fundamental si se tiene en cuenta que el país se encuentra en el conocido como Cinturón de Fuego del Pacífico, un área donde se concentran el 80 % de los terremotos más devastadores del mundo.

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