Los republicanos acosan al director del FBI por los fallos en el tiroteo de Florida

Las críticas se producen tras varios meses de ataques de Trump contra la agencia

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nueva york

Christopher Wray vuelve a estar en el punto de mira. El director del FBI es ahora el objetivo de las revisiones dirigidas por el fiscal general de EE.UU., Jeff Sessions, y de las críticas políticas encabezadas por el gobernador de Florida, Rick Scott, después de saberse que no se cumplió el protocolo de actuación tras las denuncias sobre la peligrosidad de Nikolas Cruz. «La falta de acción del FBI contra este asesino es inaceptable», cargó Scott tras pedir la dimisión de Wray.

El buró omitió las señales de advertencia que apuntaban que Cruz tenía «deseo de matar» y que podía llevar a cabo una masacre como la que finalmente causó el pasado miércoles en el colegio Marjorie Stoneman Douglas de Parkland. Las revisiones que a partir de ahora se realizarán desde el Ministerio de Justicia incluirán un estudio pormenorizado de los pasos seguidos por la policía federal que puede incluir una consulta con familiares, funcionarios de salud mental, funcionarios escolares y agentes del orden público locales.

Wray no ignora que la presión contra él llega después de meses de ataques por parte de Donald Trump cuestionando el buen hacer de la agencia en las pesquisas sobre la trama rusa y admitió a través de un comunicado que la actuación de sus agentes no había sido la correcta, después de obviar una denuncia del pasado 5 de enero en la que una persona alertó de que Cruz tenía un «comportamiento errático» y publicaba comentarios «inquietantes» en las redes sociales. En las últimas horas la CNN ha tenido acceso a los mensajes que el asesino intercambió en un grupo de chat y en los que el racismo, la homofobia y en antisemitismo son una constante. «Dispárales en la cabeza», escribió cuando un miembro del chat expresó odio hacia los homosexuales. En una parte de la conversación, Cruz confirma que aborrece a «judíos, negros e inmigrantes» y habla de matar a mexicanos, mantener encadenadas a personas de raza negra y cortar sus cuellos. Son cientos los mensajes, chistes y vídeos racistas que aparecen en el grupo privado de Instagram y que la policía investiga en paralelo a las informaciones que apuntan a que Cruz era miembro del grupo supremacista blanco República de Florida.

Los nuevos datos golpearon con fuerza a las familias de las 17 víctimas asesinadas. «¡Mi hijo está muerto!», gritó Andrew, padre de Meadow Pollack, estudiante de 18 años. Su angustia se mezcló con la ira de decenas de personas que ayer se manifestaron a las puertas del tribunal federal de Fort Lauderdale para exigir un endurecimiento de la ley de acceso a las armas. La masacre ha despertado la indignación ciudadana y reavivado un debate que enfrenta a los defensores de las restricciones con quienes abogan por el derecho a portar armas protegidos por la segunda enmienda. Varios líderes, incluido el presidente, obviaron el problema achacando el tiroteo a los problemas mentales del asesino y no al hecho de que un joven de 19 años pueda comprar un fusil de asalto sin licencia ni registro.

«Tome lo que ha escuchado y multiplíquelo por 50»

LA VOZ

Las confidencias del ex jefe de gabinete, Reince Priebus, hacen temblar la Casa Blanca

La reunión había sido un desastre. El fiscal general de EE.UU., Jeff Sessions, salió enfurecido del despacho oval dispuesto a presentar su dimisión. Las reprimendas presidenciales estaban dentro del sueldo pero el menosprecio y los insultos no, al menos para el ex senador por Alabama. La situación disparó las alarmas en el ala oeste y el entonces jefe de gabinete, Reince Priebus, tuvo que salir corriendo hasta el aparcamiento de la Casa Blanca. Por suerte, el sedán negro en el que viajaba el ministro de Justicia todavía no había abandonado el recinto así que, sin dudarlo, Priebus golpeó la puerta y suplicó a Sessions que le acompañara de nuevo al interior.

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