El sur de EE.UU., fe ciega en el partido del «apartheid»

El exgobernador de Alabama George Wallace consiguió atraer diez millones de votos en las elecciones presidenciales de 1968 con su «partido del apartheid»


Redacción / La Voz

Barack Obama cambió el color de la historia en el 2008 al convertirse en el primer presidente negro de Estados Unidos. Pero el hito dio paso ocho años después al liderazgo de Donald Trump, un hombre que espeta que no quiere gente de «países de mierda» en referencia a Haití y El Salvador y que agrede a una senadora descendiente de indígenas llamándola «Pocahontas». El parecido con lo ocurrido hace ahora cincuenta años en tierras del tío Sam es más que razonable.

En la década de los sesenta, la lucha por los derechos de los afroamericanos y por el fin de la segregación racial, bajo la batuta de Martin Luther King, llegó a la Casa Blanca con fuerza. En Washington el presidente Lyndon B. Johnson firmaba en 1964 la Ley de Derechos Civiles -que prohibía la discriminación en lugares públicos por razón de raza, sexo o religión-, el gran revulsivo, en plena oleada de manifestaciones pacifistas, que llevó a muchos a decir basta de opresión y de violencia racial.

Pero Estados Unidos era más que esta facha de pelea por el cambio. Mientras algunos coreaban el «I have a dream (tengo un sueño)» de Luther King, otros buscaban un partido político que les blindase del peligro que corría la supremacía blanca. Y encontraron cobijo. Tanto que el exgobernador de Alabama George Wallace consiguió atraer diez millones de votos en las elecciones presidenciales de 1968 con su «partido del apartheid», alzándose en aquellos comicios como la tercera fuerza con más apoyo.

Wallace, que antes había pertenecido a la bancada demócrata, inició su proyecto en marzo de hace ahora cincuenta años como experimento para la que realmente sería su apuesta: los comicios de 1972. Sin embargo, consiguió arrasar en cinco estados del sur del país: Georgia, Arkansas, Luisiana, Misisipi y su estado natal, Alabama. Y eso que el precedente más conocido de este reaccionario fue haber prohibido el ingreso en 1963 de los primeros estudiantes negros en la Universidad de Alabama.

Su lema «Por América» -quizás recuerde al trumpiano American first- fue la representación de un programa intervencionista, que aborrecía el movimiento hippie -un invento de los comunistas, decía- y profundamente conservador con el que, al menos, pretendía provocar una fuga de votantes racistas demócratas a sus filas. La inyección de pavor que introdujo en sus afines con mensajes violentos y sus subversivas palabras contra el statu quo calaron hondo en el sur. Su victoria en esta zona fue vital para que el republicano Richard Nixon ganase las elecciones.

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