La UE y el Reino Unido intentan salir del escollo en otra ronda de negociación

La resistencia de los británicos en cuestión de derechos ciudadanos dificulta los plazos

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bruselas / corresponsal

Nueva ronda de negociación técnica del brexit en Bruselas y esta vez en fin de semana. En los cuarteles de la Comisión Europea ya han perdido la cuenta de las reuniones que han celebrado para poder encarrilar a los británicos en el proceso de desconexión de la Unión Europea

El Gobierno de Theresa May sigue corriendo en círculos en busca de una solución para cuadrar el círculo: salir del bloque sin poner en riesgo los enormes beneficios económicos aparejados al mercado único. Y ese es el principal obstáculo que están encontrando los Veintisiete para poder iniciar las conversaciones sobre la relación futura.

A pesar de que el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ya tiene preparadas las directrices para darles luz verde en la cumbre europea del 22 y 23 de marzo, Londres todavía tiene que cerrar antes del próximo lunes esos «flecos» eternos de la primera fase de negociación, que consiste en traducir a un texto vinculante los compromisos en materia de derechos de los ciudadanos, la factura de salida y la solución «creativa» para la frontera entre las dos Irlandas.

Qué pasa con Irlanda del Norte

En esas estamos todavía. Ni se ha puesto sobre la mesa una alternativa a mantener a Irlanda del Norte dentro del mercado único y la unión aduanera ni hay acuerdo definitivo en torno a las condiciones que deberá cumplir el Reino Unido para acceder a un período transitorio de dos años, un plazo que facilitaría la salida ordenada y suave de la UE. ¿Cuál es el problema? May insiste en restringir los derechos a los ciudadanos europeos que lleguen durante el proceso de desconexión que arrancará en la fecha efectiva del brexit (29 de marzo del 2019) y se extenderá, en principio, hasta el 31 de diciembre del 2020. La premier también se niega a dar a Irlanda del Norte un estatuto especial porque «amenaza la integridad constitucional» del país, pero es incapaz de trazar un plan para evitar una frontera dura en el territorio donde la tensión sigue latente.

Las diferencias se han reducido «bastante», según fuentes del Consejo, respecto a la última cita, pero todavía queda trabajo por hacer. Los negociadores británicos insisten en tantear puertas traseras para acceder al mercado único sin comprometer su autonomía en materia de leyes y jurisdicción. El negociador europeo, Michel Barnier, leyó muy bien la jugada hace tiempo. Bruselas insiste en que no habrá «picoteo». O se someten a la normativa comunitaria y respetan la libre circulación de personas o no tendrán acceso al mercado interior. No solo eso. Londres va a tener que imprimir más ritmo a las negociaciones y dejar atrás los dramas domésticos de May si quieren llegar a tiempo de firmar el acuerdo de salida, previsto para el mes de octubre. Aunque la UE se muestra abierta a flexibilizar el calendario, el tiempo aprieta, los plazos se complican y el Reino Unido repica. Y es que si no firman el divorcio antes de que se efectúe el brexit, no habrá relación futura con la UE. Ni acuerdo de libre comercio ni lo que quiera que May esté barajando para mantener los lazos comerciales con los Veintisiete.

«Hay que ponerse en lo peor, incluso en que no haya acuerdo»

laura g. del valle

Miguel Otero-Iglesias, investigador del «brexit», asegura que España saldrá muy mal parada de la desconexión del Reino Unido

El brexit es una mala noticia para España. Esta frase sintetiza las conclusiones de la investigación del Instituto Elcano en la que ha participado el gallego Miguel Otero-Iglesias. Theresa May lleva desde que los británicos votasen sí al divorcio del Reino Unido garantizando que los daños colaterales de la salida de la Unión Europea para los ciudadanos extranjeros y los acuerdos comerciales serían mínimos. Sin embargo, a expensas de cómo se realizará de facto la retirada del bloque común, el estudio España ante el brexit no solo no es halagüeño con respecto a las relaciones bilaterales entre este país y Londres, sino que explica que la posibilidad de un brexit duro dejaría muy mal paradas a las empresas que operan en el Reino Unido y a los españoles que allí residen.

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