La UE logra desactivar la guerra comercial con Estados Unidos

Trump accede a excluir «temporalmente» a los europeos de los aranceles al acero y el aluminio

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bruselas / corresponsal

Estados Unidos baja las armas y los Veintiocho respiran tranquilos. El representante de Comercio estadounidense, Robert Lighthizer, confirmó ayer que la UE quedará excluida «temporalmente» de la ofensiva arancelaria emprendida por Trump contra las importaciones de acero y aluminio, que pretenden gravar con un 25 y un 10 %, respectivamente.

La decisión llega después de la agónica campaña diplomática emprendida por la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, quien voló esta semana hasta Washington en un último esfuerzo para convencer a Trump. «El presidente ha decidido parar la imposición de tarifas respecto a esos países», aseguró Lighthizer. Australia, Argentina, Brasil y Corea del Sur también quedarán excluidos.

Uno de los argumentos que empleó la sueca es que la amenaza a la industria estadounidense no viene de la UE, sino del gigante asiático. «El verdadero problema es el exceso de capacidad china [...]. Estados Unidos y la Unión, en lugar de iniciar una peligrosa escalada, deberían hacer frente común», insistía ayer desde Bruselas el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani.

Frente común

A pesar del esfuerzo de Trump por romper la unidad de la UE ofreciendo un trato especial al Reino Unido, los Veintiocho han mantenido unidas sus filas. «Europa se presentó unida para clamar por el comercio libre y en contra del proteccionismo», celebró ayer la canciller alemana, Angela Merkel, durante la cumbre de líderes europeos que tiene lugar estos días en la capital comunitaria. Berlín recupera el pulso. Temía una escalada comercial que acabase en un contagio a la industria del automóvil, motor de la economía alemana.

Pero ni Merkel ni Malmström pueden cantar victoria. Trump ha encapsulado el problema con el acero a la espera de que sus socios europeos ofrezcan algo a cambio. La UE se encuentra sumida en una especie de guerra fría comercial en la que Washington podría tener aliados europeos inesperados. El acero no ha dividido a los Veintiocho, pero puede que el impuesto «temporal» del 3 % a los gigantes digitales sí lo haga. Irlanda, Holanda o Luxemburgo se oponen frontalmente por la amenaza que supone para sus modelos de negocio, basados en ofrecer a las multinacionales de Internet una fiscalidad a la carta.

Países como Francia y España exigieron ayer a sus vecinos que dejen de entorpecer el debate y acepten unas reglas fiscales más justas para sus Haciendas nacionales, bajo el principio de que deben pagar impuestos donde generen beneficios. El primer ministro irlandés, Leo Varadkar, se protegió detrás del paraguas de Estados Unidos al asegurar que la propuesta de crear un gravamen especial para la economía digital «tiene como objetivo las empresas estadounidenses». Un argumento que viene a reforzar las quejas de Trump, quien ha visto la maniobra de Bruselas como un ataque a los contribuyentes estadounidenses. «Algunos pensamos que es mejor mantener este debate en la OCDE o el G20», insistió el taoiseach.

 El comisario de Economía, Pierre Moscovici, se mostró esta semana en contra de esperar más tiempo. La actitud de Irlanda y otros socios como Holanda irrita a otras delegaciones, como la española: «Es absolutamente inaceptable que alguien diga con seriedad en el Consejo que este tema lo tiene que resolver la OCDE. La UE no puede delegar este tema, que es urgente y nos está ocasionando una erosión de las bases fiscales cada día que pasa», denuncia una alta fuente diplomática.

Trump podría aprovechar esta brecha entre socios de la UE para exigir que se congele también el impuesto del 3 % a las digitales.

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