Maduro responde con más represión a la ruptura con el Ejército

Pedro García Otero CARACAS / CORRESPONSAL

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MIGUEL GUTIERREZ | EFE

Unos 20 oficiales de rango medio han sido arrestados durante el último mes con cargos como rebelión y traición a la patria

01 abr 2018 . Actualizado a las 09:20 h.

Que la situación militar venezolana es delicada para el régimen de Nicolás Maduro tiene evidencias numéricas. En el último mes unos 20 oficiales de rango medio (la cifra no se conoce con exactitud) han sido arrestados y acusados por la Justicia castrense por delitos que van desde rebelión militar a traición a la patria, y a veces incluyen ambas figuras. Los uniformados que desde enero del 2017 han ido a parar a presidios militares por estos delitos ascienden a entre 60 y 80, entre ellos varios generales y exgenerales de alto rango.

El 9 de marzo fueron anunciadas las detenciones de los comandantes y subcomandantes de cinco batallones, incluyendo a Igber Marín, teniente coronel y comandante del Batallón Ayala, radicado en Caracas, el grupo mecanizado con mayor poder de fuego del país y encargado adicionalmente de la seguridad del Palacio de Miraflores, sede del Gobierno. Según se comentó el viernes inmediatamente anterior, 2 de marzo, el batallón estaba con todo su equipamiento listo para el combate, algo expresamente prohibido sin orden superior desde el 2013, cuando Maduro llegó al poder, sin el liderazgo y el conocimiento de las fuerzas armadas que tenía su antecesor, Hugo Chávez.

La conclusión obvia que sacó la Inteligencia Militar era que algo se fraguaba para ese mismo día o el siguiente. La respuesta de Maduro fue detener a Miguel Rodríguez Torres, su primer ministro del Interior, a quien acusó de dirigir la conjura, pese a que sus abogados afirman que no fue mencionado en los interrogatorios tras la detención ni por Marín, un oficial condecorado que fue secretario de Chávez, ni por los restantes oficiales. A Rodríguez se le achaca ser líder de los «centauros», un grupo de militares que dieron junto con Chávez los golpes de Estado contra la democracia de 1992 y ahora estarían intentando «renovar» las ideas originarias: un nacionalismo militar y no la senda abiertamente socialista que tomó Chávez desde el 2006. 

Ruptura

Rocío San Miguel, directora de la oenegé Control Ciudadano para la Fuerza Armada Nacional, señala que la situación en los cuarteles «es la más grave desde 1992». Para la analista, la detención de Rodríguez Torres «es una muestra de la ruptura entre el chavismo y el madurismo dentro de la fuerza armada».

Según cifras extraoficiales, la cárcel militar de Ramo Verde, a unos 30 kilómetros de Caracas, que albergó hasta hace pocos meses al dirigente opositor Leopoldo López, está a rebosar de detenidos militares, con más de 3.000. Los calabozos de la dirección de contrainteligencia militar (Dgcim) están llenos de presos, incluyendo a Rodríguez Torres. Lo mismo puede decirse de los restantes penales castrenses. Una muestra de la inquietud en los cuarteles, que en muchos casos es simple indisciplina: las tasas de deserción son «fantásticas», señala un analista militar bajo condición de anonimato a La Voz, y las peticiones de baja son tantas que el propio ministro de Defensa, Vladimir Padrino, se vio obligado a suspender su recepción este mismo mes.

Todo aderezado con denuncias sobre mala alimentación y falta de equipamiento, como los 55 militares de la Guardia Nacional que fueron detenidos en enero por exigir a Padrino, en un vídeo difundido por las redes sociales, que les dieran de comer algo más que pasta con agua.

El mismo analista, sin embargo, cree que hasta el momento, Maduro no enfrenta una amenaza real porque el Ejército está «tan penetrado por la inteligencia cubana» que conspiraciones como la de Marín, denominada Movimiento de Transición a la Dignidad Nacional, son abortadas sin permitirles retoñar. «Lo que estamos viendo es la consolidación de un poder militar propio de Maduro, no chavista, con Padrino a la cabeza», afirma.

Otra analista, Sebastiana Barráez, quien escribe frecuentemente en los medios, señala que «hay muchos grupos tratando de conspirar. Pero para que se produzca un golpe de Estado tiene que haber una fuerza armada mejor constituida, y yo creo que esa no es la situación ahora mismo».