Orbán desafía a la UE: «Las cosas no pueden seguir así»

Los eurófobos se regodean en la victoria del ultranacionalista húngaro y pronostican un nuevo zarpazo en las europeas del 2019

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Bruselas / corresponsal

«La cosas no pueden seguir así». Fue el aviso que lanzó a la Unión Europea el primer ministro húngaro, Víktor Orbán, tras certificar su tercera victoria consecutiva en las urnas. El líder del Fidesz arrasó en unas elecciones que, según observadores de la OSCE, no se celebraron en pie de igualdad. «El solapamiento de los fondos monetarios del Estado y del partido gubernamental socavaron la posibilidad de los candidatos de competir de una manera equilibrada», señalaron. Los mensajes ultranacionalistas, antisemitas, incendiarios y de odio contra los refugiados han sido un elixir para Orbán quien, con una participación del 70 %, ha conseguido un apoyo histórico del 48,9 % del electorado. Son 134 escaños de los 199 en juego, suficientes para darle a la Constitución húngara un nuevo lavado de cara. Bruselas tiembla solo de pensarlo. Aunque reconoció ayer la «victoria clara» de Orbán, también le recordó a modo de advertencia que «la UE es una «unión de democracias y valores. Su defensa es un deber común de todos los Estados miembro sin excepción». Pero el ultraderechista, rebautizado como Viktator, tiene otros planes: boicotear la reubicación de asilados y dar la estocada final al sistema judicial, los medios de comunicación y las oenegés favorables a la acogida de migrantes (en especial la de George Soros). Una autopista hacia los que los expertos denominan una «autocracia posmoderna».

La peor pesadilla

A pesar de sus orígenes liberales, el mejor amigo de Vladimir Putin en la UE se ha convertido en el nuevo hombre de hierro de la ultraderecha. Todos los partidos populistas y eurófobos aplaudieron ayer al unísono al húngaro, quien se impuso a los xenófobos y racistas del Jobbik, segunda fuerza al alza con el 20 % de los votos (25 escaños). Es la «peor pesadilla de la UE», celebró el euroescéptico británico, Nigel Farage. «¡Un mal día para la UE, uno bueno para Europa!», deslizó la vicepresidenta del AfD alemán, Beatrix Von Storch. A la fiesta se sumó la francesa Marine Le Pen, quien pronosticó un nuevo zarpazo de los eurófobos en las europeas del 2019: «Los nacionalistas podrían ganar una mayoría en las próximas elecciones a la Eurocámara». Desde Holanda, el líder xenófobo del PVV, Geert Wilders calificó el resultado de «excelente». El Gobierno polaco del euroescéptico Ley y Justicia aplaudió este último revés europeísta: «Es una confirmación de la política de emancipación de Centroeuropa», señaló su responsable de Asuntos Europeos, Konrad Szymanski.

Pero la sorpresa la dio la formación hermana de la CDU de Angela Merkel, que felicitó con entusiasmo a Orbán, con quien comparten las mismas tesis sobre la inmigración. El ministro alemán del Interior, Horst Seehofer, cargó contra las «políticas arrogantes y paternalistas de la UE hacia algunos Estados miembro». Bruselas tendrá difícil enfriar la fascinación que despierta el discurso efectista de Orbán en algunas cancillerías.

Las tentaciones ultranacionalistas crecen en la UE tras los fiascos electorales de las fuerzas tradicionales y moderadas. Las pulsiones antidemocráticas del Gobierno polaco las mantiene a raya con la amenaza de retirarle el voto en el Consejo, pero no se atreverán con el Gobierno magiar, inscrito en la familia del PPE europeo. Solo hay una fórmula que puede frenar el hambre dictatorial de Orbán y la propuso el comisario de Presupuestos, Günther Oettinger: vincular el desembolso de fondos de la UE al respeto del Estado de derecho. Hungría quiere dinero, no obligaciones.

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