Trump limpia su agenda para ir a la guerra

Rusia advierte que habrá «graves consecuencias» si EE.UU. lanza un ataque contra Siria

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Nueva YOrk / corresponsal

Donald Trump suspendió ayer su primer viaje a Latinoamérica, que tenía como propósito asistir este fin de semana a la VIII Cumbre de las Américas en Lima y recalar después en Colombia, ante la inminencia de un posible ataque militar contra el régimen de Bachar al Asad, en Siria. El neoyorquino prioriza los tambores de guerra a la diplomacia y continuó dibujando la estrategia para armar la represalia contra el ataque con armas químicas en Duma, ciudad de Guta Oriental, del sábado pasado y que se cobró la vida de más de 46 civiles.

En este sentido, EE.UU. solicitó ayer al Consejo de Seguridad de la ONU votar su proyecto de resolución para poner en marcha un nuevo mecanismo internacional que investigue y atribuya responsabilidades por el uso de armas químicas en Siria en un plazo de 30 días. El veto de Rusia era más que previsible teniendo en cuenta que horas antes Moscú consideró que el texto tenía elementos «inaceptables». Desde el inicio del conflicto sirio hace siete años, Rusia ha utilizado en al menos diez ocasiones su poder de veto para proteger al régimen de Al Asad.

La resolución estadounidense recibió el respaldo de doce países, la abstención de China y el voto en contra de Bolivia, además del de Rusia. Como estaba previsto, Moscú propuso otras dos resoluciones para crear un mecanismo de investigación con un funcionamiento distinto y otra para respaldar que expertos de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) investiguen sobre el terreno.

Tras el nuevo fracaso de las Naciones Unidas, Trump continuó las reuniones con la cúpula militar y los contactos con sus aliados para tratar el tipo de respuesta y quién se unirá a ella. En los últimos días, el estadounidense pactó «una respuesta fuerte y conjunta» con el francés Emanuel Macron, quien ayer desveló que será «en los próximos días» cuando se decida sobre el ataque y que de producirse, irá dirigido solo contra «las capacidades químicas» de Bachar al Asad.

Trump tiene el apoyo de la primera ministra británica, Theresa May, y también de Catar tras la visita en Washington del emir Ramim bin Hamad al Zani. «No toleraremos [los ataques químicos] . Esto tiene que parar», dijo el catarí desde el despacho oval.

El lado militar que flanquea a Trump como comandante en jefe de EE.UU. está liderado por el jefe del Pentágono, James Mattis, quien ante los acontecimientos que están por venir también liberó su agenda y canceló un viaje que tenía previsto a Nevada este fin de semana.

Otro que guía los planes belicistas del presidente es John Bolton, recién llegado a la dirección de Seguridad Nacional. El ideólogo de la guerra de Irak busca rodearse de su gente, visto lo cual el asesor de Seguridad Interna, Tom Bossert, optó por presentar la dimisión. Bossert era una voz respetada entre los expertos de ciberseguridad y sobre todo, por uno de sus máximos protectores, el jefe de Gabinete, John Kelly, cuya permanencia en la Casa Blanca también está siendo cuestionada desde hace semanas.

«Pedimos a los occidentales a que abandonen la retórica de guerra», exigió en tanto el embajador ruso en la ONU, Vassily Nebenzia, que advirtió de las «graves consecuencias» en caso de acciones armadas de Occidente. «No hubo ataque químico en Duma», agregó, y aseguró que todo es un «montaje».

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