Carlos hereda la Commonwealth

La reunión de este año, celebrada en Londres, designa al Príncipe de Gales futuro cabeza de la organización

El príncipe Carlos de Inglaterra y su mujer, la duquesa Camilla de Cornualles, asisten a la ceremonia de inauguración de los XXI juegos de la Commonwealth en el estadio Carrara (Australia)
El príncipe Carlos de Inglaterra y su mujer, la duquesa Camilla de Cornualles, asisten a la ceremonia de inauguración de los XXI juegos de la Commonwealth en el estadio Carrara (Australia)

londres / corresponsal

La creación de un grupo dedicado a estudiar mejoras en la conexión comercial, la asunción por diversos Estados de iniciativas para proteger los océanos y la dotación de un modesto fondo para mejorar la seguridad de las comunicaciones en red son los acuerdos más sustanciales de la cumbre de jefes de Estado y Gobierno de la Commonwealth. Pero de la reunión bianual, que este año se celebró en Londres, la noticia más burbujeante es la aceptación del príncipe de Gales como futuro cabeza de la organización por sus 53 países miembros. Carlos de Inglaterra ya asistía en representación de la reina Isabel a las cumbres fuera de Europa y la duda sobre la sucesión se debía a una noticia equivocada de la BBC.

El septuagenario heredero no encarna el brío que precisa esta asociación de países, en su mayoría excolonias británicas, y la familia real impulsa un rol del príncipe Enrique y de su futura esposa, Meghan Markle, como embajadores volantes para dotar de dinamismo y también de atractivo a la presidencia simbólica de la corona. Lo explica bien la historia de una joven, cuya madre es de Guyana, que relató en The Guardian su encuentro con Carlos en uno de los foros paralelos a la cumbre. Había intervenido como autora de un libro sobre los contratos de «indenture», similares a los de encomienda en las colonias españolas. «¿De dónde eres?», preguntó el príncipe a Anita Sethi. «De Mánchester», le contestó. «Pues no lo pareces», repuso el príncipe.

La coincidencia de la cumbre con la conmoción por las presiones a las que están siendo sometidos inmigrantes caribeños que han residido legalmente durante tres o cuatro décadas en Reino Unido para demostrar su derecho a la ciudadanía ha ofrecido un contraste amargo con la bonhomía de un encuentro marcado, además, por las protestas. En el exterior de la sede del secretariado de la Commonwealth, biafreños gritaban contra el Gobierno de Nigeria, tamiles contra el de Sri Lanka o militantes de la causa de la igualdad por inclinación sexual. El presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, tuvo que regresar precipitadamente por los disturbios en la provincia Noroeste de su país. Otros dirigentes permanecieron en Londres sin prisas porque su Gobierno es férreo.

El acuerdo alcanzado sobre el comercio muestra las dificultades de sustituir el volumen perdido con el brexit por intercambios con otros países. El acento está en la conectividad, en las infraestructuras que permitirían el flujo de bienes. Los líderes de Australia y Nueva Zelanda, que prometen un pronto acuerdo con Reino Unido cuando salga de la UE, aprovechan su estancia europea para visitar a Angela Merkel en busca de un acuerdo comercial con la Unión. ¿Qué puede ofrecer Canadá que no esté incluido en el Acuerdo de Libre Comercio ya ratificado con la UE? ¿Cómo convencer a India de que abra sus puertas a bienes y servicios británicos sin ofrecer más acceso a inmigrantes? La Commonwealth inició sus pasos formales con un acuerdo de Preferencia Imperial en un tiempo en el que existía el área común de la libra esterlina. Era más proteccionista que liberador y duró cinco años.

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