La UE se abona a la inestabilidad

Los expertos creen que los escollos para tejer gobiernos seguirán si no se atajan conflictos como la inmigración y la seguridad

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bruselas / corresponsal

Italia no es una excepción. Las dificultades que encuentran las fuerzas políticas en el país para montar un Gobierno no son nuevas, sino más bien el último capítulo en una saga de citas electorales europeas que acabaron convirtiéndose en campos de batalla para lograr forjar Ejecutivos. ¿Podrá revertirse la tendencia o la UE está condenada a la ingobernabilidad?

Los expertos creen que es muy difícil ser categóricos por la elevada incertidumbre política que recorre el continente. El profesor de Política Internacional de la Universidad de Kent, Matthew Goodwin, cree que «los sistemas de partidos se han vuelto más fragmentados, volátiles y menos predecibles». Holanda tardó 208 días para encajar un Gobierno en coalición con cuatro partidos, de los 13 que pueblan la balcanizada Tweede Kamer. Los obstáculos para formar Ejecutivo han creado extraños compañeros de cama como, por ejemplo, los socioliberales del D66 y los protestantes conservadores de la Unión Cristiana.

La inestabilidad también se contagió a Austria, donde los conservadores del primer ministro Sebastian Kurz se vieron obligados el pasado año a negociar con la ultraderecha para poder gobernar. Alemania extendió los plazos para lograr convencer a los socialdemócratas de volver a sumarse a la coalición con los conservadores de la canciller Angela Merkel. Los liberales renunciaron por diferencias sobre la política migratoria, central en las campañas electorales de toda la UE.

El mapa electoral en otros países como España y Francia también ha sufrido fracturas, dificultando la formación de gobiernos estables. El sistema de partidos en Europa ha seguido la misma tendencia. «El auge del populismo es el fenómeno político europeo más importante del siglo XXI. Se ha puesto fin al duopolio centroizquierda-centroderecha que dominó la política europea desde el final de la Segunda Guerra Mundial», explica el experto en gobernanza, William A. Galston. En su opinión, los problemas enraizarán si la UE continúa culpando e ignorando las preocupaciones particulares de sus ciudadanos. «Dejar sin abordar el auge de los anti inmigrantes, el sentimiento anti internacionalista que ha cambiado el equilibrio político en Europa, podría tener graves consecuencias para las democracias liberales», señala en uno de sus análisis.

Goodwin coincide con esa tesis. Observa que los sistemas políticos en los Veintiocho nunca fueron tan inestables como en este momento, con altos porcentajes de voto indeciso, pérdida de apoyo a los partidos tradicionales y un cambio de paradigma. Las divisiones ideológicas ya no se dirimen exclusivamente entre el eje izquierda-derecha, sino que son visibles también en el eje nacionalista-internacionalista. «El populismo nacionalista seguirá siendo el elemento conductor más importante de los debates europeos», indica Goodwin en uno de sus análisis en el que observa una especie de fuga de votos desde el segmento de europeos escépticos hacia el bloque de detractores porque la UE no está abordando de forma efectiva sus preocupaciones esenciales (sobre todo, seguridad e inmigración).

Los votantes dudosos que cuestionan una mayor integración de la UE están excluidos del debate público sobre el futuro del bloque, dominado por federalistas y eurófobos. No sienten que se esté dando respuesta a sus preocupaciones. Esa inacción de la UE es gasolina para el bloque de detractores. Y cuanto más se alimenten de ese caladero, más difícil será formar gobiernos estables. «Si la UE quiere erosionar el atractivo de los partidos populistas, tendrá que resolver esta angustia que subyace sobre los refugiados, las fronteras y la seguridad», apunta el experto.

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