La UE desautoriza a Oettinger por echar gasolina al fuego

El comisario alemán quiso dar lecciones a los italianos sobre cómo deben votar

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bruselas / corresponsal

Arde Italia y arde Bruselas. El responsable del incendio no es otro que el comisario de Presupuestos, Günther Oettinger. El alemán, en pleno arrebato de despotismo y con nuevas elecciones a la vista, sugirió esta semana a los italianos cómo deberían votar. «Mi expectativa es que en las próximas semanas se muestre que los mercados, los títulos de deuda, la economía italiana pueden ser tan duramente golpeados que esto envíe una señal a los votantes para no elegir a populistas de la izquierda o la derecha. Espero que esto sea una señal para no dejar la responsabilidad de gobernar en manos de populistas», verbalizó.

Ante la oleada de críticas y peticiones de dimisión que generó la intervención, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se vio obligado a intervenir para desautorizar a su comisario y aplacar las llamas. «El destino de Italia no está en manos de los mercados financieros. Merecen respeto», sostuvo el luxemburgués, quien ya tuvo que desmarcarse del alemán en otras ocasiones, como cuando ninguneó a las mujeres y llamó «gente con ojos rasgados» a los chinos en una reunión con empresarios en el 2016. También se refirió a la región belga de Valonia como «una microrregión gobernada por comunistas» y en plena crisis nuclear en Fukushima habló del «apocalipsis».

Otro de sus compañeros, el comisario de Economía Pierre Moscovici, pidió a Oettinger respetar las «normas y ritmos de la democracia». «El destino de Italia tienen que ser decidido en Italia, no en Bruselas», le recordó.

Bruselas camina sobre un campo de minas y la UE teme que la insolencia de Oettinger pase factura e inyecte más gasolina a los eurófobos en los próximos comicios. Los italianos han dejado de confiar en las instituciones comunitarias. Lo demostraron en las urnas. Y ahora vuelven a rebelarse ante esta última intromisión del equipo de Juncker, en plena polémica por la decisión de Mattarella de rechazar al Ejecutivo de coalición al considerarlo un riesgo para la permanencia del país en el euro. ¿Tuvo algo que ver la Comisión? ¿Hubo presiones? Bruselas lo niega y guarda silencio. Para tratar de salvar los muebles, el presidente del Consejo, Donald Tusk, censuró la actitud prepotente del alemán: «Respetad a los votantes. Estamos aquí para servirles, no para darles lecciones».

Aunque Oettinger trató de apaciguar los ánimos con una disculpa pública, los italianos no perdonan. El propio partido de Silvio Berlusconi, Forza Italia, reprochó las «inaceptables» declaraciones y alertó de que «alimentarán todavía más el antieuropeísmo». Pero a pesar de las llamadas a no interferir en la política del país, la tentación es golosa. El jefe de los liberales en la Eurocámara, Guy Verhofstadt, insistió en dar recetas a los italianos: «Reformas, reformas y reformas».

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