Los falsos positivos, el fantasma que todavía persigue al uribismo

Es como se conocen los 10.000 casos de jóvenes asesinados para hacerlos pasar por guerrilleros

El hermano de Cecilia es uno de los asesinador que denuncia la exposición sobre los falsos positivos
El hermano de Cecilia es uno de los asesinador que denuncia la exposición sobre los falsos positivos

Bogotá / E. La Voz

«A mi hermano se lo llevaron el dos de enero del 2008. Me lo mataron el 21 de febrero. Le dieron solamente un disparo en la cabeza, que le reventó en la cara», rememora Cecilia Arenas mientras mira la fotografía de su ser querido. Le ha llorado durante más de diez años. Mario Alexánder era un chico del humilde barrio bogotano de Soacha. Fue engañado. Le dijeron que iba a viajar para un trabajo, pero en realidad fue camino a su ejecución. Un grupo de militares lo asesinó, e intentó hacerle pasar por guerrillero para aprovechar los beneficios que en aquellos años el Gobierno del presidente Álvaro Uribe daba por combatiente capturado o «dado de baja»: días libres, medallas, ascensos y dinero.

«Los soldados confesaron su crimen. Mario Alexánder no fue ningún guerrillero. Ha sido una lucha y una batalla tremenda por limpiar el nombre de mi hermano», explica Cecilia a La Voz. El de Alexánder es solo uno de los conocidos en Colombia como «falsos positivos». Jóvenes civiles de barrio, campesinos, obreros, pobres, de alguna forma, que fueron arrancados de sus lugares de origen y ejecutados extrajudicialmente por la Fuerza Pública para hacerles pasar por guerrilleros.

Las ONG colombianas contabilizan unos 3.500 casos, pero podrían ser muchos más. Según una reciente investigación liderada por el excoronel Omar Rojas Bolaños y el investigador Fabián Leonardo Benavides, los «falsos positivos» podrían superar los 10.000. Parte importante de los casos se habrían dado entre el 2007 y el 2008, cuando Uribe estaba en el apogeo de su mandato y el actual presidente, y nobel de la paz, Juan Manuel Santos, era su ministro de Defensa. Activistas y víctimas critican que ninguno de los dos ha rendido cuentas, aunque Uribe afronta varias investigaciones por supuestos crímenes de guerra.

Los «falsos positivos» llevan años persiguiendo al expresidente. También, ahora, a Iván Duque, su protegido político. Duque, de 41 años, ha pasado de ser un desconocido a convertirse en el máximo favorito a ganar las presidenciales del domingo, gracias al apoyo del expresidente. Ese es el efecto de quien es todavía el político más popular del país -fue el más votado en las legislativas del pasado marzo- pero, a la vez, uno de los más rechazados. El 42 % de los colombianos teme su vuelta al poder, según una encuesta reciente. «Desafortunadamente Iván Duque es un títere del señor Uribe. Sabemos que si llega al poder va a haber mucha más impunidad. Más miedo. Menos juicios. Menos audiencias. Es que son más de 10.700 crímenes de lesa humanidad que están completamente en el olvido. Nadie se atreve a hablar. Nadie dice nada», cree Cecilia.

Sin justicia

Quienes critican al expresidente señalan que no ha habido justicia. Sus seguidores dicen que los «falsos positivos» fueron hechos aislados cometidos por militares corruptos, pero las oenegés afirman que hubo un meticuloso sistema. Decenas de altos mandos militares fueron expulsados del Ejército cuando estalló el escándalo. Muchos soldados de rangos inferiores entraron en prisión, pero ningún general ha sido sentenciado, critican los familiares de las víctimas. «Yo puedo señalar directamente a los altos cargos militares. Ellos fueron quienes dieron las órdenes», comenta Jaqueline Castillo. Su hermano Jaime, también oriundo de Soacha, fue engañado para aceptar un supuesto trabajo en el campo. Como Mario Alexánder, también fue asesinado.

Duque ha dicho varias veces en campaña que rechaza los «falsos positivos». «No fueron una política de Estado», puntualiza, en defensa de Uribe. Cree que el ex presidente actuó «con firmeza» para detenerlos. Se enfrenta mañana en las urnas al izquierdista Gustavo Petro, muy popular en parte de la población, pero a la vez el 52 % teme que sea presidente. Ganará las elecciones quien logre aplacar los miedos.

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