Juncker convoca una cumbre de urgencia sobre migración

Cita a los líderes de los ocho países de la UE más afectados para buscar una solución a la crisis

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Bruselas

Bruselas mueve ficha a 10 días de que expire el plazo concedido por los socios bávaros de gobierno de la canciller alemana, Angela Merkel, para acordar un nuevo rumbo para la política migratoria. El ejecutivo germano se tambalea y el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, ha salido esta mañana a su rescate convocando una cumbre de urgencia para el próximo domingo, solo cuatro días antes de que los Veintiocho líderes de la UE se citen en Bruselas.

El luxemburgués quiere desatascar el debate sobre qué hacer en materia de migración y asilo con los ocho países «interesados en encontrar soluciones europeas» a esta crisis: Grecia, Italia, España, Francia, Alemania, Austria, Malta y Bulgaria. Lo quiere hacer de inmediato para evitar la eventual caída de Merkel y en vista de que el nuevo Gobierno italiano, dominado por la xenófoba Liga Norte, se niega a abrir sus puertos para desembarcar a los migrantes rescatados en el Mediterráneo.

La tarea será titánica. Los nuevos gobiernos derechistas de Austria e Italia han dinamitado el equilibrio de fuerzas en la UE, inclinando la balanza en política migratoria hacia posiciones más reaccionarias, defendidas por líderes ultras como el húngaro Viktor Orban, quien ha conseguido sabotear los esfuerzos de Bruselas por poner en marcha un sistema de cuotas para el reparto de refugiados, proyectado para aliviar la carga de los que se encuentran en primera línea de llegada. Ni solidaridad ni responsabilidad. Los países centroeuropeos y los del este quieren un cierre de puertas total, expulsiones masivas y centros de concentración de migrantes, rebautizados por el Consejo Europeo como «plataformas regionales de desembarco», en países del continente africano. Hasta allí se llevarían a los migrantes rescatados en el mar para su posterior identificación y tramitación de sus demandas de asilo.

Bruselas no lo ve viable. La idea genera serias dudas operativas y legales. El comisario de Migración, Dimitris Avramopoulos, criticó la falta de concreción de la propuesta y señaló que hasta el momento no se conoce ningún país tercero dispuesto a albergar esos centros de retención que pretende poner en marcha el Consejo Europeo.

La polémica sobre el control migratorio y las normas de asilo arrecia en un momento de más desahogo para la UE, que sufrió su peor crisis en octubre del 2015 (1.822.180 cruces ilegales de frontera frente a los 204.720 del pasado año). Aunque las llegadas por el flanco del Mediterráneo oriental y central se han reducido dramáticamente desde el 2016, la UE sigue sin encontrar una solución a las sonrojantes condiciones de acogida en las que se encuentran miles de demandantes de asilo que malviven hacinados en campos de Grecia. La crisis también asoma por el flanco occidental. España, que acogió a los 630 migrantes rescatados por el buque Aquarius, se enfrenta hoy a la mayor oleada migratoria (14.000 inmigrantes) desde la crisis de los cayucos en el 2006. Hay varios factores que están añadiendo presión a las costas ibéricas, desde el uso estratégico que hace Marruecos del control de la migración en la frontera para conseguir beneficios de la UE hasta la llegada del buen tiempo, las oleadas intermitentes de violencia en Libia, el aumento del control y la vigilancia en el Mediterráneo Central y el cierre de puertas decretado por Italia.

«¡Mami, quiero a mi mami!»

Adriana Rey
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Una grabación desvela los llantos y súplicas de los niños separados de sus padres en la frontera de México con EE.UU.

«¡Mami, papi!», gritan una y otra vez entre sollozos diez niños centroamericanos que acaban de ser separados de sus padres en la frontera de México con EE.UU. «¡Mami, quiero a mi mami!», continúan. Es el llanto de la desesperación. Los lloros retumban a lo largo de ocho minutos desgarradores de una grabación en audio. Se mezclan con las súplicas de una niña de seis años procedente de El Salvador, que pide repetidamente que alguien llame a su tía. Solo una llamada, ruega. Dice que ha memorizado el número de teléfono y, en un momento dado, se lo recita de un tirón a un miembro de la Patrulla Fronteriza. «Mi mamá dice que iré con mi tía y que vendrá a buscarme lo más rápido posible», gimotea.

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