Merkel pincha la cumbre sobre inmigración

El Gobierno alemán vaticina el fracaso de las negociaciones y buscará acuerdos bilaterales


bruselas / corresponsal

No habrá solución de conjunto al problema migratorio en la cumbre de la UE a finales de la semana próxima», admitió ayer sin ambages una de las portavoces del Gobierno alemán, Ulrike Demmer.

Berlín da por hecho que el sabotaje de los países de Visegrado (Hungría, República Checa, Eslovaquia y Polonia) a la cita europea del 28 y 29 de junio tendrá éxito. Ninguno de los cuatro países está dispuesto a ceder a las demandas de la canciller Angela Merkel para reformar el actual sistema de asilo. No quieren mecanismos automáticos de reubicación de asilados, tan necesarios para aliviar la presión sobre Italia y Grecia. Sin esa «solidaridad» europea, sin un esquema ordenado y coherente para gestionar la migración, las fronteras internas de la UE seguirán siendo permeables y, lo más peligroso, darán argumentos a algunos gobiernos derechistas como el austríaco o el húngaro para restringir la libre circulación en el espacio Schengen por razones de «orden público».

No le queda mucho tiempo a la líder germana para lograr un acuerdo. Sus socios de gobierno, los conservadores bávaros de la CSU, le han dado de plazo hasta finales de junio para volver a casa con un plan bajo el brazo que permita devolver a los migrantes a los países de la UE donde fueron registrados. Si no lo consigue, el ministro del Interior, Horst Seehofer, cerrará las fronteras de forma unilateral. Un movimiento que podría provocar el hundimiento del Gobierno.

El futuro de Merkel pende de un hilo. La alemana espera poder alcanzar acuerdos bilaterales o multilaterales con algunos socios en la minicumbre de urgencia convocada para mañana por el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker. Berlín necesita puentear así a Visegrado y lograr compromisos de sus vecinos para contener los movimientos secundarios dentro de la UE. Pero Italia también se resiste a recibir de vuelta a los demandantes de asilo que emprenden el camino hacia el norte. El xenófobo ministro del Interior, Matteo Salvini, reprocha a la UE haber abandonado a su país en el peor momento de la crisis y se niega a abrir sus puertas a los demandantes de asilo.

Las expectativas del Gobierno alemán son bajas. Tanto que sus portavoces quisieron quitarle importancia a la cita informal asegurando que se trata de «un primer intercambio entre los países concernidos, ni más ni menos». No estará Visegrado. Sus cuatro miembros se negaron a asistir, dando la espalda a Berlín y criticando el oscurantismo con el que fue organizado el encuentro. «Nadie está excluido, pero nadie está obligado a asistir», justificó ayer el portavoz de la Comisión Europea, antes de notificar que la lista inicial de ocho asistentes (Alemania, Francia, España, Italia, Malta, Grecia, Bulgaria y Austria) se ha ampliado a 16 con la confirmación de Bélgica, Países Bajos, Croacia, Eslovenia, Dinamarca, Finlandia, Suecia y Luxemburgo.

Tampoco le esperan buenas noticias al eje francoalemán en lo que concierne a las negociaciones para completar la Unión Económica y Monetaria (UEM) en la cumbre del próximo jueves y viernes. A pesar de rebajar a mínimos el nivel de ambición de sus propuestas, los halcones de la UE, encabezados por Holanda, se niegan a crear un fondo europeo de garantía de depósitos o a dotar de un presupuesto amplio a la zona euro.

Francia asegura que la falta de acuerdo puede desmoronar la UE

El portavoz del Gobierno francés, Benjamin Griveaux, resumió ayer el espíritu de abatimiento que impregna la UE al alertar de que puede llegar a producirse un «desmoronamiento» si no encuentra una salida a la división en materia migratoria. Europa vive probablemente una de sus peores crisis, afirmó. «Si Europa no es capaz de acordar un plan migratorio común y trabajar en ello, entonces me temo que lamentablemente se desmoronará definitivamente», añadió.

El del Elíseo no es el único sismógrafo que pronostica problemas existenciales para el futuro de la Unión en el caso de que no se logre una solución de consenso. En las antípodas ideológicas de lo que defiende Macron, el locuaz líder de la Liga, Matteo Salvini, también atisba escollos insalvables para el proyecto común. «El año próximo se decidirá si la Europa unificada seguirá o no existiendo», afirmó en una entrevista a Der Spiegel. A su juicio, tanto las negociaciones presupuestarias como las elecciones europeas del 2019 determinarán «si eso tiene aun algún sentido».

Italia reclama a Malta que abra los puertos al barco que no quiere recibir en los suyos 

maría signo

«El barco fuera de la ley Lifeline está en aguas de Malta con su carga de 239 inmigrantes. Por la seguridad de la tripulación y los pasajeros le hemos pedido que abra sus puertos», anunció el ministro del Interior Matteo Salvini ayer por la mañana mientras indicaba a las autoridades de La Valeta que «está claro que el barco después tendrá que ser secuestrado y su tripulación arrestada». Tal vez fue esto lo que no gustó a Malta, que rápidamente replicó asegurando que «a pesar de la retórica, ni la [organización] Lifeline ni la coordinación de Roma nos han transmitido una petición formal de acogida del barco».

El tira y afloja entre los dos países siguió durante toda la jornada ya que a las declaraciones de Salvini se unieron las del ministro de Infraestructuras y Transportes Danilo Toninelli, perteneciente al Movimiento 5 Estrellas, que invitó al comandante del Lifeline a que se pusiera en contacto con Malta mientras aseguraba que «ha habido una petición oficial de Frontex», la agencia europea de control de las costas.

Mientras tanto, el barco continúa a la espera de instrucciones, explicó el portavoz de Lifeline Axel Steiner, quien además rechazó las acusaciones de «piratas» y «barco delictivo» realizadas por Salvini. «En Europa hay libertad de palabra y [él] tiene el derecho de decir cosas de ese tipo pero nosotros estamos trabajando dentro de las leyes internacionales. La gente ha tenido mantas, comida y asistencia de nuestro médicos y enfermeros, no hay heridos graves. Esperamos que la situación se resuelva rápido». Una solución que podría venir de nuevo desde España ya que el ministro de Exteriores, Josep Borrell, se ha puesto en contacto con Malta, Italia y Francia para «el cuidado» del barco.

A escasas horas de la esperada minicumbre de Bruselas sobre la inmigración, la tensión entre el Gobierno italiano y el francés aumenta. Salvini,, que cada día que pasa anula la presencia mediática del resto del Gobierno, atacó duramente al presidente francés Emmanuel Marcon que había acusado a Italia de «cinismo» por su gestión del problema de los inmigrantes. «Macron es un señorito francés que se excede con el champán», dijo para regocijo de sus seguidores en un mitin en el que advirtió que «no acepta lecciones de los franceses» porque «despliegan la policía en la frontera con Italia para impedir el paso de los inmigrantes». Añadió que, «si quiere ser generoso, que nos dé el teléfono de su capitanía de puerto y las próximas diez barcazas las mandamos a Marsella».

También ayer Salvini protagonizó un nuevo enfrentamiento con su aliado en el gobierno, el Movimiento 5 Estrellas, cuando puso en duda la utilidad de las diez vacunas obligatorias para poder matricular a los niños en las escuelas, norma establecida por el anterior Ejecutivo ante la preocupante disminución de las vacunaciones. La ministra de la Salud Giulia Grillo, a través de un comunicado, mostró su malestar por las declaraciones de su compañero de gabinete asegurando que es a su ministerio a quien corresponde decidir sobre el tema y añadiendo que se puede discutir la obligación pero no «el valor sanitario de las vacunas».

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