Libia rechaza el plan de Salvini de crear allí centros para concentrar inmigrantes

Lifeline pide ayuda a España para acoger el barco mientras Francia descarta recibirlo

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roma / corresponsal

Con un «Misión Libia, se parte», el ministro del Interior y vicepresidente del Gobierno italiano, Matteo Salvini, realizó ayer su primera visita oficial a Libia con la inmigración como punto principal de la agenda. Según el líder de la xenófoba Liga, Italia y Libia tienen una prioridad común que es «proteger las fronteras externas, europeas y libias, y detener a los barcos de las oenegés que ayudan al tráfico de seres humanos». Salvini insistió en que Libia ha pedido continuar el bloqueo del tráfico de seres humanos «que hace de las ONG, no sé si consciente o inconscientemente, cómplices de los traficantes». La propuesta que llevó a las autoridades libias es la creación de centros de acogida e identificación en el sur del país y ayuda «técnica y económica» para ayudas a Trípoli a «bloquear la inmigración que estamos sufriendo ambos», explicó en la rueda de prensa con su homónimo Abdusalam Ashour.

La propuesta no convence al país norteafricano que rechaza «categóricamente» la idea de instalar en su territorio campos para migrantes porque «no está permitido por la ley», dijo el vicepresidente libio Ahmed Maiteeq. «Italia es nuestro primer aliado en economía, en el sector energético y en otras materias y queremos aumentar nuestra colaboración», aseguró mientras anunciaba una conferencia bilateral sobre inmigración para mitad de septiembre.

Mientras tanto, la odisea de los 300 inmigrantes que se encuentran a bordo del barco de Lifeline y del mercantil Alexander Maersk, sigue una suerte dispar. Tras cinco días en mar y con las condiciones meteorológicas empeorando, la situación a bordo del Lifeline se hace muy difícil. El representante de la oenegé, Axel Steiner, envió dos peticiones para desembarcar, una a Francia y la otra a España. La ministra francesa de Asuntos Europeos, Nathalie Loiseau advirtió que, según la legislación internacional, es Italia la que tiene que permitir el desembarco es sus puertos. Insistió, como ya había hacho días pasados el presidente Macron, en que Francia no permitirá lecciones de Italia en materia de inmigración. Por su parte Salvini volvió a insistir ayer que el barco «es ilegal. ¡Qué lo acojan en Marsella!», declaró.

La misma petición ha sido enviada a España, según dio a conocer Izquierda Unida. La oenegé propone una serie de opciones para «evitar que la tensa situación humanitaria se deteriore». Una sería la negociación bilateral con Malta para que facilite el desembarco de los 234 inmigrantes, que luego serían trasladadas a España en avión. También propone al Gobierno español que se les conceda un visado humanitario debido a «la urgencia de la situación y al estado de necesidad en que se encuentran».

Distinta es la suerte de las 113 personas a bordo del Alexander Maersk, fondeado en aguas territoriales italianas en las proximidades de Pozzallo, Sicilia, ya que ayer fueron autorizadas a desembarcar. Dinamarca presionó a Italia para llegar a una solución a través de la ministra de Inmigración, Inger Støjberg, que envió una carta a Salvini en la que le pedía una «rápida» solución porque «eran inmigrantes camino de Italia y por eso es Italia quien debe acogerlos». A la petición se unió el alcalde de Pozzallo que informó de que desde tierra han enviado víveres y medicinas al barco. «Hacedles desembarcar porque son seres humanos, no mercancía», pidió.

Los correligionarios de Merkel le tienden la mano

patricia baelo

Un día después de la reunión que mantuvieron en Bruselas los mandatarios de 16 países europeos, la cúpula de la Unión Cristianodemócrata (CDU) cerró filas en torno a la canciller alemana, amenazada por su socio más a la derecha, la CSU bávara, con romper la coalición de Gobierno por diferencias en política migratoria. A lo largo de esta semana se va a intentar avanzar hacia la protección de las fronteras exteriores de la UE y la firma de acuerdos bilaterales para la acogida de refugiados expulsados, explicó ayer Annegret Kramp-Karrenbauer, secretaria general de la CDU.

«Si tomamos decisiones en solitario es muy probable que Italia abandone el acuerdo de Dublín y no registre más inmigrantes, con lo que a la postre tendríamos más demandantes de asilo que antes», advirtió el primer ministro de Renania-Westfalia y miembro de la CDU. Armin Laschet se refería así al plan maestro con el que el ministro alemán del Interior y líder socialcristiano bávaro, Horst Seehofer, busca expulsar de Alemania a todos aquellos que hayan entrado al continente por otros países. Algo que Merkel rechaza, ya que solo serviría para trasladar la crisis de un Estado a otro. Ante las elecciones de Baviera, que serán en octubre, Seehofer ha derechizado su discurso con el fin de robarle votos al xenófobo AfD.

Por ello, le ha dado un ultimátum a la jefa de la bancada conservadora: o llega a un acuerdo con la UE en la cumbre del 28 y 29 en Bruselas para reducir la cifra de llegadas, o empezará a ejecutar las expulsiones en la frontera de forma unilateral. De cumplirse, el ultimátum implicaría que la canciller se vería obligada a destituir a Seehofer como ministro del Interior, con lo que la CSU saldría del Ejecutivo, quedando así rota su histórica hermandad de 69 años con la CDU, y lo que es peor, la gran coalición.

Encuesta

Ambos partidos tienen previsto reunirse hoy para tratar de acercar posturas. También con su tercer socio de Gobierno, el SPD, cuya presidenta Andrea Nahles lamentó que «algunos solo estén pensando en los comicios regionales». Entretanto, según un sondeo demoscópico del instituto Forsa difundido ayer, el 43 % de los electores bávaros están satisfechos con el trabajo de Merkel, frente al 37 % que valoran positivamente a Seehofer. Asimismo, hasta el 75 % de ellos insisten en que hay cuestiones más importantes que la política migratoria.

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