Seehofer y Merkel acaban reconciliándose

La canciller y su ministro del Interior logran salvar la coalición tras un acuerdo sobre inmigración

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El circo político en Alemania parece haber acabado. Tras una noche intensa, en la que el ministro del Interior presentó su dimisión para retractarse horas después, Horst Seehofer y Angela Merkel lograron acercar posturas en política migratoria para salvar así la recién estrenada coalición de Gobierno. El acuerdo incluye la creación de lo que denominan centros de tránsito en la franja fronteriza entre Austria y Alemania. Allí se internaría a los refugiados que entraran en Alemania tras haber pasado y registrado como solicitante de asilo en otro país de la UE. Los inmigrantes estarían recluidos en esos campos, si poder salir, durante el proceso para otorgarles la residencia o enviarles de vuelta al país por donde hubieran entrado en Europa.

El pacto está cogido por alfileres ya que falta la aprobación del tercer socio de la coalición, el Partido Socialdemócrata (SDP), opuesto antaño a este tipo de centros de reclusión.

Las negociaciones de este lunes fueron duras e intensas. Primero hubo un encuentro a tres bandas con el presidente del Parlamento, Wolfgang Schäuble, y posteriormente, una cita entre ambos y las cúpulas de sus partidos, la CDU y la CSU bávara, en medio de una gran expectación.

«El deseo de solucionar el conflicto es grande y ahora hay que aclarar cómo se pueden combinar medidas nacionales y europeas», declaró la canciller antes de las reuniones, consciente de que las diferencias con su socio más a la derecha en el Ejecutivo no solo mantienen en vilo al país, sino al continente. El domingo, Seehofer, que rechaza la política de asilo de Merkel desde que esta abrió la frontera a los refugiados en septiembre de 2015, había considerado insuficientes todos los acuerdos alcanzados entre Berlín y sus vecinos de la UE.

El bávaro se había expresado en contra de realojar a los inmigrantes que sean rescatados en alta mar en centros situados en suelo alemán. Pero además, lamentó que los pactos bilaterales que Merkel firmó con al menos 13 países de la UE, entre ellos España y Grecia, para acoger a los refugiados que entraron al bloque por su territorio antes de continuar su travesía hasta Alemania, no tuvieran un efecto inmediato. Seehofer había insistido en comenzar ya con las expulsiones en la frontera, para combatir la llamada migración secundaria. Un plan que Merkel rechazó, dado que trasladaría la crisis de un Estado a otro. También sus correligionarios de la CDU, cuya secretaria general, Annegret Kramp-Karrenbauer, subrayó que «las medidas unilaterales enviarían una señal equivocada a los vecinos europeos». Al igual que el tercer socio de Gobierno, el SPD, que había elaborado su propia propuesta en la línea de los acuerdos de Bruselas. Ni siquiera los votantes de la CSU respaldan a Seehofer. Según un sondeo reciente, el 48 % de ellos están del lado del ministro del Interior, frente al 49 % que apoyan a Merkel.

«No dejaré que me destituya una canciller que es canciller gracias a mí», dice Seehofer

Con todo, Seehofer había lanzado ayer nuevos dardos a la jefa del Ejecutivo. «No dejaré que me destituya una canciller que es canciller solo gracias a mí», señaló en alusión a que en las elecciones de septiembre su formación consiguió en Baviera un resultado comparativamente mejor que el obtenido en todo el país por la CDU de Merkel. «Estoy en una situación difícil de imaginar, la persona a la que ayudé a llegar donde está, quiere librarse de mí», añadió en una entrevista con el diario Süddeutsche Zeitung.

El consenso ha sido complicado. Si no lograban acercar posturas, Seehofer amenazaba con iniciar las expulsiones contra la voluntad de Merkel, con lo que esta tendría que cesarlo. En cualquier caso, la pregunta que todos se hacían ayer era si realmente merece la pena, y hasta cuándo, mantener la histórica alianza entre la CDU y la CSU, formaciones hermanas desde 1949. De romperse la gran coalición, que costó seis meses negociar y solo lleva operativa desde marzo, Merkel tendría que formar un Gobierno en minoría o buscar el apoyo de Los Verdes. El escenario podría conducir a nuevas elecciones.

La nueva generación de conservadores bávaros endurece su discurso político

El ministro alemán del Interior y líder de la CSU ya ha faltado a tres citas importantes en los últimos días. Horst Seehofer se ausentó la semana pasada del pleno, precisamente cuando la jefa del Gobierno prestaba declaración con el fin de explicar al Bundestag su política migratoria antes de partir a la cumbre europea de Bruselas. Algo que, sin duda, fue un desplante hacia Angela Merkel por parte de su socio más a la derecha en el Ejecutivo de la gran coalición. Lo que es peor, el halcón bávaro faltó el lunes a dos reuniones de los grupos parlamentarios de la CDU y la CSU, alegando no haber llegado a tiempo por quedarse atrapado en un atasco.

Sin embargo cada vez más voces consideran que, a punto de cumplir 69 años este miércoles, Seehofer ha tirado la toalla y dejado de verse a sí mismo sentado en el gabinete junto a la canciller, su eterna rival, que desea que caiga junto a él. Aunque el creciente desgaste del líder de la CSU no puede entenderse sin Baviera, el próspero Land situado en el sureste del país y bastión de la formación desde tiempos inmemoriales. El estado federado al que más demandantes de asilo han llegado desde que estalló la crisis migratoria en septiembre del 2015 tiene cita con las urnas el próximo 14 de octubre.

Por primera vez la CSU teme perder allí su mayoría absoluta de manos del ultraderechista AfD, que tras capitalizar el rechazo hacia los refugiados, se coronó tercero en las elecciones generales de septiembre y amenaza con quedar segundo en Baviera. Ello ha propiciado que los socialcristianos se hayan dividido por sus diferentes posturas migratorias. De un lado la fracción más moderada, representada por el ministro alemán de Cooperación y Desarrollo, Gerd Müller, que se distanciaba ayer del plan que prevé el inminente cierre de la frontera. «Los bávaros no desean que nos convirtamos en un partido solo regional», insistía Müller, que apuesta por la continuidad de la alianza entre la CDU y la CSU a nivel federal.

De otro está el ala dura, encarnada por el actual primer ministro de Baviera, Markus Söder, a quien Seehofer pasó el testigo en diciembre pasado, así como el jefe del grupo parlamentario de la CSU, Alexander Dobrindt. Ambos instaron el domingo a la cúpula bávara a seguir adelante con el plan unilateral de inmigración, que prevé las expulsiones. «Se trata de la lucha final por la credibilidad» de la formación, lo llamó Söder, quien también ha criticado la reforma de la eurozona propuesta por Merkel y el presidente francés, Emmanuel Macron, por miedo a una mutualización de la deuda.

La línea dura parece haberse impuesto ya en la CSU, que busca llenar el vacío que ha dejado la CDU a su derecha. Por ello, si Seehofer termina dimitiendo de sus cargos, lo más probable es que el ambicioso Söder y los suyos no tarden en sustituirle al frente del partido. Aunque también en el gabinete de Merkel, que ahora se empeñan en proteger. «Dentro del Ejecutivo se puede lograr mucho, pero fuera de él, no», sostiene la nueva generación bávara.

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