Los mexicanos apostaron por un futuro distinto, aunque incierto

Millones de mexicanos hablaron claro el pasado domingo en las urnas: quieren un futuro distinto. Para ello apostaron de forma contundente por un Andrés Manuel López Obrador (AMLO) que se postulaba por tercera vez como banderín de enganche para cambiar el rumbo de la historia de la segunda economía de América Latina.

.López Obrador junto a su mujer
López Obrador junto a su mujer

A CORUÑA

No va a tener fácil el hacer realidad el «Juntos haremos historia» que ha sido el eslogan central del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), la coalición con la que afrontó su tercer intento de llegar a la presidencia de un país que desde que él lo intentó sin éxito por primera vez en el año 2006 arroja el trágico balance de 240.000 muertos y más de 40.000 desaparecidos.

Violencia y corrupción son las dos palabras que mejor resumen la cruda realidad actual del mayor país hispanohablante del mundo que limita al norte con la primera potencia mundial, al frente de la cual se encuentra desde hace un año el que, al menos hasta la fecha, parece ser el mayor disparate de la historia del país: un Donald Trump que, con su política de gestos e insultos hacia su vecino del sur y principal proveedor de mano de obra barata, ha contribuido, en buena medida al rotundo triunfo en las urnas de AMLO.

Si llega vivo al primero de diciembre y sigue moderando su discurso, sacudiéndose el sambenito de el Chávez mexicano, no le van a faltar apoyos para poner en práctica sus compromisos programáticos. De hecho, un sector del empresariado loha respaldado oficialmente durante la campaña.

Su desafío más urgente será plantar cara al crimen organizado cuya fuerza corrosiva del tejido socioeconómico y político del país no ha dejado de crecer en las últimas décadas, especialmente desde que en el año 2006, con la llegada de Felipe Calderón a la presidencia, se apostó por la militarización para combatirlo. En este terreno durante la campaña AMLO empezó prometiendo polémica una amnistía para los narcos que luego matizó diciendo que no incluiría a los capos y no por ello dejaron de crecer durante la campaña los asesinatos de candidatos a manos de sicarios.

Su discurso en materia económica también se ha ido moderando a lo largo de los tres meses de campaña. Dejó de hablar de nacionalizaciones y expropiaciones, prometió no subir los impuestos, no aumentar la deuda pública y sí los programas sociales. ¿Cómo? Su recepta es la austeridad en la administración y la lucha contra la corrupción. Según sus cuentas, con eso pueden lograr 20.000 millones de dólares más al año.

En la medida en que logre hacer realidad estos objetivos esa regeneración que promete sin dejarse seducir por la demagogia del populismo, después de 70 años de gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y casi dos décadas de alternancia entre los dos partidos tradicionales -PRI y PRD- el futuro de los mexicanos empezará a ser un poco menos sombrío.

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