El rey sol se enfrenta al aislamiento

El presidente francés pierde fuelle tras su aplastante victoria electoral de hace un año y sufre fuertes resistencias para aplicar su programa modernizador de la economía y reformista en la UE


PARÍS / CORRESPONSAL

Mañana lunes, los parlamentarios franceses peregrinarán a Versalles para la alocución de Emmanuel Macron. El discurso del presidente, calificado de «inútil y caro» por parte de senadores y diputados de todos los frentes políticos de la oposición (e incluso también por parte de algunos supuestos aliados), se pronunciará sin interrupciones ni estará seguido de preguntas o debate alguno con sus adversarios. Con una política de reformas implacable cargada de símbolos monárquicos y una tasa de popularidad que apenas logra estabilizarse en el 30 %, el rey sol comienza a aislarse tanto en Francia como en Europa y su empuje electoral va perdiendo fuerza. 

LA REFORMA COMUNITARIA

Un plan fallido. El presidente llegó al Elíseo preparado para liderar la refundación de la Unión Europea (UE) y con un paquete de reformas listas para presentar en Bruselas y que estaban en clara contraposición con la hegemónica Alemania. Entre esos cambios, el líder francés exigía la adopción de un presupuesto único para la zona euro y la creación de una oficina europea de asilo para gestionar de forma común la crisis migratoria. Sin embargo, más de un año después de su elección, su sueño de una nueva Europa está lejos de cumplirse. Con Angela Merkel debilitada en Alemania, Macron puede tomar el timón del motor francoalemán, pero la elección en Italia del primer ministro euroescéptico Matteo Salvini y la falta de entusiasmo general por sus propuestas ponen el liderazgo duro. Mientras tanto, el 68 % de los franceses se dicen descontentos de la relación con la UE. 

contestación social

La oposición se moviliza en las calles. El primer año del mandato de Macron ha estado marcado por importantes protestas, en particular en contra de las reformas de la ley laboral y del acceso a la universidad. La primera provocó una huelga de trenes de tres meses que amenaza con prolongarse y la segunda, el bloqueo de varias universidades durante otros tantos. Pese a su amplitud, ninguno de los movimientos lograron echar atrás las medidas. Organizaciones sindicales y su más ferviente opositor, La Francia Insumisa, acusan al centrista de buscar «la ruptura social». La inclusión en la Constitución de la figura del estado de emergencia y el incremento de tensión contra las fuerzas del orden también han creado polémica. La cantidad de veces que la policía ha recurrido a sus armas ha aumentado un 54 % en el último año, elevando a 14 el número de muertes entre julio del 2017 y mayo del 2018. La última, de un presunto delincuente de Nantes, desató una ola de violentos disturbios en los barrios populares de la ciudad.

AUTORITARISMO

¿Un presidente o un monarca? Macron ha prometido reunir al Parlamento en Versalles una vez al año durante su quinquenio. Sus predecesores se sirvieron del palacio tan solo dos veces: Nicolas Sarkozy acudió allí para el balance de su mandato y François Hollande lo hizo tras los atentados de París. La presidencia de Macron ha estado plagada de la utilización de símbolos monárquicos desde la misma noche de su victoria electoral, celebrada ante el palacio del Louvre, lo que le ha valido el sobrenombre de Júpiter, en alusión a la principal deidad romana, padre de dioses y de hombres. Otra diferencia que se inscribe en esta política de gestos es su distanciamiento de la prensa, evitando el contacto directo con los medios de comunicación para reforzar su imagen jupiterina. Consciente de que la proximidad de sus predecesores con la prensa les costó la filtración de varios affaires, Macron tomó la decisión radical de cortar el contacto, llegando incluso a forzar a los periodistas que cubren el Elíseo a mudarse del palacio presidencial a un edificio anexo.

LOS PUNTOS FUERTES

Cumplir lo prometido, una obsesión. Macron dice ser «un presidente que hace lo que dice». En su primer año de Gobierno ha conseguido aprobar un buen paquete de las reformas con las que consiguió el respaldo mayoritario del electorado: la liberalización de ley de trabajo, la modificación del acceso a la universidad, el fin al empleo de familiares por parte de parlamentarios o la transformación del impuesto sobre la fortuna en impuesto sobre la fortuna inmobiliaria. Otras grandes promesas, como la reforma de la justicia y de la ley de inmigración, están también en marcha. Sin embargo, algunos compromisos aún no han sido abordados, entre ellos la creación de un Ministerio de los Derechos de la Mujer o la apertura de más plazas para hacer frente a la superpoblación carcelaria.

LAS DEBILIDADES

Un Parlamento cada vez más hostil. La ola de La República en Marcha, puso en jaque a los partidos tradicionales, los cuales quedaron divididos entre los que optaron por colaborar con la nueva mayoría parlamentaria para influir en sus decisiones y ejercer de oposición para mantener su electorado y los que no. Si bien esta división le ha permitido gobernar sin mayores dificultades hasta ahora, su caída de popularidad y sus recientes escándalos relativos a la financiación de su campaña han avivado el espíritu de la oposición. 

DATOS PERSONALES

Emmanuel Jean-Michel Frédéric Macron (21-12-1977) nació en Amiens y se educó en la Escuela Nacional de Administración, la cuna de los llamados enarcas. Está casado con Brigitte, que fue su profesora de teatro en el instituto.

TRAYECTORIA EN EL CARGO

Es presidente de Francia desde el 14 de mayo del pasado año al frente del partido En Marcha, que él mismo fundó tras quedarse sin posibilidades de optar al cargo en el Partido Socialista de François Hollande. Junto con sus aliados centristas, suma más de 350 diputados, muy por encima de la mayoría absoluta, fijada en 289.

SUS DESAFÍOS

En apenas un año, Macron ha conseguido sacar adelante buena parte de sus reformas laborales y económicas, aunque no pudo lograr apoyos para iniciar la reforma de la Unión Europea.

Cuarta noche de disturbios en Nantes, con más de 35 coches destrozados

La desconfianza hacia la policía ha servido de caldo de cultivo para que, durante cuatro noches consecutivas, grupos de alborotadores hayan protagonizado en la ciudad francesa de Nantes disturbios, que tuvieron su origen en la muerte de un joven buscado por la justicia, por el disparo de un agente en un control.

La pasada madrugada fueron 35 los coches incendiados en los altercados que se produjeron en el barrio de Breil, donde el martes Aboubacar Fofana, un francés de origen africano de 22 años, recibió un tiro mortal en el cuello, pero también en los de Saint Herblain, Orvault, Rezé o Bellevue.

En las tres noches precedentes, las cifras de vehículos calcinados fueron todavía mayores también en otras zonas de esta ciudad del oeste de Francia, pero además fueron quemados y blanco del vandalismo mobiliario urbano, comercios y, sobre todo, edificios oficiales, incluidos centros escolares. Las fuerzas del orden, que en sus enfrentamientos de estos días replicaron con granadas lacrimógenas a los cócteles molotov que les eran lanzados, llevaron a cabo más de una quincena de detenciones.

El desencadenante de este estallido de violencia en una de las ciudades más prósperas de Francia fue un control policial que degeneró el martes en los hechos ocurridos. El brigadier jefe causante de la muerte de Fofana fue imputado y ha quedado en libertad bajo control judicial.

De forma paralela al desarrollo judicial, varios políticos de la derecha y la extrema derecha utilizaron rápidamente el suceso y los disturbios posteriores para alimentar el debate público sobre la seguridad, amparándose en la primera versión policial. El presidente de Los Republicanos, Laurent Wauquiez, que intenta presentarse como jefe de la oposición a Macron, sobre todo con una postura intransigente ante la inmigración y la delincuencia, dijo: «Entre un maleante perseguido por tráfico de drogas y la policía, pido que la presunción de inocencia esté del lado de las fuerzas del orden».

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