«Estoy dispuesta a morir por Nicaragua»

Los estudiantes de la Universidad Autónoma de Managua lideran la revuelta contra Daniel Ortega

Cientos de jóvenes despidieron a Gerald Vásquez, uno de los asesinados el sábado en Managua
Cientos de jóvenes despidieron a Gerald Vásquez, uno de los asesinados el sábado en Managua

MANAGUA / E. LA VOZ

A la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua se llega por una de las carreteras principales de Managua, la capital del país. Una hilera de barricadas daba la bienvenida a la zona ocupada por al menos 200 estudiantes opositores desde principios de mayo. «Nuestra lucha la lidera Dios. Por eso estamos seguros de que venceremos», podía leerse en una de ellas.

Un grupo de jóvenes enmascarados aparecía en el primer bloqueo. «Bienvenidos a la UNAN», le dijeron a este periodista. Portaban morteros de fabricación casera, que solo son mortales si se disparan a corta distancia y a bocajarro. Los usaban para repeler los ataques de la policía y los de los grupos de civiles progubernamentales armados, como los que finalmente desalojaron el lugar el pasado viernes, dejando dos estudiantes muertos. Este periodista visitó las instalaciones universitarias tan solo dos días antes de la última batalla.

«Estoy dispuesta a dar mi vida por esta causa, a morir por Nicaragua», decía Halcón 03, el sobrenombre por el que se conoce a una de las líderes estudiantiles, de 25 años. «Necesitamos un nuevo Gobierno que haga valer nuestros derechos y tome en cuenta nuestras opiniones. Que no solamente ejerza un poder político», reclamaba la joven.

Tres meses de protestas antigubernamentales han dejado más de 350 muertos en Nicaragua, según las oenegés del país centroamericano. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha confirmado ya un número de 273 fallecidos.

El presidente, Daniel Ortega, cree que los jóvenes que han erigido barricadas y bloqueos viales en varias zonas del país son «terroristas pagados por otros países». Su Gobierno los ha acusado ante la OEA de violaciones de los derechos humanos.

«Si estuviéramos pagados, no expondríamos nuestras vidas. La vida no tiene ningún precio. Yo trabajo y no estoy pagada por ningún partido ni mucho menos por Estados Unidos. De ser así, estaría allí», decía Halcón 03.

Tampoco cree que sean minoría, como aseguran las autoridades. «Si eso fuese así, Ortega no estaría obligando a los trabajadores del Estado a que vayan a las manifestaciones prosandinistas o para ser los actores de muchas muertes que hemos tenido nosotros», aseguraba la joven.

«No puede ser que el Gobierno nos mate así. Somos el futuro del país», grita una joven

En las instalaciones de la universidad tenían una rudimentaria sala médica donde operaban con medicinas donadas por la población que simpatiza con la protesta. Había una pequeña cocina, un patio para reuniones y unos dormitorios con colchones tirados en el suelo.

«Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, son las personas más cobardes que han existido en este país. Son peores que el dictador Anastasio Somoza. No tienen corazón. Han matado a la juventud. A niños y familias», decía otro estudiante, alias el Chaparro, de 18 años.

Sin palabras

«Me quedo sin palabras viendo cómo se reprime al pueblo que ha estado saliendo a las calles pacíficamente. La gente tiene miedo de salir a protestas ahora porque ellos andan con armamento pesado. AK47, M16 y otras armas similares que solo en la guerra se usan. Los canales sandinistas dicen que somos vándalos, cuando el pueblo sabe que los delincuentes que caminan saqueando y asaltando a la población son ellos», aseguraba el joven.

Su lucha, dice, le ha cambiado la vida. «He perdido amigos. También aquella nostalgia de andar en las calles, jugando al fútbol, que es mi pasión. También a mi familia. No me puedo acercar a ella porque las personas más cercanas a mí pueden correr peligro si yo las intento ver. Nos están sacando de las casas», añadía Chaparro.

Unos 60 jóvenes se refugiaron en la cercana iglesia de la Divina Misericordia cuando se inició la operación de los leales a Ortega. Sus vídeos lanzados en las redes sociales dieron la vuelta al mundo. Fueron liberados doce horas después, tras una ardua negociación entre el Gobierno, la Conferencia Episcopal y la CIDH. La policía mostró al menos dos escopetas, un revólver y un fusil entre los morteros encontrados en la UNAN. Los estudiantes niegan haber tenido ese armamento. Sus seres queridos los esperaban en la catedral de Managua. Dos familias no pudieron abrazar a sus hijos. «No puede ser que el Gobierno nos mate. Somos el futuro de Nicaragua», gritaba entre lágrimas una de las liberadas.

El Gobierno se prepara para una semana de movilizaciones

La comunidad internacional ha puesto los ojos estos días en la situación de Nicaragua. Cuatro países centroamericanos, Costa Rica, Panamá, Guatemala y Honduras, mostraron ayer su preocupación y condenaron la represión que se vive en el país. «Costa Rica condena el uso de fuerza letal contra estudiantes y civiles en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua», señaló el ministerio de Exteriores de este país centroamericano.

Siete expresidentes enviaron una carta al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, pidiéndole su intervención para encontrar una solución política que «restablezca, a la mayor brevedad posible, la paz y la democracia» en Nicaragua. Uno de sus suscriptores era el premio nobel de la paz Óscar Arias.

Los obispos nicaragüenses -señalados por el Gobierno en los últimos días como opositores- volvieron a reclamar la reanudación del diálogo nacional. «Que se cambie de método. No es la violencia la forma más adecuada, sino buscar la persuasión, puntos de comunicación», reclamó el cardenal Leopoldo Brenes. «Es necesario entrar en diálogo para evitar muertes», añadió.

El vehículo de monseñor Abelardo Mata, obispo de Estelí, fue atacado a balazos el domingo. El sacerdote no sufrió daño alguno.

La Conferencia Episcopal pidió «especialmente a los policías, militares y demás empleados públicos» que reflexionen sobre la «grave y urgente» situación del país. El pasado domingo murieron al menos diez personas durante los ataques de la policía y civiles progubernamentales armados en cinco ciudades del país donde se mantenían barricadas. Al menos cuatro de los muertos eran oficiales antimotines.

Se esperan manifestaciones masivas esta semana. El próximo miércoles se cumplen tres meses de protestas opositoras y el jueves el oficialismo celebrará el 39.º aniversario de la Revolución Sandinista.

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