El libro blanco del «brexit» de May dura menos de cien horas

Aprueba cuatro enmiendas para contentar a los «brexiters»

May tuvo que endurecer los reglamentos aduaneros
May tuvo que endurecer los reglamentos aduaneros

LONDRES / E. LA VOZ

Theresa May no tuvo ayer más remedio que ceder ante los partidarios de un brexit duro y aceptar sus cuatro enmiendas para evitar así que su compañero de filas Jacob Rees-Mogg y sus colegas euroescépticos votasen en el Parlamento en contra de la Ley de Aduanas. La modificación supone que el último libro blanco sobre la ruptura con la UE ha durado menos de cien horas en vigor y que la primera ministra británica tendrá que remitir de nuevo la documentación a Bruselas para activar el proceso negociador.

El gesto no evitó siquiera que las dimisiones en filas conservadoras se siguieran sucediendo. Ese fue el caso de Scott Mann, diputado por North Cornwall, que renunció arguyendo que hay elementos del libro blanco del brexit que «inevitablemente le pondrán en un conflicto directo con las opiniones expresadas por una gran parte de mis electores».

El Grupo de Investigación Europea (ERG, por sus siglas en inglés) aumentó su presión sobre May alegando que, con el arreglo aduanero propuesto, por el cual el Reino Unido cobraría los aranceles de la UE sobre algunas importaciones y que, con los planes para un «reglamento común» para bienes y agricultura, llevarían una relación con Bruselas demasiado estrecha en el futuro.

«Estoy contenta de escuchar las preocupaciones de mis colegas», defendía May, en respuesta a los que la acusaban de haber dado marcha atrás a lo acordado en la reunión con su Gabinete en Checkers. Así se lo reprochaba el laborista Gareth Thomas, diciendo que los tories partidarios de un brexit duro «están ahora al mando» y que ayer «se dio un paso más hacia la catástrofe de una ruptura sin acuerdo».

Esas concesiones también llevaron a otros tories a mostrar su rechazo desde el anonimato: «Es espantoso. Absolutamente espantoso. Jacob Rees-Mogg dirige nuestro país», dijo un diputado al diario The Guardian.

Frente proeuropeo

Por su parte, la exministra de Educación Justine Greening abrió otro frente a May al convertirse en la primera gran figura de su partido en defender públicamente la celebración de un segundo referendo, alegando que la decisión final sobre el brexit debe dársele a la gente y no dejarla en manos de políticos estancados.

La conservadora se une al planteamiento lanzado por Tony Blair, para quien «la pregunta puede resultar complicada, pero la complejidad no es insuperable». Greening cree que la población debería de tener tres opciones en la papeleta: el acuerdo que propone May, un «no acuerdo» con Bruselas o la permanencia en la UE. Pero Downing Street lo rechazó, diciendo que no sucederá bajo ninguna circunstancia.

Además, ayer se supo que el número de ciudadanos de la UE que emigraron del Reino Unido el año pasado es el más alto registrado en cuatro años, según datos de la Oficina de Estadística Nacional. Un total de 139.000 personas abandonaron el país en el 2017, según las cifras del organismo oficial que controla los flujos migratorios del país.

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