Los «tories» expedientan a Boris Johnson por atizar la islamofobia

El exministro se negó a pedir perdón por criticar el uso del burka

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LONDRES / E. LA VOZ

El exministro de Asuntos Exteriores británico Boris Johnson se aferró a que no tenía que pedir disculpas por comparar a las mujeres que llevan burka con buzones y ladrones de bancos, por lo que ahora se enfrentará a una investigación disciplinaria por la presunta violación del código de conducta de su partido.

La investigación representa el primer paso en cualquier proceso disciplinario, que en última instancia podría llevar a Johnson a ser expulsado o suspendido del partido, un veredicto que tendría que ser firmado por Theresa May y que parece poco probable, pese a que recibió decenas de quejas por sus comentarios.

El código de conducta conservador expone que los diputados y otros cargos públicos no deberían «usar su posición para intimidar, abusar, victimizar, hostigar o discriminar ilegalmente a otros» y aboga por «fomentar el respeto y la tolerancia». Para muchos compañeros, Johnson se ha saltado esas normas a la torera con sus comentarios. El defensor del brexit, pese a mostrarse en contra del uso del burka, también está en contra de su prohibición porque «no se debe decir a una mujer adulta libre lo que debe o no llevar en un espacio público».

Su vuelta a la polémica columna semanal en el Daily Telegraph no ha pasado desapercibida y rompe también las reglas ministeriales, según el Comité Asesor de Nombramientos Empresariales británico. Johnson tendría que haber esperado tres meses para desempeñar un nuevo empleo tras dimitir como jefe de la diplomacia británica.

Para este organismo de control, su actitud es «inaceptable», mientras que desde las filas de la oposición lo acusaron de mostrar un «desprecio total» por la democracia. Desde el Partido Laborista luchan contra las acusaciones de antisemitismo contra su líder, Jeremy Corbyn, y las palabras de Johnson, que reactivaron las críticas de islamofobia en filas tories les han dado un respiro.

May pide apoyo a los suyos

May hizo una intervención de perfil bajo, reprochando al gran abanderado del brexit duro dentro de su partido, utilizar un «lenguaje que ha ofendido a la gente», pero por el momento prefiere centrarse en conseguir apoyos para sacar adelante el conseguir un acuerdo con Bruselas para salir del bloque común.

La estrategia de la primera ministra pasa por calmar a los rebeldes de las bases del partido enojados con su plan de Chequers, escribiendo a cada uno de los miembros una larga carta. El escrito, de tres páginas, podría costarle al partido alrededor de 70.000 libras (unos 78.000 euros) y forma parte de su estrategia que incluye la celebración de reuniones informativas entre su jefe de gabinete, Gavin Barwell, y el presidente del Partido Conservador, Brandon Lewis. Además, la propia May participó en una conferencia telefónica para responder directamente a las preguntas de los presidentes locales ante la alarma creada por la reacción de las bases a su propuesta.

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