«No tenemos liras para cambiar. La gente está entrando en pánico»

Los ciudadanos turcos ven cómo la depreciación de la lira provoca la subida de los productos básicos

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Estambul / E. La Voz

El dueño de la casa de cambio se muestra preocupado al ver entrar nuevos clientes. «No tenemos liras para cambiar», dice. «Normalmente iría al Gran Bazar, porque allí hay mayor flujo de dinero, pero he estado esta mañana y tampoco tenían liras. La gente está entrando en pánico». El hombre se niega a dar su nombre, como muchos propietarios de otros negocios de Estambul. «No sé lo que va a pasar, y no quiero problemas», aclara.

Una de las causas del desabastecimiento de la divisa viene motivada por la petición del presidente Recep Tayyip Erdogan de que los ciudadanos vendiesen las monedas extranjeras y el oro que guardan «bajo el colchón» para combatir la depreciación de la lira.

En Turquía es habitual regalar monedas de oro en las bodas y nacimientos, mientras que los depósitos bancarios suelen hacerse en dólares. La última vez que Erdogan hizo un llamamiento similar, en diciembre del 2016, la población se movilizó hasta el punto de que varios negocios ofrecían servicios gratuitos a aquellos que demostrasen que habían cambiado sus dólares. Lejos de recuperarse, el valor de la lira siguió cayendo, y millones de turcos perdieron parte de sus ahorros.

La situación actual es impredecible. Aunque el ritmo socioeconómico en Estambul se mantiene, hay un sentimiento de preocupación palpable. El miércoles la lira se estabilizaba momentáneamente después de que Catar se comprometiese a inyectar en el sector bancario turco 13 billones de euros, evitando así que Turquía tuviese que pedir un rescate. Un día después, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciaba nuevas sanciones y volvía a hacer retroceder los mercados. Ankara ha respondido por ahora aumentando las tasas de importación de coches, alcohol y tabaco norteamericanos, y Erdogan ha prometido ir contra la tecnología, poniendo como ejemplo el iPhone de Apple.

Pero lo que realmente preocupa a los turcos por ahora es la subida del precio de productos básicos como la mantequilla o las verduras. El pasado jueves se anunció además un incremento del 15 % en el precio del pan. «Si no puedo comprarme un iPhone, pues no me lo compro. Pero tenemos que seguir comiendo. Da miedo ver cómo los precios suben cada semana», se queja una mujer en el supermercado. «Todo lo que compro para la clínica lo tengo que pagar en dólares», dice una veterinaria. «No quiero subir mis precios, pero cada vez me sale más caro comprar material. A este paso llegará un punto en el que no tenga beneficio», afirma.

Desabastecimiento

El desabastecimiento en algunas tiendas de electrónica es un hecho. «Muchas de las cosas que vendemos en la tienda las importamos. Ahora mismo eso está paralizado porque no sabemos qué precio ponerle a las cosas. Compramos a un precio pero no sabemos cuánto se va a haber depreciado cuando lo vendamos. Mil liras de hoy no lo son mañana», explica el responsable de una tienda de electrodomésticos.

Precisamente la caída de la lira y la falta de actualización de los precios ha servido de aliciente para muchos extranjeros, principalmente saudíes y chinos. En los últimos días se les ha visto haciendo cola a las puertas de establecimientos de lujo como Channel o Dolce & Gabana. Las gangas no durarán mucho. «Hacemos pedidos un par de veces al mes, y en el próximo no podremos mantener estos precios», dice la dependienta de una de estas tiendas.

Con la crisis también ha aumentado ligeramente el número de turistas extranjeros que se ha decantado por la costa de Turquía como destino de vacaciones. «La semana pasada miré un vuelo a Bodrum y costaba 100 euros. Esta semana costaba 40», dice Karen, una estadounidense que reside en Estambul. Sin embargo, muchos turcos han tenido que cancelar sus vacaciones en el extranjero. «Reservé las vacaciones hace meses. Si lo hubiera hecho ahora me hubiera costado casi el doble», dice Ayla, una joven que planea pasar la próxima semana en las islas griegas.

Turquía rechaza de nuevo liberar al pastor estadounidense

La Justicia turca rechazó ayer una vez más liberar al pastor estadounidense Andrew Brunson, en cuyo arresto domiciliario está el origen de la actual disputa entre Washington y Ankara, pese a nuevas amenazas de sanciones a las que Ankara promete replicar.

La decisión del tribunal de Esmirna se produce un día después de que el secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, advirtiera que su país adoptaría sanciones suplementarias si Ankara no pone en libertad al pastor Brunson. Amenazas que fueron rechazados ayer por el ministro truco de Comercio, Ruhsar Pekcan: «Replicamos [a las sanciones estadounidenses] de acuerdo con las reglas de la OMC y seguiremos haciéndolo». La crisis diplomática entre ambos aliados de la OTAN sigue abierta, y la lira turca -que pareció recuperarse esta semana- volvía ayer a caer con fuerza.

El pastor Brunson fue puesto bajo arresto domiciliario el mes pasado tras haber pasado más de un año y medio en prisión acusado de espionaje y de actividades terroristas. Ankara lo vincula con el clérigo Fethullah Gülen, considerado instigador de la intentona golpista. La fiscalía turca pide 35 años de cárcel para él.

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