Trump azuza a sus bases a votar en las legislativas y evitar su «impeachment»

Pide al fiscal general investigar quién es el topo de la «resistencia interna»

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Nueva York / corresponsal

En la batalla por el control del Congreso de EE.UU., el arma de Donald Trump es el miedo. A él recurrió en un mitin en Montana donde por primera vez, se refirió a la posibilidad de sufrir un impeachment (juicio político), extremo inevitable si los demócratas ganan las legislativas de noviembre. «Seré el único presidente de la historia del que dirán: '¡Qué gran trabajo hizo! Por cierto, le destituyeron'», afirmó. No se quedó aquí y descargó sobre sus seguidores la responsabilidad de que el Congreso lo destituya. «Si sucede será vuestra culpa por no salir a votar», dijo. La amenaza a sus fieles no se quedó ahí, y pintó un panorama apocalíptico. Según Trump, una mayoría demócrata en el Capitolio supondría un aumento de la violencia en el país por la abolición de la Agencia de Inmigración y Aduanas. De manera paradójica, el mismo hombre que a diario insulta a la prensa advirtió a sus bases que los demócratas pondrían en peligro la libertad de expresión y religión amparada en la primera enmienda.

Con un tono y una oratoria diametralmente opuestas, Barack Obama rompió su silencio y entró en campaña en la Universidad de Illinois. Así denunció que EE.UU. vive tiempos «peligrosos» y llamó a votar porque «nuestra democracia depende de ello». «Donald Trump es un síntoma, no la causa. Está capitalizando el resentimiento que los políticos han avivado durante años», denuncio. Con contundencia, reprochó el silencio de los republicanos. «¿Qué le ha pasado al Partido Republicano? Su principio central en política exterior era la lucha contra el comunismo ¡y ahora están acurrucándose junto al exlíder de la KGB!», manifestó en referencia a Putin. «Eso no es civismo. Es abdicar vuestra responsabilidad», censuró.

El demócrata denunció la falsa idea que hay entre las filas conservadoras de que «todo saldrá bien» porque «hay personas en la Casa Blanca que en secreto, no siguen las órdenes del presidente». «¡Esta no es la manera en la que nuestra democracia debería funcionar!», protestó aludiendo al grupo de resistencia contra un Trump amoral y errático que recoge tanto el libro de Bob Woodward como el artículo de «un alto funcionario» The New York Times. «Me quedé dormido. Creo que es muy bueno para dormir», afirmó Trump sobre el discurso de Obama en un acto electoral en Dakota del Norte.

En una Casa Blanca paranoica, el presidente sigue inmerso en la caza del topo y así instó ayer al fiscal general a que habrá una investigación. «Jeff [Sessions] debería investigar quién es el autor porque creo que es un tema de seguridad nacional», dijo al magnate en el Air Force One. No descarta someter a todo su equipo al polígrafo para descubrir quién es el autor del artículo.

A este respecto, uno de los editores del Times hizo sonar las alarmas al confirmar que el lenguaje de la carta podría «revelarlo todo». Tras esta pista, medios como la BBC sometieron el texto publicado a un software cuyo objetivo es identificar los rasgos estilísticos del autor a través del análisis de centenares de discursos y comunicados oficiales. Tras el estudio de parámetros como la longitud de las frases, repetición de palabras o tiempos verbales, todo apuntaba al vicepresidente Mike Pence.

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