Un ataque contra un restaurante judío en Chemnitz agrava la violencia xenófoba en Alemania

El ataque se produjo el pasado 27 de agosto, cuando centenares de ultraderechistas salieron a las calles de la ciudad situada en el este del país para protestar contra la acogida de refugiados


Berlín / corresponsal

«Lárgate de Alemania, cerdo judío». Así se refirió un grupo de enmascarados al dueño de un restaurante de Chemnitz, que además resultó herido en el hombro tras recibir una avalancha de piedras y botellas. El ataque se produjo el pasado 27 de agosto, cuando centenares de ultraderechistas salieron a las calles de la ciudad situada en el este del país para protestar contra la acogida de refugiados, después de que un alemán muriera apuñalado presuntamente por inmigrantes durante una pelea.

Después de negar que en Chemnitz hubiera habido «cacerías o pogromos» contra extranjeros, como cree el Gobierno federal, el primer ministro de Sajonia, Michael Kretschmer, recibía la denuncia del propietario del local. Las autoridades regionales han abierto una investigación por un episodio con «trasfondo antisemita». Mientras, Kretschmer, correligionario de Angela Merkel, acordó reunirse con el dueño del restaurante, identificado por Die Welt como Uwe Dziuballa. 

Este ataque abre una nueva dimensión en la ola de marchas xenófobas que se celebran desde hace dos semanas en Chemnitz y que no parecen ceder. Varios testigos, incluidos periodistas, aseguraron haber visto cómo los extremistas corrían detrás de gente de aspecto extranjero, y hasta se presentaron denuncias.

No obstante, el viernes el jefe de los servicios secretos de Interior cuestionó la autenticidad de uno de los vídeos que muestra a los ultras persiguiendo e insultando a dos inmigrantes. Existen «buenas razones» para pensar que es una «noticia falsa», sostuvo Hans-Georg Maassen. Es más, el responsable de la inteligencia opina que las imágenes pretendían desviar la atención pública del apuñalamiento, que calificó de «asesinato».

Unas declaraciones que muchos medios atribuyen a la infiltración de la ultraderecha en los servicios secretos. Según el diario Focus, otra teoría es que el propio ministro del Interior habría obligado a Maassen a hacer públicas las dudas sobre el vídeo, para imprimir más presión a la canciller alemana, con la que difiere sobre las políticas de asilo.

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