Un tuit del presidente casi provocó un enfrentamiento con Corea del Norte

Bob Woodward reconoce en su libro que nunca vio a un presidente «tan alejado de la realidad»

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Nueva YOrk / corresponsal

Miedo: Trump en la Casa Blanca es hoy el libro protagonista en buena parte de las librerías estadounidenses. La obra de Bob Woodward sale a la venta después de días de agitación política motivados por las revelaciones que hace de la Administración Trump. «Nunca he visto un tiempo en el que el presidente esté tan alejado de la realidad», opinó el periodista que junto a Carl Bernstein destapó el escándalo Watergate. 

En plena promoción de su libro, Woodward continuó ayer dando detalles de una investigación avalada por más de cien entrevistas con personas cercanas al presidente. En ese retrato que hace de una Casa Blanca «de manicomio» sujeta al comportamiento inestable y errático del mandatario, el veterano cronista relató uno de los episodios en que los asesores de Trump tuvieron que frenar su «comportamiento peligroso». Ocurrió poco después de llegar al poder cuando el presidente redactó un tuit en el que anunciaba que EE.UU. planeaba retirar a los 28.000 soldados estadounidenses y sus familias establecidos en Corea del Sur. «Había una sensación de profunda alarma en la dirección del Pentágono porque tenían información de primera mano de que los norcoreanos podrían interpretar ese anuncio como un ataque inminente», desveló Woodward en la CBS. Fue entonces cuando el secretario de Defensa, James Mattis, tuvo que explicar a su comandante en jefe que el pago de más de 3.000 millones de dólares por mantener a las tropas de EE.UU. en Corea del Sur, era una manera de evitar la Tercera Guerra Mundial.

«El libro de Woodward es una estafa. Un nuevo ataque contra mi persona, usando fuentes desacreditadas y anónimas. Muchos ya las han desmentido. ¡Yo escribiré el verdadero libro!», escribió ayer Trump en sus habituales tuits mañaneros. Su embestida no tardó en tener la respuesta del autor: «Hay fechas, hay horas, quién participa, la mayoría de las veces el propio presidente y lo que dice».

Trump aumenta la presión sobre los palestinos y cierra su misión en Washington

La Administración Trump redobló ayer la presión sobre los palestinos con el anuncio del cierre de la delegación palestina en Washington. «Esta peligrosa escalada muestra que EE.UU. está dispuesta a desmantelar el sistema internacional para encubrir los crímenes israelíes», aseveró el secretario general de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Saeb Erakat. Por si esto no fuera suficiente, el Ejecutivo estadounidense ordenó la retirada de 25 millones de dólares asignados a los hospitales de Jerusalén Este, la parte palestina de la ciudad.

Con estas medidas una vez más EE.UU. se alinea con los intereses defendidos por Israel. Primero fue el polémico reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, con el traslado a esa ciudad de su embajada, y en septiembre la cancelación de los 200 millones de dólares que aportaba la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA), que la lleva a su mayor crisis financiera. Los palestinos han optado por boicotear la iniciativa de paz que prepara Trump y que está en manos de su yerno Jared Kushner.

La sede de la OLP en Washington se ocupa de los asuntos consulares y comerciales palestinos en ese país como cualquier embajada pero sin rango de legación. 

Amenazas a La Haya

Uno de los motivos que EE.UU. esgrimió para cerrar la oficina de representación palestina es que la OLP trata de que la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en La Haya, abra una investigación por crímenes de guerra contra Israel. La Administración Trump fue muy clara ayer y amenazó con sancionar al CPI e incluso tomar medidas en la ONU para restringir sus poderes, si el tribunal decide investigar a EE.UU. o Israel. «Si la corte va a por nosotros, no nos quedaremos callados», advirtió el asesor de Seguridad Nacional, John Bolton.

Durante su primer discurso formal desde que asumió el cargo en abril, Bolton no escatimó en detallar las consecuencias que tendría ser investigados en La Haya: desde prohibir la entrada de sus jueces y fiscales en EE.UU. a imponer sanciones. «Haremos lo mismo con cualquier compañía o Estado que coopere en una investigación de la CPI contra estadounidenses», añadió desde el centro conservador Federalist Society. El exembajador estadounidense en la ONU ha sido uno de sus grandes críticos con el CPI, refiriéndose frecuentemente a la Corte como «ilegítima». «No cooperaremos. Dejaremos que la CPI se muera sola, al fin y al cabo en la práctica, la Corte ya está muerta para nosotros», zanjó Bolton.

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