Cataluña 451


Lo que está pasando es tan increíblemente trágico que llega a confundirse con lo cómico. A veces parece que en la tele emiten una secuela de Ocho apellidos catalanes, otras que en un instante abrirán el informativo con imágenes de piras de libros de autores prohibidos: Antonio Machado, Josep Pla, Pío Baroja, Cervantes, el siglo de Oro y la Generación del 27, el caso es que no quede ni rastro de ese invasor llamado España. En esta distopía real, porque han empezado como han empezado y, si se les dejara deshacer, acabarían como inevitablemente acaban muchas dictaduras -pellizcando mofletes en la puerta del búnker a los niños uniformados de las juventudes junquerianas, destruyendo hasta el futuro- los líderes de este ataque a la libertad en nombre de una falsa llibertat apuntan sus lanzallamas y abren fuego a 232,8 grados Celsius, que en grados Fahrenheit son 451. Cataluña 451. La cosa es tan grave que no es necesario imaginarse nada. Está pasando: secuestraron la democracia, secuestraron las instituciones y tienen secuestrados a cientos de miles de catalanes, muchísimos de ellos bajo el síndrome de Estocolmo. Da miedo ver cómo se puede manipular a un pueblo, a menos de medio pueblo, repitiendo mil veces una mentira desde el Palau, la escuela, la farmacia y el telediario. En este estado de excepción que ellos han declarado, porque lo han hecho ellos, en este proceso de ilegal y triste inmolación de Cataluña en el que se han embarcado, a los jueces se les tienen que estar acabando los artículos del Código Penal y al resto del mundo los adjetivos, ninguno bueno. Porque estos iluminados nunca quisieron negociar nada. Y duele escribirlo pero es un hecho: ahora, derrotados por la democracia, están buscando mártires para justificar su delirante viaje a ningún lado. Han causado un daño quizás irreparable a la economía. Han causado un daño quizás irreparable a la convivencia de los catalanes y de los españoles. Tamaña irresponsabilidad tiene nombres y apellidos. Y algún día esos nombres y apellidos -Puigdemont, Junqueras, Forcadell...- ocuparán el lugar que merecen en una de las peores páginas de la historia de España. El país de todos los españoles. El país de todos los catalanes. El país de estos incendiarios. Les guste o no. Un país democrático, con leyes y con derechos. También, y en el fondo saben cuánta suerte tienen, para estos enemigos de la ley.

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